Archivos para Marco

En abril de 1899, Joaquín Castel publicó otro folleto para difundir su propuesta al Ayuntamiento sobre la incidencia del contrato que se pretendía suscribir con la Sociedad de Aguas de Cáceres, y su repercusión sobre los acuíferos del Calerizo, y, en concreto, con la incorporación a los circuitos de distribución de las aguas provenientes del calerizo de las Minas, cuyo hidrotimétrico las hacía no aptas para el consumo humano, por lo que no deberían nunca confundirse ni llevadas a fuentes públicas por el peligro para la salud de la población. Igualmente, Joaquín Castel prevenía sobre la colisión de intereses de las Minas de Fosfato con la propiedad municipal, irrenunciable, de las aguas subterráneas.

En ese año de 1899, Joaquín Castel publicó una certificación del Secretario del Ayuntamiento, con el visto bueno del Alcalde La Riva, bajo el título

A LOS CACEREÑOS

CUESTIÓN DE ACTUALIDAD

Los folletos publicados por mí en los años 1895, 96 y 98, sobre las reformas de Cáceres basándolas en los recursos naturales de que dispone con la corriente de la Ribera y su posible aumento, el tesón con el que he venido defendiendo mis teorías, en los folletos y en el Municipìo, adonde fui en hora desdichada persiguiendo las soluciones que acariciaba en provecho de este pueblo, la arraigada convicción que tengo de la certeza de todas mis aseveraciones publicadas, las cuales no han podido traducirse aún en totalidad de un proyecto de validez legal ya por las resistencias del Ayuntamiento para hacerlo estudiar como debiera, ya porque tratándose de un asunto de interés público en el que yo no he buscado ventaja personal alguna y sí sólo el bien de esta población en que vivo, no he querido gastarme algunos miles de pesetas, me obligan á dar á conocer á los cacereños en los días presente, en que se discute un proyecto tan trascendental como el del abastecimiento de aguas de la ciudad, la actitud que he mantenido y mantengo en frente del mismo, que está condensada en la siguiente certificación que en previsión de lo que suceda y como salvaguarda de la corrección de mis actos he querido recoger y que en lo más sustancial dice:

“D. Fernando Álvarez Becerra, Abogado del Ilte. Colegio de esta Audiencia Territorial y Secretario del Excmo. Ayuntamiento de esta Ciudad:

Certifico: Que en el libro de actas de las sesiones que celebra esta Excma. Corporación y en la que tuvo lugar el día 2 del corriente, entre otros aparece el particular que á la letra copiado es como sigue:

Particular

Terminada su lectura y antes de procederse á su discusión, el Sr. Castel en uso de las facultades que el Reglamento le concede, presentó á la Presidencia la siguiente proposición, pidiendo se inserte íntegra en este acta y se le deduzca certificación de este particular, previo pago.

El Concejal que suscribe, vistas las proposiciones de la Sociedad de Aguas de Cáceres, en la que figura como Director Gerente ó con semejante el Ilmo. Sr. D. Francisco Galán y Castillo, propietario, al parecer, de las Minas de Fosfatos, sita en el Calerizo, próximo á esta Ciudad, tiene el honor de someter á la aprobación de la Excma. Corporación Municipal la siguiente

PROPOSICIÓN

AGUAS DE LAS MINAS DE FOSFATOS

Teniendo en cuenta que el Calerizo de las Minas, por su excesiva porosidad, da paso á las aguas subterráneas hasta uniformarse el nivel de toda la masa de calizas, y que por esta circunstancia, si se procura desagüe en cualquier punto del mismo, á él acudirán siempre todas las aguas, si el pozo ó galería que practique está por bajo del nivel superior de la capa de agua subterránea.

Considerando que el art. 18 de la Ley de Aguas vigente dice textualmente: “Pertenecen al dueño de un predio en plena propiedad las aguas subterráneas que en él hubiere obtenido por medio de pozos ordinarios” y el 19 que en su primer período [párrafo] dice: Todo propietario puede abrir libremente pozos ordinarios para elevar aguas dentro de sus fincas, aunque con ello resultasen amenguados las de sus vecinos”, y habidas en cuenta la letra y el espíritu de los artículos 21, 22, 23 y siguientes de la misma ley:

Edificio Embarcadero

Considerando que el Calerizo de las Minas es un predio de los baldío de Cáceres, y que por lo tanto pertenece su superficie á esta Ciudad, así como sus aguas subterráneas, excepción hecha de la parte proporcional que pueda pertenecer á las demarcaciones mineras, las cuales no ocupan ni la tercera parte del predio del citado Calerizo, y que, por lo mismo, más de las dos terceras partes del agua subterránea es de la propiedad de Cáceres, por las razones indicadas:

Considerando que la extracción del agua de dicho Calerizo si á ella sigue, como fuera de desear, la explotación formal de las Minas y con sus trabajos llegasen á contar la incomunicación natural existente con el Calerizo del Marco, podrían llevarse las aguas subterráneas de este último alterando el régimen natural de desagües y arruinando la Ribera de Cáceres con el agotamiento del prodigioso manantial que la da la vida.

