En entradas anteriores me he referido a la legítima aspiración de que colectivos sociales, ya sea aquellos que se definen sin ánimo de lucro, como los que defienden derechos gremiales, de pasar la cuenta por los apoyos políticos prestados. Por ejemplo, taxistas y autobuseros.
Los taxistas cacereños consiguieron de la candidata del Partido Popular el compromiso de abrir la plaza mayor recién remodelada para que los taxistas pudieran cruzarla. El argumento era, prácticamente, que si no se accedía a ello, los profesionales del taxi perderían mucho dinero. Argumento compartido y defendido por la candidata, ya, desde el 11 de junio, alcaldesa de Cáceres.
Hoy, en un periódico local, aparece la información de que ese compromiso se retrasa hasta septiembre. ¿Ha valorado la alcaldesa de la ciudad el gravísimo perjuicio económico que originará ese retraso a los profesionales del taxi y a sus familias, que verán mermados, considerablemente, sus ingresos?
En septiembre, ya se verá, pero mientras tanto, son muchos ciudadanos de los que viven en el casco monumental que desean verlo libre de coches, y son cada vez más los cacereños que se están acostumbrando a disfrutar de una Plaza Mayor ganada para los peatones, para todos, que no están de acuerdo con el paso de ningún tipo de vehículos, salvo los de limpieza y los de emergencias.
Creo que los taxistas, tan contentos con el merecido premio del compromiso de dejarlos pasar por la Plaza Mayo, deberían ir pensando que “de lo suyo, nada de nada”. Porque en septiembre, con buen criterio, aparecerán informes técnicos desaconsejando la medida, y desde la alcaldía se comenzará con aquello de “modular” la medida, determinar las “condiciones técnicas” que puedan hacer posible el paso, excepcional, de taxis por la Plaza Mayor.
Tengo la impresión que a los taxistas, el #quehaydelomio se lo van a comer con patatas… con pocas patatas, porque el daño económico en el retraso de la medida los va a dejar en la pobreza, y si finalmente no se lleva a cabo, en la ruina. Esto, siguiendo con el argumento de que la medida comprometida por la actual alcaldesa, de no llevarse a cabo, produciría un grave quebranto económico al gremio.
Por otra parte, no he visto en ningún medio reflejada la entrevista, si mis informaciones no están erradas (o herradas, vete a saber), que el pasado jueves la alcaldesa mantuvo con representantes de un sindicato de transportes que defiende, dicen ellos, al gremio de autobuseros. Los medios no se han enterado, parece, de esta entrevista. Pero ya advirtieron los autobuseros, cuando se celebraron las elecciones, que esperaban que la nueva alcaldesa cumpliera su compromiso de que se les pagarían las cantidades adeudas. El compromiso, sí, vino reflejado en plena campaña electoral, cuando el partido de la actual alcaldesa y el sindicato anunciaron a bombo y platillo que los autobuseros suspendían los paros anunciados.
Dada cierta experiencia leyendo noticias, la alcaldesa les habrá pedido paciencia y que enseguida podrán cobrar (cuando el ayuntamiento cobre el canon del agua, ese que tanto se dedicó ella torpedear en la anterior legislatura) y los sindicalistas, minoritarios en la empresa, no dicen nada para que los trabajadores no constaten que “no sirven p’a ná”.
Al día de hoy, el #quehaydelomio de los taxistas está aplazado, mejor dicho, suspendido, hasta la convocatoria de septiembre. Veremos si no hay repesca en febrero de 2012. Y el #quehaydelomio de los autobuseros no tendrá, no tiene respuesta en el ayuntamiento, porque el asunto de las deudas salariales que el financiador de Fundescam, el gran Don Gerardo, dejó colgadas de la brocha.
Lo siento por los taxistas y por los autobuseros, pero es lo que hay.
Vale.

El aterrizaje del Partido Popular en el Ayuntamiento de Cáceres nos está dejando algunas perlas que, de no variar en su rumbo, nos darán alegrías en el futuro para comentarios y chascarrillos variados. Veamos algunos casos.
