Archivos para Guardia Civil

Con motivo de los últimos incendios, y zapeando por las televisiones, me he encontrado con dos tipos de informaciones. Por un lado, y teniendo en cuenta el lugar de los incendios y la cadena informativa, las labores de control y extinción, así como las causas variaban. Eso forma parte del juego y de la capacidad de discernir de los espectadores y de su espíritu crítico. Por otro, en algunos reportajes he podido observar que se introducen cortes en los que afectados por los incendios se reclaman en el derecho de permanecer en sus propiedades cuando son requeridos por la Guardia Civil para el desalojo. No sé si son manifestaciones voluntarias o inducidas por preguntas de los periodistas. Me ha parecido, incluso, que en algún reportaje se hacía referencia a que en algún caso ha sido precisa la orden judicial para el desalojo.
Cuando se produce una catástrofe natural (o provocada, en el caso de muchos incendios), es cuando se hace más presente y necesario el Estado. Sin embargo, la globalización y la influencia de la cultura (?) estadounidense creo que están en la raíz de una aparente creencia en nuestro país de que los individuos están por encima del Estado siempre, incluso cuando un incendio amenaza sus propiedades y sus vidas.
En esas manifestaciones de querer permanecer en sus casas cuando son requeridos para el desalojo aparece una falta de confianza en las fuerzas de seguridad y en los equipos contraincendios que no es tal, sino que es en una creencia de supremacía de la capacidad individual para salvaguardar su propiedad. Es una manifestación propia del liberalismo individualista propio de la sociedad estadounidense, que tiene su máximo exponente en la tragedia del Katrina, donde el Estado no supo prever y, mucho menos, proteger a los ciudadanos, y donde éstos entendieron que podrían proteger sus casas y sus vidas sin la ayuda del Estado.
En nuestro país, en los países europeos consolidados, el Estado tiene la obligación de proteger vidas y haciendas porque es una parte de nuestra cultura política. Los ciudadanos individuales no estamos capacitados, o, mejor dicho, no tenemos medios y capacidades suficientes para ello cuando se produce una catástrofe. Sostener lo contrario es un grave error.
Por eso, cuando he visto y escuchado manifestaciones individualistas de desconfianza hacia las fuerzas de seguridad que instan los desalojos por no considerarlas suficientes para salvaguardar las propiedades individuales, no sé si son manifestaciones propias de una situación de angustia o si forman parte de la inducción a ese tipo de respuestas por parte de los periodistas.
Si se produce un grave incendio, intervienen los bomberos, los agentes forestales para su combate y extinción, y las fuerzas de seguridad (Guardia Civil, Mossos d’Esquadra o Ertzaintza) se encargan de la seguridad de la personas y sus bienes. Y ahora, también, la intervención de la Unidad Militar de Emergencias refuerza las capacidades del Estado para combatir incendios, de manera que el individuo está más protegido en su seguridad personal por los profesionales que intervienen y en la seguridad de sus bienes.
Introducir, artificialmente, creencias individualistas que sostienen que el Estado no es capaz de garantizar la vida y la hacienda de los ciudadanos es una actitud peligrosa, y de seguir así no sería extraño que en algunos ámbitos políticos se planteen acciones legislativas en esa línea, porque ideológicamente es apetecible y está siendo “avalada” desde algunos grupos de presión interesados en el negocio de la seguridad privada en todos los campos posibles.
Vale.
La caída de Txeroki en Francia, además de ser una magnífica noticia deja dos perlas que acreditan, por un lado, la debilidad de la banda terrorista, y, por otro, que las fuerzas y cuerpos de seguridad se manejan cada vez mejor en mundos muy complejos.
Las placas de matrícula colocadas en el coche de Txeroki y Leire López no eran falsas, eran imposibles. Seguramente porque las placas de matrícula eran tan antiguas que no correspondían ni por asomo a los tiempos del modelo de coche, un Peugeot 207. Y, claro, la policía se fija en esos detalles. Este error, que podría ser del tipo de esos que aparecen en el cine, cuando a una actriz se la ve comiendo un croissant y en el plano siguiente lo que come es una madalena. La realidad, sin duda, es que ETA está cada vez más debilitada.
Lo de las placas puede entrar en el terreno de la chapuza, lo que demostraría que Txeroki, si no fuera como es un asesino, es español: las chapuzas son una de nuestras especialidades nacionales.
Sin embargo, la mejor noticia ha sido que la Guardia Civil y la Policía Nacional conocen cómo son los manejos de los etarras en internet, y la afirmación del ministro Rubalcaba de que “ETA usa cibercafés y para nadie es un secreto que las Fuerzas de Seguridad lo saben y lo investigan”.
Recientemente tuve ocasión de asistir a unas jornadas sobre Seguridad y Defensa en el espacio Ágora, en Mérida, y en ellas varios especialistas en la materia hablaban de cómo el uso de internet por los grupos terroristas suponen una amenaza para la seguridad. Decían que no se trata tanto de poner coto a la red o de censurar sus contenidos, sino la necesidad de se conozcan cómo se interrelacionan las diversas organizaciones.
Que nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad conozcan cómo manejan los emails los etarras, cómo manejan los blogs, qué usos hacen de los cibercafés estará llevando a reducir un nuevo santuario, como antiguamente fue el territorio francés: hoy ha quedado demostrado que ya internet no será un santuario para los etarras.
Esta detención, además, tiene otro gran valor: las familias de los guardias civiles Centeno y Trapero ya saben que el Estado funciona y que sentará en el banquillo a sus asesinos.
Vale.