Al otorgar el Excmo. Ayuntamiento el permiso para elevar y conducir parte de las aguas de las Minas á Cáceres, debe concederse con las condiciones siguientes:

Primera. Se declara que el agua subterránea de las Minas no es potable, según dictamen emitido á instancia del Excelentísimo Ayuntamiento por el Director del Laboratorio municipal de Sevilla, que obra en la Secretaría del Ayuntamiento, y por lo tanto le queda prohibida á la Empresa establecer dentro de la Ciudad de Cáceres otra clase de fuentes que pilones, abrevaderos de donde el vecindario tome el agua para usos secundarios, en la misma forma que hoy la toma de los pilares adosados al puente de San Francisco y huerta enfrente de éste.

Segunda. El Municipio de Cáceres, al conceder el permiso para la traída de dichas aguas, no se compromete al uso de candidad alguna de las mismas, reservándose el derecho de utilizar y pagar la parte que pueda convenirle para uso de vía pública y jardines, sin limitación de tiempo ni fijación de cantidad de agua y por precio máximo de 25 céntimos de peseta el metro cúbico.

Tercera. La Empresa podrá ocupar gratuitamente para la conducción y distribución, sí la faja de terreno de los baldíos que atraviese, como la vía pública de la Ciudad y establecer las derivaciones que los particulares le compren, si notro requisito, que cumplir con lo que previenen las Ordenanzas municipales y someterse á la voluntad del Municipio para la situación de los pilones y boca de riego, pero sin que el permiso para canalizar las calles pueda jamás constituir un privilegio á favor de la Empresa, pues que si otra cualquiera pudiera trajese algún día aguas potables, podrá ocupar la vía pública siempre á voluntad del municipio.

Cuarta. El Excmo. Ayuntamiento, aunque desde el punto de vista de la Ley no la necesita, hace expresa reserva de su derecho, para practicar una galería de comunicación entre las calizas del Marco y Minas, al objeto de que las aguas subterráneas de este último, por su nivel natural, superior á las del Marco, puedan verter en éste aumentando la corriente de la Ribera de Cáceres, sin que llegado el caso de ejecutar tal obra le sea dado á la Empresa hacer la menor oposición, ni mucho menos exigir perjuicios si con ello resultase amenguado el caudal que ésta tuviese en el punto de toma y elevación.

Quinta. La Empresa se compromete solemnemente á que si llegase el caso de explotarse las Minas de Fosfato, siendo necesario extraer el agua de mayor profundad que la que tiene el agua subterránea ahora al nivel de su desagüe, toda el agua que se extrae de las minas será encauzada por la Empresa hasta la Cañada y punto de bifurcación de las líneas férreas de Mérida y Arroyo, obligándose el Excmo. Ayuntamiento á encauzarla desde dicho punto hasta la vega de Maltravieso, ya de su propia cuenta, ya con ayuda de los propietarios de la Ribera de Cáceres.

Sexto. Si las Minas no llegan á explotarse en el plazo de dos años, á contar desde esta fecha, hasta la profundidad máxima á que fueron trabajadas por la Sociedad de Fosfatos, el Excmo. Ayuntamiento de Cáceres podrá ejecutar cuando quiera, pasado este plazo, el cierre de la galería de desagüe de la “Esmeralda” y otras que unieren al valle del Alcoz, con objeto de volver á establecer el régimen natural de desagüe del Calerizo de las Minas por los Caños de Santa Ana, que dichas galerías variaron por la diferencia de nivel; quedándole prohibido á cualquier empresa que fuese explotadora de las Minas, abrir otro desagüe á mayor profundidad que el nivel de los citados Caños de Santa Ana.

El Sr. Castel pide la palabra para defender la proposición de que es autor, considerándola íntimamente ligada á la presentada por los señores Catalán y Compañía, de que acaba darse lectura y de la que ya extraoficialmente tenía conocimiento, rogando al Ayuntamiento que la toma en consideración por la importancia que reviste el asunto á que se contrae, para el pueblo de Cáceres.

Y para que conste y por orden del Sr. Alcalde, expido la presente visada por el mismo y con la debida referencia en Cáceres, á 14 de marzo de 1899.- Fernando Álvarez.- VºBº La Riva.