Por ejemplo: el PP va a cerrar, si se atreve, el Embarcadero para “replantear su gestión”. Porque, como han dicho en los medios escritos, el edificio ha de ser rentable. El Embarcadero, concebido como dotación regeneradora de un espacio urbano, y pagado para ello con fondos europeos, estaba terminado en 2007, pero el entonces gobierno del PP no se atrevió a ponerlo en funcionamiento porque no tenían ni idea de qué hacer con él. En 2011 el PSOE lo puso en marcha como centro de innovación social, cultural y tecnológica. En la corta vida activa del Embarcadero, son múltiples las actividades y proyectos desarrollados, con un importante número de empresas y asociaciones que han encontrado en ese lugar el espacio para desarrollar sus proyectos. Hoy, esas empresas y asociaciones, muchos de ellos artistas de variada tipología, han sido tildados de ocupas. Y el edificio ha sido incluido en los que han de ser rentables. Económicamente, por supuesto.
¿Qué significa ser rentable? Para la mentalidad mercantil de los neoliberales que ahora gobiernan el ayuntamiento de Cáceres, si el funcionamiento del Embarcadero cuesta 100, hay que recaudar, como mínimo 110, para que la rentabilidad sea fácilmente reconocible. No tienen en cuenta ni la ubicación (Aldea Moret), ni la finalidad del proyecto financiado por la Unión Europea. ¿Para qué?
Un proyecto como el Embarcadero puede ser perfectamente rentable si cuesta 100 su funcionamiento aunque recaude 30 o 40, siempre que el 60 que no se recaude obtenga una alta relevancia social, cultural y tecnológica. Pero explicarle esto a quienes consideran ocupas a quienes han desarrollado todo y más de lo que recoge la web http://www.embarcaderocaceres.es y sus blogs y enlaces asociados va a ser muy muy difícil. Tanto, que no será rentable el esfuerzo.
Otro ejemplo. El mercadillo (a partir de ahora, por razones nostálgicas, desde el ayuntamiento se volverá a llamar mercado franco). Previsto su traslado por el anterior gobierno socialista, atendiendo a reclamaciones de los vecinos de la ubicación actual y a informes de seguridad de bomberos y policía, resulta ahora que, según un medio escrito local, no puede hacerse el traslado por cuestiones económicas.
O lo que es lo mismo: el Embarcadero se cerrará porque no es rentable, y el mercadillo (perdón, mercado franco) no se trasladará porque su traslado no es rentable. No es suficiente la recaudación de las tasas municipales que se cobra a los vendedores, no es suficiente el notable incremento de las líneas de autobuses (ahora se benefician los miércoles la 2, la 7 y la 8, directamente, y con la ubicación en la Mejostilla, se beneficiarían la 2, la 8 y la 9, además de la 1).
En los conceptos de rentabilidad, de sostenibilidad que están poniendo en circulación los derechistas que ahora gobiernan el ayuntamiento de Cáceres, no tienen valor el valor cultural que está generando el Embarcadero, ni las ventajas en seguridad que tendría el traslado del mercadillo del caudillo.
A este paso, se hará verdad lo que ya vaticinó la actual alcaldesa, de dar preeminencia a la cultura local (así, como si la cultura, en estos tiempos, pudiera ser solamente local, salvo los cuadros inspirados en la virgen de la montaña y los sermones de los curas encuadernados con hilo de oro), y, en la misma línea, veremos, respecto al mercadillo, en dar preeminencia al comercio local.
El Embarcadero está lleno de ocupas y enchufados según la alcaldesa. El mercaudillo no puede asumir por sí mismo su traslado. ¿Cerrará el Embarcadero para convertirlo en unos futbolines y billares como los que tenía la OJE en la calle Miguel de Cervantes? ¿Correrá la misma suerte el mercaudillo, su cierre actual por razones de seguridad sin posibilidad de traslado por cuestiones económicas?
Será, seguramente, más fácil resolver el asunto de los puestos junto a las Malvinas, que desalojar ocupas. Sobre todo, porque le tienen más miedo a la cultura que a las bragas de cuello vuelto.
Vale.

En una entrevista que publica hoy El País, José Antonio Monago, presidente del PP de Extremadura afirma: “Yo he hecho un giro al centro.” Así, sin más. Sin anestesia. («No soy de izquierdas, pero he hecho un giro al centro» http://t.co/5lgMKe9 vía @el_pais).
