Honradez vs ambición

cercadelasretamas —  febrero 9, 2009 — Deja un comentario

“No tenía otra opción que dimitir. Era mi deber”. Estas palabras no son de un político, de un entrenador de fútbol o de un director de periódico. Son de un militar, el General de División Diaz de Villegas, con motivo de su dimisión del mando de la misión de la ONU en el Congo. La publicación, ayer, 8 de febrero de 2008 (http://www.elpais.com/articulo/internacional/tenia/opcion/dimitir/Era/deber/elpepiint/

20090208elpepiint_1/Tes), de un extracto del informe del General Diaz de Villegas a la ONU sobre las causas de su renuncia al mando de la misión es todo un ejemplo de coherencia y honradez.
Diaz de Villegas, con empleo de General de División y con empleo eventual para mando de la misión de Teniente General, era sabedor de que su renuncia era, al mismo tiempo, el final de su carrera militar, que, sin duda, habría coronado con el ascenso al empleo superior.
Leyendo las citas textuales que reproduce El País en su información, se aprecia la capacidad de un mando militar de plantear cuestiones sobre cómo desarrollar su trabajo más allá de los diseños de despachos o estrategias de salón, y cómo establecer las prioridades, que se resumen citando a otro militar, el General británico Jackson: “Todos los mandos militares deben hacerse a sí mismos dos preguntas: si una operación que entrañe riesgo, más allá de lo imprescindible, está justificada operativamente; y si soy capaz de vivir con el peso de estas bajas sobre mi conciencia”.
Muchas veces, muchas, casi siempre que aparecen noticias e informaciones sobre asuntos militares se deben a contenidos negativos (ciertos, pero negativos), y cuando la actitud honrada, capaz y arrostrando las consecuencias que luego llegaron, como le ocurrió a Diaz de Villegas con su pase a la reserva, pasan desapercibidas.
Una de las cuestiones más llamativas del informe del militar español es que las tropas de la misión bajo su mando no tenían capacidades de respuesta más allá de contener un primer encontronazo, por la falta de reservas. O lo que es lo mismo: no basta con afrontar un conflicto y sostener su embate inicial, sino saber responder a los siguientes. Los norteamericanos pensaron que su llegada a Iraq se saldaría con un paseo triunfal entre iraquíes con banderitas de barras y estrellas saludándoles, y la realidad fue otra, para la que carecían de un plan. El general Diaz de Villegas necesitaba saber qué hacer y con qué medios contaría al día siguiente del inicio de una ofensiva que luego se produjo y se desarrolló como él había descrito.
Vale.

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