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Del contenido del precedente documento, se desprende:

1º Que la tan decantada propiedad del agua de las Minas no tan absoluta como pretende el propietario de las misma, por cuento siendo en su mayor parte subterránea de un predio de los baldíos de Cáceres, esta ciudad puede ejercer iguales derechos que el dueño de las minas, para la extracción ó elevación en sus respectivas propiedades, sin que el último pueda oponerse.

2º Que dada la mayor altura de nivel que todavía tiene la capa de agua del calerizo de las minas respecto de la del Marco, el Ayuntamiento de Cáceres puede ejecutar cuando quiera la galería de comunicación que una ambas cuencas subterráneas en un solo desagüe que sería el del Marco, y cuya galería costaría una suma poco superior á la suscrita por el Ayuntamiento á la Sociedad de Aguas del Sr. Galán.

3º. Que si la explotación futura de las Minas llega hasta el dique natural de las pizarras (que formando un semicírculo desde Peña Agua ´Cabezarrubia, separa las vertientes de ambos calerizos) rompiendo dicho dique á mayor profundidad que el nivel de desagüe del Marco, este manantial quedará agotado (de la misma manera que los Caños de Santa Ana fueron agotados por la galería de la Esmeralda, que está ocho metros más baja que aquellos) dejando sin corriente la Ribera de Cáceres, que es la basi y casi único elemento natural de existencia de esta ciudad.

4º. Que si tan fatal eventualidad es probable, ahora que el dueño de las Minas solicita del Municipio de Cáceres permiso y concesiones para hacer un negocio, con las aguas de aquel calerizo (según se ve en los folletos y circulares que ha repartido, y á mí han llegado), la ocasión no podrá ser más oportuna, para recaba á cambio del permiso para tal negocio, la reivindicación de derechos hasta aquí abandonados por Cáceres y prevenir las contingencias del porvenir que pueden ser tan funestas para este pueblo.

5º. Que habiendo resultados el agua de las Minas de un grado hidrotimétrico á 40º en los tres análisis efectuados con aguas tomadas y remitidas á los laboratorios con las formalidades legales, de cuyos análisis constan los resultados en la Secretaría del Ayuntamiento, no deben declarárselas potables ni distribuirlas dentro de la población en fuentes como si fuera potable para evitar que el público ignorante las emplee en los primeros usos de la vida en perjuicio de su salud, por la cual tienen que velar las autoridades, en particular los Ayuntamientos.

6º. Que la posibilidad de abastecer la población de Cáceres de buenas aguas potable, cosa relativamente tan fácil, y que ya sufrió el primer golpe adverso con el poco meditado contrato de la Eléctrica, será ya económicamente imposible, si por desgracia llegan á traerse las malas aguas de las Minas, para imponerlas aunque de modo indirecto al vecindario, y se consumará por fin este desgraciado negocio que desde 1882 se cierne  sobre los cacereños, atisbando ocasión propicia para pasar ya que en aquella fecha y aún después no se consiguió.

7º. Que si bien la proposición mía ha sido desestimada al fin por el Ayuntamiento, por creerla demasiado dura, como en tiempos lo fueron mis indicaciones sobre el contrato de la Eléctrica y sus efectos, espero tranquilamente que mis predicciones de ahora resultarán tan plenamente confirmadas como lo fueron aquella.

         Cáceres, 27 de abril de 1899.

Joaquín Castel.

Continuamos con la transcripción del folleto de Joaquín Castel publicado en opciones expresadas en la página 5 de la misma publicación (ver entrada II de la presente serie).

Y muy interesante resulta conocer cómo el autor, que había dejado la farmacia de la que era titular para ejercer de concejal (con la suficiente merma de sus ingresos) y cómo los propios concejales del Ayuntamiento torpedeaban sus investigaciones, cómo no atendían sus peticiones, dando una muestra de lo que sin duda parece una actitud obstruccionista, tanto por la figura de Castel (un foránea) como por los avances técnicos y científicos que los trabajos del farmacéutico representaban.

Una vez resarcida la Empresa [del abastecimiento de aguas] del gasto de instalación de la fuerza motriz hidráulica, seguramente podría bajar á 15.000 pesetas anuales la subvención del alumbrado público y por otras 15.000 podría tener el Ayuntamiento una abundante distribución de aguas en calles y paseos, resultando al fin que por 30.000 pesetas á que se  ha comprometido por la luz sola, podría tener también las aguas, sin que la Empresa perdiera, sino que resultara con un beneficio mínimo de 8 por 100, y la Ciudad quedase verdaderamente mejorada.

