Archivos para interventores

Las elecciones del 26 de junio no trajeron, a la hora de conocerse los datos de escrutinio facilitados por el Ministerio del Interior, los resultados que vaticinaban las encuestas previas, tanto las publicadas hasta el lunes anterior como las del mercado de frutas de Andorra. Sobre todo, no trajeron los resultados deseados y prácticamente asumidos por una determinada fuerza política, Unidos Podemos. Ayer lunes, el Secretario de Organización de Podemos, Pablo Echenique, se preguntaba que qué había podido fallar para que los resultados no fueran los anticipados por las encuestas. Incluso, por la noche, algún medio señalaba que Podemos había encargado una encuesta para saber por qué habían fallado las encuestas.

Al mismo tiempo, de finales de la noche del domingo, desde muchas cuentas en las redes sociales de militantes de Unidos Podemos se ha comenzado a lanzar la especie de que se ha producido un pucherazo, y solicitan auditar las elecciones. No se sabe qué ha podido fallar, si el deseo de que las encuestas fueran el escrutinio anticipado o si las elecciones que llevaron a Ada Colau a la alcaldía de Barcelona estaban amañadas.

Ayer mismo, a través de mi cuenta de twitter lancé tres preguntas muy sencillas, dos para respuesta SÍ/NO y una para, como mucho, una frase, a Pablo Echenique. Ni que decir tiene que no espero respuesta.

La primera era si el Secretario de Organización de Podemos, y responsable de la campaña de Unidos Podemos promueve o avala la petición de militantes de auditar la jornada electoral.SÍ? ¿NO?

La segunda, es si el Secretario de Organización de Podemos y responsable de la campaña de Unidos Podemos dispone de copia de todas las actas de todas las mesas electorales. ¿SÍ? ¿NO?

La tercera era consecuencia de la anterior: si no dispone de copia de todas las actas de todas las mesas electorales, cuál es la razón.

Con las respuestas a estas tres preguntas seguramente quedaría aclarado el “sartenazo” electoral.

Porque… vamos a ver. Cada mesa electoral cuenta con un número fijo de tres personas, elegidas por sorteo por los plenos de los ayuntamientos respectivos. ¿Cuestiona Podemos la honorabilidad de esas personas y las cree capaces de manipular las actas de escrutinio de las mesas? Si así fuera, ¿cree Podemos que habrían de concertarse para manipular todas las actas unas 172.500 personas elegidas al azar por los ayuntamientos?

Además, forman parte de las mesas electorales los interventores designados por los partidos concurrentes en cada circunscripción. Cada partido puede nombrar interventores para las mesas o apoderados para velar por sus intereses en una o varias mesas.

La Administración nombra en cada proceso electoral a una serie de representantes, funcionarios, que toman datos de participación y que asisten al escrutinio para, cuando la mesa ha terminado el recuento de votos, comunicarlo para su contabilización. ¿Cree Podemos que todos los representantes de la Administración en las mesas electorales están concertados para transmitir datos manipulados o que esos representantes reciben instrucciones al respecto?

Cabe pensar que, con los antecedentes políticos y conspiratorios del Ministro del Interior, la dirección de Podemos pueda haber transmitido a sus militantes que conviene sembrar dudas sobre el escrutinio. Claro que esas dudas tienen una solución fácil: Podemos debería tener copia de todas las actas de todas las mesas electorales si hubiera tenido interventores y apoderados en ellas. Y coger una calculadora y sumar, o una hoja de cálculo, o una base de datos.

La realidad parece ser que en estas elecciones los deseos no se han cumplido y, como niños malcriados que son, patalean. Lo de niños y otras niñerías lo ha dicho Juan Carlos Monedero de la campaña de su propio partido, eso sí, hablando como si su propio partido fuera otro.

Porque el sistema de votación, el sistema de constitución de las mesas electorales, el derecho de cada partido a fiscalizar con interventores y apoderados el desarrollo de la jornada y el recuento, incluso firmando su conformidad en las actas, el derecho de cada partido a recibir copias de las actas firmadas por todos los miembros de la mesa, tanto los designados por sorteo como los representantes de otros partidos.

