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La sentencia de un juez de Madrid condenando a los periodistas de la SER Daniel Anido y Rodolfo Irago por las informaciones de fraude en los censos de militantes del PP en las fechas en que se produjo el tamayazo ha causado perplejidad.
El juez atribuye a las informaciones toda la credibilidad, considerándolas ciertas y contrastadas, y basa su condena en que, además de su difusión en el medio para el que ambos periodistas trabajan (Cadena SER), también fueron difundidas por Internet, que, según el juez, no es un medio de comunicación.
Si las informaciones son creíbles, ajustadas a la realidad y debidamente contrastadas, la condena se fundamenta en que, según el juez, Internet no es un medio de comunicación, aunque la Cadena SER dispone de su correspondiente página web, e, incluso, emite su programación a través de Internet.
Según el criterio del juez, por tanto, lo publicado en la red carece del soporte legal para el derecho a la información, a todo tipo de información, se entiende, porque no es un medio.
Sería muy interesante saber si el juez lee todos los días el Boletín Oficial del Estado y si estaría dispuesto a que lo publicado en el medio de comunicación oficial e institucional del propio Estado no tuviera carácter de información y no pudiera refutarse como cierto.
Si es así, los organismos pagadores de la Administración de Justicia, y en concreto el centro pagador al que esté adscrito el citado juez, no debería aplicar a su señoría lo publicado en el BOE el día 5 de enero de 2010, que son las normas que han de regir la confección de las nóminas de todo el personal de la Administración, incluidos jueces.
El señor juez sabrá que el BOE ya no se publica en papel, que solamente se publica en Internet, y, por tanto, el Estado, en cuyo nombre y por el ejercicio de su cargo él ejerce la acción de juzgar, utiliza Internet como medio de comunicación ordinario para difundir las decisiones emanadas de las administraciones públicas, incluidos edictos judiciales entre los que, probablemente, habrá sido ya publicado alguno de su juzgado.
Internet es una herramienta que se ha convertido, además, en un medio, en el más poderoso y eficaz medio de comunicación, y, en todo caso, solamente la utilización maliciosa de la herramienta, que no es el supuesto juzgado, puede ser causa de sanción penal. También lo es la utilización maliciosa de cualquiera de los otros medios “tradicionales” de comunicación.
Si el juez considera que Internet no es un medio de comunicación, debería iniciar un procedimiento para que todas las normas publicadas en el BOE desde su desaparición en formato papel, sean anuladas.
Este extremo final al que puede llevar el ¿razonamiento? del juez para condenar a los dos periodistas es la consecuencia de un grave desconocimiento de la realidad que es incompatible, por sí mismo, para el ejercicio de la acción de juzgar sobre vidas y haciendas de los ciudadanos.
Vale.

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cercadelasretamas —  enero 9, 2010 — Deja un comentario

Ahora que internet se ha convertido en un mundo con vida propia gracias a las propias vidas de todo aquello que circula por las redes que se entrelazan y que reparten información, conocimientos, diversión, delitos, falta… en todas direcciones, ahora, más que nunca, el común de los ciudadanos (es decir, todos) manejamos algunos conceptos que, en sí mismos, tenían otros significados, distintos de los que entendemos.

Descargar es bajar de un medio de transporte (tren, barco, camión, avión…) productos de cualquier tipo. Una descarga eléctrica es un peligro para quien está cerca de una fuente de energía. También las descargas eléctricas eran (y en muchos lugares, siguen siendo) un “método” de curación de enfermedades mentales, incluida la homosexualidad, cuando era considerada (como aún hace la Iglesia Católica) una desviación, una enfermedad.

En el mundo, nuevo, de internet, descargar es obtener un contenido de la red, cualquiera que sea su ubicación, siempre que el software que se utilice lo permita. Si el contenido que se descarga está protegido por derechos de autor, plantea un conflicto. Un conflicto fundamentalmente de carácter económico.

Sin embargo, el conflicto entre derechos de autor, descargas de internet y consumidor final (internauta que, disponiendo de las conexiones y el software adecuado) produce un artificio de debate que podría comprenderse mejor si aplicamos al concepto de descarga una de las acepciones del diccionario de la RAE o, mejor dicho, si aplicamos en este conflicto el uso que del término descarga se hace en arquitectura (tercera acepción del diccionario de la RAE): “aligeramiento de un cuerpo de construcción cuando se teme que su excesivo peso la arruine”.

El excesivo peso de la fama, que en los sectores más beligerantes de la defensa de los derechos de autor, es una cuestión económica, disfrazada de “derechos de autor”, debe aligerarse, debe repartirse entre todos los elementos que sustentan el edificio de la creación.

Creo que si los creadores entendieran que internet no es un espacio de guerra, de conflicto, sino una inmensa llanura llena de posibilidades para sus creaciones, un edificio en construcción permanente, y, de momento, de volumen indefinido, cuando no infinito, comprenderían mejor que el “aligeramiento de un cuerpo de construcción cuando se teme por su excesivo peso la arruine” les permitirá conocer el alcance de lo que hacen, y les permitirá, también, conocer qué camino de creación les será más propicio para el futuro.

Vale

La caída de Txeroki en Francia, además de ser una magnífica noticia deja dos perlas que acreditan, por un lado, la debilidad de la banda terrorista, y, por otro, que las fuerzas y cuerpos de seguridad se manejan cada vez mejor en mundos muy complejos.
Las placas de matrícula colocadas en el coche de Txeroki y Leire López no eran falsas, eran imposibles. Seguramente porque las placas de matrícula eran tan antiguas que no correspondían ni por asomo a los tiempos del modelo de coche, un Peugeot 207. Y, claro, la policía se fija en esos detalles. Este error, que podría ser del tipo de esos que aparecen en el cine, cuando a una actriz se la ve comiendo un croissant y en el plano siguiente lo que come es una madalena. La realidad, sin duda, es que ETA está cada vez más debilitada.
Lo de las placas puede entrar en el terreno de la chapuza, lo que demostraría que Txeroki, si no fuera como es un asesino, es español: las chapuzas son una de nuestras especialidades nacionales.
Sin embargo, la mejor noticia ha sido que la Guardia Civil y la Policía Nacional conocen cómo son los manejos de los etarras en internet, y la afirmación del ministro Rubalcaba de que “ETA usa cibercafés y para nadie es un secreto que las Fuerzas de Seguridad lo saben y lo investigan”.
Recientemente tuve ocasión de asistir a unas jornadas sobre Seguridad y Defensa en el espacio Ágora, en Mérida, y en ellas varios especialistas en la materia hablaban de cómo el uso de internet por los grupos terroristas suponen una amenaza para la seguridad. Decían que no se trata tanto de poner coto a la red o de censurar sus contenidos, sino la necesidad de se conozcan cómo se interrelacionan las diversas organizaciones.
Que nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad conozcan cómo manejan los emails los etarras, cómo manejan los blogs, qué usos hacen de los cibercafés estará llevando a reducir un nuevo santuario, como antiguamente fue el territorio francés: hoy ha quedado demostrado que ya internet no será un santuario para los etarras.
Esta detención, además, tiene otro gran valor: las familias de los guardias civiles Centeno y Trapero ya saben que el Estado funciona y que sentará en el banquillo a sus asesinos.
Vale.