Charca y Molino del Marco, antes de su rehabilitación para Espacio para la Creación Joven

Tal convicción tengo sobre los beneficios para Cáceres de este proyecto que solo en persecución de él acepté el puesto de Concejal renunciando mi titular de Farmacéutico; por él he tenido que sostener enojosas discusiones con algunos concejales al negárseme en distintas ocasiones los medios de comprobación, no para convencerme á mí mismo, sino para probarlos cuán equivocados están los que sistemáticamente ya de modo descarado, ya veladamente se oponen con tanta tenacidad á este proyecto, sin alegar otra razón que su ignorancia del asunto y la desconfianza en mis modestos trabajos; pero estoy dispuesto, á pesar de tatos desaires y tantos disgustos, á coadyuvar á su planteamiento en la medida de mis fuerzas.

De mis convicciones es efecto también el que al discutirse el reciente contrato del alumbrado eléctrico tratase de conseguir al rematante la obligación de instalar la central en el Vadillo y contribuir al proyecto de aguas, y si bien mis peticiones quedaron casi anuladas por la invencible fuerza del número, tengo todavía esperanza de que llegará día en que otros señores, con criterio distinto á los que hoy tienen á su cargo la gestión municipal, ampararán este proyecto que es de cuanto pueden aquí implantarse para transformar á Cáceres el más importante, el más trascendental y el más productivo.

Cada pueblo en sus evaluaciones progresivas debe ajustarse en primer término á los medios naturales de que disponga para no vivir de un modo artificial que siempre resulta muy caro, y si en Cáceres tenemos el ejemplo práctico y vivibles de que este pueblo se fundó y creció casi única y exclusivamente al amparo del agua del Marco, hoy las circunstancias aconsejan la transformación de su aprovechamiento, que sería la tercer ó la cuarta de las sufridas desde la fundación de Cáceres. ¿Por qué no aprovecharla basando en ella el porvenir económico é higiénico de la presente generación y algunas de las venideras?

Insisto en asegurar de la manera más terminante que este es el único proyecto puede dar á Cáceres aguas y alumbrado eléctrico en la forma más abundante y más barata, con la circunstancia de que el agua potable de él es la más pura y la más sana de cuantas existen en cuatro leguas de contorno. La fuerza motriz, siempre precisa, obtenida con el agua del Marco, haría resultar sumamente económica la elevación, así como el desarrollo de la corriente eléctrica del alumbrado desde luego, y quizás no esté lejano el día que base por sí sola para el alumbrado público y particular de la ciudad.

Todo lo que sobre aguas y luz se funde en Cáceres en otras bases, no puede dar más resultado en cuanto al Ayuntamiento, que gravar su reducido presupuesto de ingresos (adquiridos estrujando al pobre contribuyente en la medida máxima que toleran las leyes) con cargas enormes que le conducirían á la insolvencia en plazo breve, y en cuanto al vecindario obligarle á pagar por los servicios mucho mayor suma de la que debiera pagar, haciendo así más difícil la vida en esta pobre Ciudad , tan digna de mejor suerte y que ya á a pasos agigantados corre á la despoblación y á la ruina.

Opino yo, salvo el parecer de quien piense mejor, que la obrita de reembalse del Marco dados los resultados beneficiosos en alto grado que para Cáceres en general y los propietarios de la ribera en particular, se obtendrían con su ejecución, debiera desde luego declararse de utilidad pública y proceder al estudio y construcción á expensas del Ayuntamiento y algún auxilio de los propietarios beneficiados. De este modo el Municipio tendría alumbrado, aguas muy baratas para el servicio de los inverosímiles paseos que han dado en construir en los últimos tiempos sin que llegasen á serles, como de otro modo no puede menos, una carga insostenible su entretenimiento y se fomentarían en carca de un doble las producciones de la ribera que es el primer elemento de vida que tiene Cáceres.

La conducción, elevación y distribución de las aguas y en su caso el alumbrado eléctrico, podrían encomendarse á una Sociedad de Cáceres, ó de fuera y en la cual yo entraría con arreglo á mis pocos medios por el gran deseo que de la prosperidad de este pueblo siento.

Para terminar este bosquejo, por si resultase, como es posible, sermón en desierto, y si estas explicaciones no bastaran á disipar la idea de Chifladuras que sobre el fondo del asunto se ha procurado crear en contra mía, debo decir que me importará muy poco que cualquier erudito á la violeta ó cualquier notabilidad de similor [sic] opinen como tengan por conveniente, pues que la satisfacción de haber querido prestar á Cáceres un buen servicio leal y desinteresadamente me compensará siempre de todo lo que la ignorancia y la malicia en consorcio puedan inventar, y si alguien pudiera considerarse molestado, que consulte su conciencia y tenga en cuenta que hago constar con el higienista del cuento que

Á todos y á ninguno

Mis advertencias tocan, etc.

Cáceres 12 de Septiembre de 1896

Joaquín Castel