Archivos para muralla

Dice la RAE que almena es “cada uno de los prismas que coronan los muros de las antiguas fortalezas para resguardarse en ellas los defensores”.

Torre de los Pozos. Cáceres. Años 20 aprox.

Parece ser que esta definición académica es válida para todas las murallas, excepto para un tramo de la de Cáceres actualmente en rehabilitación. En los últimos días, con motivo de la terminación de obras en un lienzo y una torre, la llamada de los Pozo, los dos periódicos impresos que se publican en Extremadura han coincidido en afirmar que esas obras han levantado la polémica.

Bien es cierto que, como viene sucediendo en la prensa española en general, los dos periódicos eluden en referirse a qué autoridades técnicas o científicas en la materia de historia les parece mal la actuación de rehabilitación que se viene llevando a cabo. Eso sí, parece que es en las “redes sociales” donde se debate el asunto con fruición.

Torre de los Pozos. Cáceres. 2020. Parte de rehabilitación concluida.

Sabido es que esas llamadas redes sociales han sustituido a la barra del bar, y más ahora en tiempos de pandemia, y en las páginas de los medios escritos nos encontramos con la opinión de un arqueólogo, que no critica exactamente la actuación sino que se refiere a esperar el resultado final, y a un divulgador de historias inventadas, ni siquiera leyendas con apoyatura histórica, que parece el origen de la agria polémica.

Estaría bueno que recuperar lienzos de muralla (todas las murallas son defensivas) y sus torres se hicieran sin tener en cuenta uno de los elementos fundamentales en las tareas de defensa, como es el que los defensores pudieran guarecerse de ataques enemigos.

Torre de los Pozos. Cáceres. 2020. Lienzo.

La Torre de los Pozos forma parte del conjunto de torres albarranas que jalonan el perímetro amurallado de la ciudad de Cáceres, que data de la época de la dominación árabe, y construidas en algunos casos aprovechando la existencia anterior de sillares de origen romano, formando cada torre y cada lienzo de la muralla que se conserva, una lectura en si misma de la historia de la ciudad.

Esa torre de los Pozos, a la que ahora la rehabilitación le ha devuelto sus almenas, parece ser que es el quid de que las redes sociales y los titulares de los periódicos hablen de polémica.

Una polémica estéril, puesto que las torres albarranas que se conservan (la de la Yerba, la torre del Horno, la del Aver, la Ochavada…) culminan en almenas de prisma rectangular, que es el modelo que se ha seguido en la recuperación del lienzo y torre de los Pozos, si bien en un lateral, aún en obras, el prisma cambia a una figura de base cuadrada y terminación piramidal, acorde con los datos que se conservan del antiguo alcázar árabe.

Torre de los Pozos. Cáceres. 2020. Parte alta de la torre rehabilitada.

Cuando los mal llamados medios de información se refieren a polémicas sin otro dato que sus titulares, lo que están buscando es “competir” con las redes sociales y conseguir que los usuarios que los visitan vía internet cliquen en esos titulares: cada click es contabilizado y es el medio técnico de contar visitas virtuales que forman parte de la factura que cargan luego a sus anunciantes.

Es de esperar que en pocos días, alguno de los polemistas de las redes se atreva a publicar algún artículo en la prensa y así veremos la calidad de sus argumentos.

De momento, y a ojos de quien esto escribe, la parte de las obras ya terminadas (o casi) presenta un aspecto inmejorable, que permite ver en su primera función, la defensiva, una parte de la historia, digo, de la muralla de Cáceres.

Vale.

Ahora se están realizando por la Diputación de Cáceres obras en el Palacio de Pereros para convertirlo, de nuevo, en colegio mayor. Por lo que parece, las obras solamente afectan a la llamada Casa de Pereros, pero no incluyen una propiedad de la propia diputación, medianera con Pereros: el antiguo Colegio de la Inmaculada.

No se trata esta entrada de abogar por la recuperación para el uso de construcciones existentes, sino que, en este caso, se refiere a la necesaria recuperación y puesta en uso de los espacios libres (jardines) situados en el entorno de la Torre Mochada, o Torremochada.

Cuando se pasea por la ciudad monumental, los itinerarios están muy fijados y llegando al Olivar de la Judería, a la derecha, arrancan los muros que, al otro lado esconden los jardines (o lo que sean ahora) del antiguo Colegio de la Inmaculada. Esos muros continúan por la calle Hernando Pizarro, hasta su intersección con la Calle de la Consolación, hasta la calle Torremochada. Una longitud de muros nada desdeñable, de los que sobresalen, sin ningún orden, alguna higuera, alguna acacia y otros árboles y arbustos que por lo que parece, crecen sin ningún cuidado ni orden.

Sin embargo, en el tramo de la calle Torremochada existe una verja de cerramiento, pintada de un color anodino, que termina en un candado. Al otro lado de la verja, sin que se pueda acceder al interior, se aprecian suciedad y abandono, sobre unas fábricas de ladrillo en solados y jardineras, algunas farolas que recuerdan que en los años 90 formaban una zona visitable y ajardinada en torno a la Torre Mochada.

Esas actuaciones de los años 90 se debieron a una intervención diseñada por el arquitecto Miguel Matas y que, a su vez, recogiendo bibliografía de María José Teixidó, se señalan otras, en 1962 y 1965, promovidas por la Dirección General de Bellas Artes, dirigidas por el arquitecto González Valcárcel. https://sig.caceres.es/PDMuralla/1_ESTUDIOS_PREVIOS/1_49/1_49_ESTUDIO_SISTEMAS_CONSTRUCTIVOS.pdf

La Torremocha es una de las torres albarranas de la muralla de Cáceres, y que, a pesar de las referencias que sobre ella se transmiten en la memoria colectiva, es, ahora mismo, un elemento prácticamente desconocido, y a su visita no comparecen los turistas que, unas veces aventurados a lo que vaya surgiendo a su paso, otras orientados por guías, pasan del Olivar de la Judería de nuevo a la propia judería, olvidándose de la Consolación, de la Ermita de las Candelas y de la calle Torremochada.

Pero mejor es así, mejor que los turistas que nos visitan y que fotografían la plaza de Santa Clara y su convento, no caminen los escasos 50 metros que los separan de esta torre y de su deteriorado entorno.

El espacio que los jardines encerrados tras unos muros recrecidos o detrás de una verja metálica que repele a la vista, deberían ser objeto de una recuperación necesaria, para añadir al patrimonio histórico, y a, sobre todo, poder establecer qué elementos de la muralla, entre la torre Mochada y la torre existente en la calle Hernando Pizarro, que da paso al acceso al olivar de la Judería, pueden recuperarse. Ah, y reparar la maltrecha torre de Hernando Pizarro.

Vale.