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“¿Para qué están las empresas?” pregunta el coach. “Para ganar dinero”, es la respuesta. Las empresas “demoscópicas”, también están para ganar dinero. Y es curioso que empresas que se dedican a estudios de mercado (en el sentido más capitalista del término) utilizan una denominación, “demoscópicas”, cuando se trata del mercado electoral, del mercado de votos.

Porque esas empresas de estudios de mercado, de estudios de orientación del target de las campañas publicitarias y del target de clientes a captar, están creadas y funcionan, como es lógico, para ganar dinero. A ninguna de ellas se les ocurre recibir un encargo de una empresa, o de varias, y ofrecerle un resultado que no satisfaga los intereses de quien paga. Quien paga, manda.

Así, cada vez más está arraigada la especie, con razón, de que las encuestas dan el resultado que quiere o busca quien las encarga. El desprestigio de las “empresas demoscópicas” va parejo, por otra parte, al mismo desprestigio, ganado a pulso por los medios de comunicación convencionales (prensa escrita, radio y televisión).

¿Alguien puede pensar que una encuesta encargada, comprada, por Canal Extremadura, TeleMonago, pueda arrojar un resultado que no convenga a los intereses de quien manda? Pues eso.

Cuando los medios de comunicación publican un sondeo electoral, acompañan una somera ficha técnica en la que los datos básicos son siempre los mismos: metodología de selección de encuestados (estratificación, aleatorio), número de encuestados, modo de realización de la encuesta (básicamente ya solo se utiliza la encuesta telefónica realizada desde un call center) y margen de error (ese +/- %).

Recientemente, un periódico regional del grupo Vocento ha publicado una encuesta en la ciudad de Cáceres realizada sobre 400 llamadas telefónicas, seleccionadas mediante estratificación y aleatoriamente, con un margen de error del +/- 5%.

La ficha técnica oculta cuántas llamadas reales se contabilizan, esto es, si las 400 llamadas han sido atendidas al requerimiento del call center y si en la llamada se ha completado el cuestionario (algo que prácticamente ninguna empresa “demoscópica” publica nunca). O lo que es lo mismo, si fuera cierto que en una ciudad como Cáceres han respondido 400 personas, ¿cuántas llamadas han efectuado desde el call center para llegar a ese número? O, preguntado de otro modo, ¿cuántas llamadas han resultado fallidas?

La encuesta del medio de Vocento (grupo de prensa propiedad de un entramado de empresas en su mayoría del País Vasco, posicionadas en la derecha tradicional) se ha realizado, según la ficha técnica, mediante estratificación (no indica si en grupos de edad, por ejemplo), que en el caso de una encuesta local es asignar a cada distrito electoral un número de llamadas a realizar en función del censo, y mediante un método aleatorio (números telefónicos elegidos al azar en el distrito). Dado que no se dice en el resultado cuántas llamadas reales se han realizado, y, mucho menos por distrito, cuántas han sido efectivamente atendidas, cuál ha sido la proporción real de llamadas realizadas/llamadas contestadas por cada distrito, estamos ante una encuesta que, al final, a las del chiringuito o gran hermano.

Para un resultado “electoral” concreto, se realiza un cuestionario concreto, el orden de las preguntas condiciona las respuestas (un encuestado telefónico no recuerda en la pregunta 10 cuál fue la segunda y, mucho menos, cuál fue su respuesta.

Esto es así porque las empresas, las demoscópicas también, están para ganar dinero. Y sus clientes son otras empresas que, en el juego electoral, no pretenden informar, pretenden, simple y llanamente, orientar el voto.

Es realmente candoroso ver en los “medios” convencionales críticas (a veces, claro) sobre la “cocina” del CIS (una empresa que no está para ganar dinero, pero sí para no perder la cabeza, o que la cabeza no pierda), pero nunca hablan de la cocina de los estudios de mercado de votos que ellos encargan.

Vale.

Cuando hoy se han dado los datos de la EPA, Mariano Rajoy no ha tardado ni un minuto en atribuirse un enorme éxito y ha dicho que llevaba, desde que ganó las eleccions, esperando dar una noticia como la de hoy. Y la pregunta es, ¿de qué está orgulloso Rajoy?

Que dice el INE que disminuye el paro en 300.000 personas en el segundo trimestre de 2014. Y Rajoy, rodeado de fieles feladores, se masturba en público.

Cuando los contratos son miserables, cuando los patronos, insaciables, siguen exigiendo a Rajoy, su siervo en La Moncloa, que siga destuyendo los derechos de los trabajadores, hasta convertirlos en esclavos, un presidente de gobierno no puede salir, orgullos, a decir que eso es lo que quería. O es un desvergonzado o es un psicópata.

Cuando muchos jóvenes emigran con sus títulos universitarios bajo el brazo a servir pintas en bares de Londres, un presidente del gobierno de un país no puede declararse ufano por ese éxito. O es un desvergonzado o es un psicópata.

Cuando a los jóvenes no les espera ningún futuro, cuando la formación y la capacidad no sirven para nada, un presidente del gobierno de un país no puede declararse satisfecho. O es un desvergonzado o es un psicópata.

Cuando a los mayores de 50 años no les espera ya ninguna posibilidad de trabajar, de encontrar un trabajo que le puedea llevar a una jubilación digna, un presidente del gobierno no puede presumir, si no es ante sus sumisos o sus amos de la patronal, de ningún éxito.

Cuando su único programa de gobierno es la publicidad y la propaganda al más puro estilo del franquismo de los años 60, y los medios de comunicación, entrampados hasta los ojos, y siervos vendidos al poder, un presidente del gobierno debería ser más comedido y no aparecer ante los más de 5.600.000 parados como un psicópata que parece que les está diciendo: “¿Veis? gilipollas, zánganos, no trabajáis porque no queréis.”

Cuando los contratos que se hacen son miserables en sueldos, en horas de trabajo, fraudulentos en sí mismos. Cuando el gobierno ha vendido a las empresas privadas de trabajo temporal (que no son otra cosa que aquellos antiguos vendedores de esclavos, pero con programas informáticos) lo de tratar de encontrar un trabajo a cada parado, un presidente de gobierno no puede presumir de nada, salvo que sea un psicópata o un desvergonzado.

Cuando la publicidad se enfrenta con la realidad y se demuestra que lo que pretende hacer creer el presidente del gobierno es una mentira (aumenta el empleo, pero necesita sacar dinero de la hucha de las pensiones), un presidente del gobierno no puede decirnos, a la cara, que si no le creemos es porque somos antipatriotas, porque en realidad él se está mostrando como un psicópata o un desvergonzado.

Cuando en un país se pretender engañar, un día sí y otro también, desde el gobierno, desde el partido que lo sustenta, con la connivencia servil del Grupo Prisa, del grupo Unión Editorial, del Grupo Planeta, del Grupo Mediaset, del Grupo Vocento…, no podemos, los ciudadanos preocupados, de verdad, por el futuro, especialmente de nuestros jóvenes, que pensar que el máximo responsable del gobierno que basa todo su discurso en la propaganda (en el más puro concepto goebbeliano), es un psicópata o un desvergonzado.

Vale.