Recuerdo, todavía en el siglo pasado, aquellas diatribas aznarianas que afirmaban, con rotundidad, que el Partido Popular estaba buscando el centro. Pero nunca lo encontraron… hasta ahora, que Monago, él solito, por arte de birlibirloque circunstancial lo ha conseguido. No se sabe cómo, pro ha dado un giro al centro.
Claro, que no explica a qué centro: si al centro izquierda, al centro centro, al centro derecha. O al extremo centro. Un partido como el popular en el que un dirigente autonómico se despierta centrista como un día España se despertó republicana, y un alcalde racista comparten ideología, no puede ser de centro. Puede de ser de todo, menos de centro.
Un pequeño detalle, no obstante, hace recelar de la caída del caballo centrista del apóstol Monago: están pendientes los pactos de gobierno. Cuando escribo esta entrada, todavía se desconoce qué decidirán los 52 de IU. No se sabe si dejarán que el centrista de nuevo cuño Monago sea presidente de la Junta de Extremadura. Bien pudiera ser, porque como los milagros no existen, pero los pactos y las vendettas sí, a lo mejor IU de Extremadura, o su primus inter pares Escobar haya, al igual que Monago, dado un giro al centro.
No sería de extrañar que nos encontráramos con un gobierno de centro formado por un partido de derechas, muy de derechas, derecha rancia, con el apoyo de una coalición de izquierdas, muy de izquierdas, la única y verdadera izquierda. Pero ambos se hayan hecho de centro al cruzar el puente romano de Mérida, o quizás bajo la sombra de las columnas del templo de Diana de Mérida, o paseando entre los mosaicos del MNAR de Mérida, o mirando, sencillamente, la sede de la presidencia del gobierno autonómico en Mérida, y la presidencia de la asamblea autonómica en Mérida.
Estos centristas de nuevo cuño, estos centristas de giro imposible, que si acuerdan lo que les interesa (a unos el poder… mandar, a otros, la vendetta), se proclamarán un día sí y otro también “centristas de toda la vida”, y que si no acuerdan repartos de mandos y venganzas, volverán a ser lo que son, derechistas antiguos y reaccionarios los unos y profetas del desánimo los otros.
“Yo he hecho un giro al centro”… con tal de mandar, lo que sea. Hasta podría recitar sin chuletas los doce mandamientos del centrista de toda la vida, si existieran. Si existieran esos mandamientos y si existieran, que no existen, centristas de toda la vida.
Vale.

Desde que se celebraron las elecciones municipales, el 22 de mayo, han sido muchas las ocasiones en que diversos colectivos han hecho valer en los medios de comunicación su apoyo a la derecha, reclamando el consabido #quehaydelomio. Han pasado, y seguirán pasando, por la ventanilla que entreabre Elena Nevado para reclamar lo que, a cambio de sus apoyos, consideran que les corresponde recibir.
Pero, claro, una cosa es predicar y otra dar trigo. Lo que en campaña electoral era cuestión de poner el culo en la silla municipal y empezar a resolver los asuntos reclamados a cambio de apoyo político, ahora ya empieza a no ser tan fácil.
Lo que en la oposición eran continuas diatribas exigiendo cumplimientos, exigiendo realizaciones inmediatas (incluso proponiendo que una exposición pública del Plan General Municipal, presentación de alegaciones y su resolución se podría hacer en dos meses…), ahora que está al otro lado, en la silla del gobierno, ahora ya empieza a no ser tan fácil.
La excusa es, cuando menos, llamativa. Porque Elena Nevado no es nueva en el Ayuntamiento. Ha estado cuatro años de concejala, dos de ellos de portavoz de la oposición, y, además, ejerce la abogacía, lo que le da un plus de conocimiento de las administraciones públicas. O debería darle ese plus.
La excusa es… la burocracia. El exceso de burocracia.
En realidad, la burocracia no va a ser la excusa. Va a ser la esclusa por la que entren las peticiones de #quehaydelomio y la esclusa por la que salgan las largas. Y, en medio, como líquido viscoso en el que floten reclamaciones y requerimientos, estarán flotando los funcionarios, con el líquido pegajoso de los procedimientos, de las normas, de los plazos…
¿Aplicará algún líquido disolvente de viscosidades? ¿Eliminará funcionarios que hacen de tapón? ¿Será la burocracia la esclusa por la que se vayan al garete las promesas, los compromisos? ¿O será la burocracia la esclusa por la que, desde el primer día del primer mes del primer año de ejercicio del gobierno se estará poniendo el parche de la herida de la incompetencia?