Un partido cuya dirección la forman niñatos malcriados, que se comportan como tales, que cambian de ideología según sopla el viento, que buscan llamar la atención constantemente y cuyo Amado Líder hace gala de un narcisismo rayano en el exhibicionismo, no está en condiciones de reclamar auditoría de un proceso electoral exactamente igual como el que llevó a Kichi a la alcaldía de Cádiz, a Carmena a la de Madrid, a Ribó a la de Valencia, a Ada Colau a la de Barcelona… Puestos a cuestionar, a partir de ahora, con los mismos “criterios” con los que hablan alegremente de pucherazo, todos estamos legitimados para cuestionar a esos alcaldes del cambio, que pasarán a llamarse alcaldes del sartenazo.

Porque el pucherazo que dicen que se ha producido, en realidad es un sartenazo en la cresta de quienes ponen en duda la jornada electoral, comenzando por el Secretario de Organización de Podemos y responsable de la campaña de Unidos Podemos, Pablo Echenique.

Vale

Durante la jornada electoral de ayer, 22 de marzo, en Andalucía, el seguimiento a través de las redes sociales, además de los mensajes de apoyo a candidaturas, o peticiones directas de voto y similares, propios de la confrontación democrática (por ejemplo, en twitter ganó de largo el hastag #Podemos22M), hubo un momento en el que un tuit me llamó la atención.

A las 14:19, el número 2 del partido lanzó el siguiente:


errerjon en tuiter

Que el número 2 de un partido que ha hecho un alarde de movilización, con las marchas convocadas, por ejemplo a finales de enero en Madrid, diga que es un éxito que consiguieran reunir a 4.000 voluntarios para ejercer de interventores y apoderados, no deja de ser llamativo.

A este tuit triunfalista de Íñigo Errejón hay que añadir una amplia difusión de tuits en los que votantes/militantes de Podemos se quejaban de en muchas mesas electorales, las papeletas del partido eran “escondidas”, tapadas o perdidas, acusando a los partidos de “la casta” de, más o menos, boicotear las elecciones o dar pucherazo.

Sin embargo, la realidad, tozuda, demuestra que el dato de los 4.000 voluntarios/militantes que ejercieron de interventores, con parecer elevado no lo es tanto. Ese mismo dato fue utilizado por el responsable de organización de Podemos, Sergio Pascual, para agradecerles su trabajo.

El número 2 y el secretario de organización presumen de un dato que se da de bruces con su propio discurso.

Si durante meses hemos asistido a una sobreactuación de los dirigentes de Podemos sobre su capacidad de movilización, la realidad, esa cosa tozuda que a muchos políticos, de casta o descastados, les suele estallar en la cara.

Mientras que en la ficción (precampaña o campaña electorales) la constante presencia de Podemos en los medios, y la campaña del “miedo a Podemos” que los medios de comunicación convencionales más o más menos proclives al status quo, parecía que la avalancha o tsunami desde el nuevo partido sería potente en las urnas.

La realidad, la tozuda realidad debió hacer bajar la euforia a los dirigentes de Podemos desde el mismo momento en que constataron que su capacidad de movilización no era tal, cuando constataron que no conseguirían cubrir ni la mitad de las 9.873 mesas electorales.

La impotencia para esa cobertura se veía reflejada, por la noche, por ejemplo en el rostro de Errejón en el programa El Objetivo, de La Sexta. El hecho de que no fueran capaces de movilizar a 9.873 militantes y/o voluntarios que pudieran garantizar su presencia en las mesas. Esto es algo que los “partidos de la casta” se esfuerzan en conseguir, porque es una garantía de capacidad de organización, de movilización cuando de verdad el compromiso ha de materializarse. Podemos, un partido bisoño, necesita un recorrido temporal mayor.

Vale.