Ya queda menos, Dionisia, para que podamos saber dónde están tus huesos, los huesos que quedaron en la fosa común del cementerio de Cáceres al que te arrojaron tus asesinos, los que formaron el pelotón de fusilamiento, los que ejercieron de “médicos” para certificar tu muerte y la de todos aquellos vecinos y convecinos que corrieron tu misma suerte.

Ya queda menos, Dionisia, para que en el cementerio de Cáceres se pueda disponer no de unos letreros con vuestros nombres y fechas de vuestros asesinatos, sino de unos más humanos recuerdos de quienes han, hemos, esperado tantos años.
Dionisia Sánchez Martín había nacido en Junciana, un pueblecito de Ávila, y de donde salió para venir a Cáceres, reclamada por su hermano Casimiro, para que ayudara a su mujer, Ramona, en el cuidado de los hijos que iban llegando.

Primero, en 1925, nació Rosario, la mayor, mi madre. Luego nacieron Jacinto, Eustaquio (en realidad Orestes), Ramón, que murió pronto, y José, el más pequeño hasta aquel momento. Cuando en 1936 los fascistas siguieron el golpe de estado de Franco, eran cinco los hijos del matrimonio de Casimiro y Ramona.
Casimiro trabajaba como carrero de la familia Blázquez, muy influyente en la ciudad como almacenistas y distribuidores de bienes de primera necesidad. El puesto de carrero era de confianza y el hecho de que mi abuelo fuera abulense, como los Blázquez, favoreció su empleo.
Dionisia llegó a Cáceres para cuidar de los hijos de Casimiro y Ramona, que, como Rosario, fueron escolarizados a medida que cumplían la edad correspondiente. Rosario fue a la escuela de la Montaña, hoy en la calle Alfonso IX y entonces junto a la comandancia de la guardia civil. Mi madre iba a la escuela todos los días, y esperaba que por el camino le alcanzara Natividad (Nati Márquez), que iba a la misma escuela, pero desde más lejos, desde las cábilas que había junto a la mina de la Labradora.
Cuando se desencadenó la guerra civil, las familias que habían mostrado en los años anteriores sus simpatías por partidos de izquierda, comenzaron a tener miedo. Dionisia también.

Casimiro fue detenido y entró en prisión en los primeros meses después del 36, a Dionisia le cupo redoblar su ayuda a Ramona, y preparar la comida para el padre, su hermano, en la prisión. Eran Rosario y Jacinto, o Rosario y Eustaquio quienes llevaban la comida a la prisión.
Dionisia Sánchez Martín fue detenida en las navidades de 1937, junto con otros vecinos de Cáceres, algunos de la misma calle donde vivía la familia de Casimiro y Ramona. Tras unos juicios sumarísimos, farsa de juicios, fueron fusiladas por órdenes directas del asesino Rada.

La calle de la Pulmonía, a la que tú, Dionisia, llegaste muy joven desde tu Junciana natal, fue pasada por las armas empuñadas por quienes las tenían en depósito por el mismo pueblo al que traicionaron.
Hoy, 22 de octubre, he pasado por el Cementerio de Cáceres para ver los trabajos que los miembros de la Sociedad Científica Aranzadi han comenzado para recuperar los restos de los fusilados por los franquistas (no de los fusilados del franquismo, como dice algún periódico que en aquellos años fueron cooperadores necesarios).
Las fotografías que acompañan esta entrada son el resultado de esta visita.
Vale.