Porque el tono empleado en la acusación, genérica, a la burocracia como gran problema para el cumplimiento de los compromisos políticos, puede derivar en muchas variables: un adelgazamiento de la administración (que no de la burocracia, que está en las normas) o una eliminación de garantías en los procedimientos.
El tono empleado para poner la burocracia en la esclusa por la que transitar la legislatura parece atribuirle un grado de intervencionismo, de causa última y universal de todos los males. O lo que es lo mismo: contra la burocracia, liberalismo. Contra garantías administrativas, desregulación. Porque la desregulación es, en sí misma, el elemento balsámico que disuelve las viscosidades burocráticas.
La burocracia, como argumento político, se convierte en la esclusa por la que todos los incumplimientos transitarán en el estrecho pensamiento neocon.
Vale.

Ayer, sábado, un medio local publicaba una información sobre las exigencias de cumplimento que el barrio de Aldea Moret estaba llevando a cabo a la alcaldesa electa de Cáceres. Exigencias que tienen que ver con una situación que se viene arrastrando desde hace muchos años y que tiene su punto definitorio en una sensación atávica de no pertenencia.
Es cierto que muchos vecinos de la barriada, cuando han de desplazarse a realizar cualquier tipo de gestión o compra al centro de la ciudad, dicen que “van a Cáceres”, como si Aldea Moret no lo fuera. Aunque de hecho no lo fue. Durante mucho tiempo, lo que ahora es barriada, era una población, una entidad local distinta, que contaba con su propio Ayuntamiento, estación de ferrocarril…Por eso, la sensación atávica de no pertenencia se suma a la percepción de abandono que muchas veces sienten. Y a la sensación de haberse convertido, por mor de decisiones políticas, en una especie de gueto al que han ido a parar la inmensa mayor parte de miembros de la etnia gitana que vive en la ciudad. Claro, que también los propios miembros de la comunidad gitana se sienten apartados, excluidos. De ahí el éxito, por ejemplo, que tiene entre ellos la presencia de la iglesia evangélica.
Los vecinos de Aldea Moret reclaman acciones concretas, pero también reclaman atención y cuidado. Se resolvió el problema del bloque C con su total desalojo, pero quedan otros bloques donde los mismos problemas de convivencia se han ido acumulando. Y al bloque C hay que darle una solución. Los vecinos de Aldea Moret reclaman, sobre todo, atención para superar los problemas de convivencia, de paz social, algo muy difícil de conseguir y que desde la filosofía política y económica que viene propugnando la derecha tanto a nivel nacional como local, no tiene visos de que pueda lograrse. El hecho de que por primera vez la derecha haya ganado las elecciones en esa barriada añade un plus de expectativas que, de no cumplirse, pueden derivar en situaciones de conflicto social de muy difícil reparación.
Hoy, domingo, el mismo medio local se refiere a lo que piden los comerciantes a la nueva corporación, aún sin tomar posesión. Piden parkings y vigilancia. O lo que es lo mismo: espacios para que sus clientes puedan dejar tranquilamente sus vehículos cuando compran en las tiendas y vigilancia para que esos clientes estén seguros.
En realidad, exigen lo mismo que los vecinos de Aldea Moret. En la barriada, los vecinos ¿normales? se quejan de los gitanos que les incomodan, según ellos, en su convivencia social. En el centro, los comerciantes (vecinos ¿normales?) se quejan de “otros” incomodan a sus clientes y eso repercute en menores ventas.
Son cuestiones, las dos, las planteadas por los vecinos de Aldea Moret y por los comerciantes del centro, que se corresponden con promesas políticas del tipo de las “soluciones inmediatas”. Tú vótame que lo tuyo te lo arreglo enseguida. Y, desgraciadamente para quienes han confiado su voto a la derecha, no es así. Atenderán, como es obvio, a las directrices que desde la dirección nacional les marquen.
Y así, mientras que las soluciones que pudieran plantearse para las exigencias de Aldea Moret (y que se venían llevando a cabo en la anterior legislatura que acaba con bastante éxito) tienen mucho que ver con el denominado Estado del Bienestar, las pocas cosas que el medio mudo jefe del Partido Popular suelta, hacen temerse lo peor, aquello de “podremos tener el estado del bienestar que nos podamos permitir”, las soluciones que demandan los comerciantes tienen mucho en común con lo que de verdad importa a la derecha: los negocios. Y si son los negocios tradicionales, para ellos soluciones las que pidan: parkings? vigilancia? Pues más parkings y más vigilancia, que es cuestión de dinero agradecido.
Como sigamos así, cada día con un colectivo, con un grupo de ciudadanos reclamando #quehaydelomio, cuando todavía faltan 6 días para la toma de posesión de la nueva corporación, no va a hacer falta nada para más que empezar el lunes a cumplir. O lo que es lo mismo: el lunes, 13 de junio, pasarán los taxis por la plaza, el martes, 14 de junio, las máquinas comenzarán la excavación de un parking en Cánovas, el miércoles, 15 de junio, se firmará la paz social definitiva en Aldea Moret, el jueves, 16 de junio, los autobuseros cobrarán lo que les dejó a deber don Gerardo, el viernes, 17 de junio, se reanudarán las ventas masivas de pisos son vender y el sábado, 16 de junio, en agradecimiento a que hemos solucionado todos los problemas, incluso los creados por la propia derecha (todos, of course), sacaremos a algún santo o santa en procesión. Por ejemplo, a santa Rita, abogada de los imposibles.
Vale.

Afirma, reafirma y grita el candidato del Partido Popular de Extremadura a la presidencia de la Junta que ha de mandar (sic) la lista más votada. Ya me referí a la falacia, en nuestro sistema político, que supone acudir al argumento de que gobierne (mande, en el argot de la derecha) la lista más votada, cuando la elección del presidente de gobierno en las CCAA, o del propio presidente del Gobierno, e, incluso, de los alcaldes, corresponde a los cargos electos, esto es, a los parlamentarios de las asambleas regionales en el caso de la presidencia de sus gobiernos, o al Congreso de los Diputados en el caso del Gobierno de la Nación, o al pleno municipal en el caso de los alcaldes.
Es el sistema, un sistema que no le gusta al bombero Monago (cuidado con lo que dicen de esa profesión algunos correligionarios). Y como no le gusta, su determinación es que ha de mandar (gobernar, en el lenguaje democrático) el candidato de la lista más votada.
Estaría bien, claro, si ese mismo candidato, arrastrando de mala manera sus contradicciones, o, en la práctica, haciendo gala de sus ansias de mando (ansias que no son aconsejables para el ejercicio democrático del gobierno), no hubiera, por ejemplo, propiciado un pacto en la localidad de Ceclavín, en Cáceres, para que la lista más votada, la del PSOE, no gobierne, sino que lo hagan los “independientes”, con el apoyo (¿rencoroso, vengativo?) del Partido Popular.
Los resultados electorales en esta localidad cacereña fueron de 624 votos para el PSOE (44,26%), 462 para AICE (32,77%), 252 para el PP (17,87%) y 44 para I.P.Ex (3,12%). Es decir, siguiendo el argumento interesado, muy interesado, del presidente regional del partido de la derecha, debería ser alcalde de Ceclavín el cabeza de lista del PSOE.
Arrastrar esas contradicciones de esa manera no solamente deslegitima a quien pretende hacer bandera de argumentos que no se corresponden con las leyes, con el sistema, sino que pone blanco sobre negro la capacidad de hipocresía necesaria con tal de alcanzar el poder para ejecutar el mando, que no el poder para ejercer el gobierno.
Cuando el señor Monago sea capaz de dejar de arrastrar sus contradicciones en declaraciones públicas, en doctrinas privadas, es probable que pueda estar en condiciones, democráticas, de ejercer el gobierno.
Mientras tanto, sus ansias de mandar más se parecen a un trastorno alimentario que a convicciones democráticas.
Vale.

El sindicato paracaidista de transportes, aparecido en Cáceres en las últimas elecciones sindicales en el servicio de autobuses urbanos de Cáceres, ya ha pedido a la alcaldesa electa aquello de #quehaydelomio. Dicen los gestores de ese sindicato que esperan que Elena Nevado cumpla.
Para que cumpla, y completar así el #quehaydelomio de hoy, el sindicato de transportes deberían presentar un escrito en el Ayuntamiento, el mismo día que Elena Nevado tome posesión, pidiéndole que cumpla, que para eso les prometió que si era elegida alcaldesa, cobrarían los atrasos que BUSURSA, la empresa del nunca bien ponderado Don Gerardo, les debe.
Claro, que hay un pequeño detalle. BUSURSA está en concurso de acreedores, y cualquiera cantidad que pudiera ingresarse ha de hacerse en el juzgado correspondiente, y ya, si eso, el propio juez, asistido de los administradores judiciales, determinará qué se hace con el dinero. Porque los trabajadores de BUSURSA en Cáceres están, como otros muchos, en la cola, en la lista de espera de que de las cuentas de Don Gerardo caigan billetes.
Eso de ir prometiendo cosas tangibles en campaña electoral, es decir, prometiendo lo que cada uno quien se habla quiere o necesita oír, tiene el inconveniente de que los interesados pasen inmediatamente por caja, a reclamar.
Iremos viendo en el inmediato futuro más inmediato, y algunas pueden ser llamativas. Presumir de que los gitanos de Aldea Moret han votado al PP, y que el mismo día vecinos de ese barrio comiencen a sospechar que cursos y contratos que se convoquen desde el Ayuntamiento irán a miembros de la etnia, ha sido uno.
Vamos, que el #quehaydelomio de Aldea Moret promete ser de lo más divertido. Más que el de los taxistas y los autobuseros juntos.
Vale.

Tras las últimas elecciones volvemos a tener la cantinela de aquello de “que gobierne la lista más votada”. Ahora, eso sí, con la variante de una creciente demanda, propiciada por las movilizaciones nucleadas en torno al 15M (me niego a utilizar la palabra movimiento, de nefasta memoria), de modificar la Ley Electoral buscando una más justa valoración del voto.
Como en cada territorio el asunto puede ser de interés en su confrontación con lo que los partidos defienden en otros (¿admitirá el Partido Popular que gobierne Bildu donde ha sido la lista más votada?), me interesa resaltar algún detalle, seguramente sin importancia, al hilo de lo que sucede en las elecciones autónomas en Extremadura.
Los resultados del 22 de mayo determinan que el Partido Gurtelar (mientras Camps siga ahí, no dejará de ser gurtelar) ha sido la lista más votada. Y, rápidamente, se ha generado una corriente de opinión, amplificada por los dos periódicos que se publican (lo de que se vendan ya es más discutible) en la región: que gobierne la lista más votada.
Está claro que, seguramente, los directores de los dos periódicos conocen con claridad algo que se llama “sistema político”, que, consecuente con la Constituión, es parlamentario. O lo que es lo mismo: al presidente del gobierno de la Comunidad Autónoma, de la Junta de Extremadura, lo eligen los parlamentarios. O lo que es lo mismo: no es automático, ni siquiera con mayorías absolutas, que el presidente de la Junta de Extremadura sea el candidato de la lista más votada. Necesita ser elegido, conforme a las leyes, conforme al Estatuto de Autonomía y conforme al Reglamento de la Asamblea legislativa.
Los parlamentarios, elegidos por los ciudadanos, reciben un primer mandato: elegir, a su vez, al presidente del gobierno de la Comunidad. Este olvido, interesado, surge siempre que la lista más votada es la de la derecha. Porque es a la derecha a la que le interesa y porque los medios de comunicación, empresas, no se olvide, les interesa (en sentido económico, por supuesto) que sea la derecha la que gobierne, y por ello se arrojan en tropel a defender aquello de la “lista más votada”.
Se necesita hacer mucha pedagogía para trasladar a los ciudadanos que el sistema político español es parlamentario, no presidencialista. Pero en una sociedad dominada por los egoísmos individuales y por los intereses económicos que se acumulan en torno a mitos y leyendas con pies de barro, el presidencialismo es lo que vende. Es más importante ser Belén Esteban que la acampada de Sol. Porque Belén Esteban vende espacios publicitarios y los de acampada sol no consumen porquerías.
La realidad es que los ciudadanos, en su mayoría, desconocen la diferencia entre un sistema parlamentario y un sistema presidencialista, y a muchos políticos, especialmente de la derecha, les interesa que siga la ignorancia, sobre todo cuando sus intereses están en juego.
Vale.

El hasta o etiqueta que da nombre a esta entrada se verá seguramente, y se ha visto ya, también con seguridad, en twitter y otras redes sociales. Porque, pasadas las elecciones del 22 de mayo, y pasada una semana de análisis más o menos sesudos, más o menos acertados, se comienza a vislumbrar cómo será la nueva legislatura en CCAA y Ayuntamientos. Baste el ejemplo de Sevilla, donde se sustituirá el sectario nombre de Pilar Bardem en una de las calles de la capital andaluza para adjudicárselo al nada sectario Antonio Burgos.
Sobre los resultados electorales, una afirmación y una sensación. La afirmación: el pueblo, cuando vota, no se equivoca nunca. Una sensación: cada vez está más claro que el voto es una acumulación de frustraciones de los votantes, que reclaman, a cada paso, que su voto se utilice para lo que se prometió.
Hecha la afirmación y apuntada la sensación vayamos a la realidad. Y la realidad es que ahora, para los ganadores, comienza el calvario de responder cada vez que un ciudadano, un colectivo, una empresa, una entidad, un medio de comunicación le reclame aquello de ¿qué hay de lo mío?
Porque no hay que olvidar que el voto es individual y responde a la decisión de cada ciudadano, pero que cada ciudadano vive y ejerce sus actividades profesionales, lúdicas o familiares en entornos de afinidades que también influyen.
El ejemplo de los taxistas en Cáceres es el paradigma de ¿qué hay de lo mío? Fueron los últimos en aparecer en la escena pública con la candidata de la derecha, que les prometió que podrían pasar por la Plaza Mayor, concebida en proyecto y en ejecución para ser exclusivamente peatonal. Está claro que a dos días de las elecciones, si la candidata promete que podrán pasar por la Plaza Mayor, como los taxistas reclaman, no puede ser si no a cambio de que el colectivo la apoye, le dé su voto.
Hoy, ganadora de las elecciones, ya afirma que pagará la factura. Y que los taxistas podrán pasar por la Plaza Mayor. Lo que en proyecto y en esencia ha sido concebido para uso exclusivamente peatonal, dejará de serlo. Porque está claro que detrás de los taxistas irán las empresas de reparto de paquetería urgente, las empresas de distribución, el obispado con las iglesias dentro del casco viejo, los feligreses para llevar a sus familiares a directos de la BBC y similares… Y la Plaza Mayor, diseñada para ser peatonal, ejecutada para ser peatonal, dejará de serlo porque los apoyos hay que pagarlos.
Veremos, con el tiempo, maravillas a consecuencia del legítimo ¿qué hay de lo mío? Porque nadie dejará de pasar el platillo para recoger lo que sin duda ha sembrado. Ya los taxistas abren la brecha. Y abierta la espita, los gases inundarán la ciudad.
¿Qué hay de lo mío?
Vale.

Las protestas que eclosionaron el pasado 15 de mayo, y que han continuado con múltiples acampadas en diversas ciudades, están teniendo la virtud de movilizar conciencias políticas, aunque todavía débilmente, ya que estamos en la última semana de una campaña electoral en la que, según las encuestas, el avance de la derecha parece fijarse.
Por ello, y como los partidos (salvo minoritarios sin capacidad de respuesta eficaz que canalice las demandas que se plantean en las acampadas) no están en la línea de atender las peticiones de los indignados, nos veremos abocados a una jornada electoral atípica, y cuyos resultados, seguramente, también podrán leerse en clave de #indignados o #acampadasol.
Sí pueden entreverse, a mi juicio, dos efectos que ya se están apreciando: un aumento de la abstención (que podría denominarse abstención crítica) y un aumento de la dispersión del voto de la izquierda como consecuencia del #nolesvotes. Por otra parte, en el escenario electoral, no se observará ninguna incidencia en la abstención “por la derecha” ni afectará a la derecha ningún tipo de dispersión electoral.
En cualquier proceso electoral en España siempre se ha determinado que el aumento de la abstención ha perjudicado los intereses electorales de la izquierda, ya que sociológicamente los apoyos son de más débil enlace. Nunca la derecha en España ha sufrido consecuencias del desencanto, que es un concepto acuñado exclusivamente para la izquierda. Ahora, el desencanto, la indignación de los jóvenes (mayoritariamente son jóvenes los que engrosan las acampadas) se traducirá en un incremento de la abstención. Los resultados de las elecciones del domingo probablemente lo atestiguarán.
En cuando a la llamada #nolesvotes, dirigida contra los partidos mayoritarios que apoyaron la Ley de Sostenibilidad (incluyendo la llamada Ley Sinde), se traducirá, sin duda, en una dispersión del voto de la izquierda. Al igual que con la abstención, hasta que los resultados electorales no estén terminados, no sabremos en qué cuantía se traducirá esa dispersión.
Conseguirán, por tanto, sus objetivos: incrementar la abstención sobre un modelo político que consideran que les ha abandonado y dispersar el voto. Pero lo conseguirán en una sola dirección.
Cuando amanezca el 23M, si continúan las acampadas, esos indignados, cientos, miles, tendrán un trabajo que hacer, un trabajo que hasta ahora no se han planteado. ¿Y ahora, qué? Si sus objetivos se concentran en daño electoral a la izquierda, esto es, al PSOE, y si la derecha vota fiel y unida como hace siempre ¿cómo van a canalizar, y cómo, sus reivindicaciones? ¿Qué referentes o contrapartes tendrán o conseguirán en quienes han sido los perjudicados por sus acciones?
Es de esperar de gentes que parece que tienen gran capacidad de juicio y de acción que planteen alternativas reales. Y que planteen cómo conseguirlas, sabiendo, además, que consecuencias tendrán en el futuro. Baste un ejemplo. Pretenden que se modifique la Ley Orgánica de Régimen Electoral porque, dicen, perjudica a los minoritarios. Eso mismo, cuando les interesa, dicen los medios de la ultraderecha poniendo el ejemplo de Izquierda Unida, que, con mayor número de votos en todo el Estado, tiene menos representación que partidos nacionalistas. Se olvidan del artículo 68 de nuestra Constitución, que consagra el régimen proporcional en el recuento de votos, y que determina que la circunscripción electoral es la provincia. O lo que es lo mismo, esos acampados e indignados, para conseguir la reivindicación de cambiar el sistema electoral, la LOREG, han de conseguir que se modifique la Constitución. Desde el 23M hasta que se convoquen las próximas generales pueden pasar 10 meses, plazo insuficiente para ello y plazo más que suficiente para que, en su empeño, consigan que la derecha, si gana el próximo domingo, se asiente en el poder.
Cambiar el modelo electoral eliminando la ley D’Hondt por un sistema de proporcionalidad pura es una opción. Por supuesto,
También plantean, según sean los portavoces que intervienen en los medios, que vayamos a un sistema de listas abiertas. Lo plantean como el instrumento más perfecto de elegir a nuestros representantes. Pero se olvidan de que es el más injusto. Las listas abiertas requieren que los concurrentes a las elecciones prácticamente tengan que costearse sus propias campañas electorales. O lo que es lo mismo, podrán concurrir a las elecciones quienes tengan más capacidad económica. Seguramente no se lo han planteado, pero de entre los acampados los habrá que sí puedan, pero la inmensa mayoría, con un sistema de listas abiertas, nunca podrían ser elegibles. Y si se lanzaran a una campaña electoral perderían por ausencia de medios. Como utopía, está bien. Como realidad en un país como el nuestro, donde cada ciudadano ha demostrado en los últimos 10-15 años que lleva un especulador (económico) dentro, me parece que no tiene mucho recorrido.
He intentando analizar a quién benefician estas acampadas legítimas, necesarias. Y no encuentro más respuesta que benefician, claramente, a la derecha, que ahora no viene, que ahora, con la situación en la que estamos, viene para quedarse mucho tiempo. José Miguel Monzón terminaba su columna el pasado domingo en Público con una frase: “luego será tarde”. Para la mayoría de los indignados la derecha será la mano que les estará meciendo la cuna muchos años.
Vale.