Las sales del litio (cont.) /5

cercadelasretamas —  agosto 4, 2022 — Deja un comentario

Pongamos que hablamos de Pedro Enrique y sus amigos.

Que ahora en Cáceres tengamos un CEO, uno solo, ya pronto comenzarán a surgir otros, de empresas que conocemos de toda la vida, no quiere decir que Pedro Enrique, dondequiera que haya estado, dondequiera que alcanzara su status actual haya estado solo. Porque lo bueno que tienen los CEO es que abundan y juegan en comunidad.

Un CEO, cuando realmente adquiere su impronta, su medalla de pertenencia al selectísimo grupo de su especie, es cuando se mueve en comunidad, cuando se pavonea por los paseos más céntricos, por las mejores avenidas, se sienta en las terrazas más exclusivas. Y cuando, sobre todo, almuerza con otros de su clase.

Al CEO, y nuestro Pedro Enrique lo es, lo que realmente le motiva es almorzar distendidamente con otros de los suyos, o con elementos que bien pudieran asimilarse. No le importa ni que lo vean cenando o almorzando con tal o cual presidente de empresa, o tal o cual profesional liberal de cualquier despacho notorio de la ciudad. Es más, le motiva que lo identifiquen, porque así está marcando su territorio.

Tampoco le importa que con quien se pasee por lo más céntrico de la ciudad, o con quien se tome un café o una infusión, normalmente un té indio a ser posible, sea el Chief Executive Officer de la empresa mayor competidora que la suya.

Entre ellos no van a hacerse daño, y cuando toque, si toca, confrontar acciones futuras, no lo harán ellos, lo harán los números que sus respectivos staffs hayan preparado para hacerse con un negocio boyante en dificultades o un emergente proyecto que habrá que vender con luces de neón.

Por eso, no es extraño que Pedro Enrique tenga tantos amigos, tantos conocidos, que incluso, las alineaciones de los partidos amistosos de fútbol 7 que juegan trasciendan e incluso sean presenciados por un público heterogéneo y algunos conozcan a los jugadores: Alejo, Benito, Casimiro, Pedro Enrique, Calixto, Juan Enrique, Abel y otros.

Normalmente juegan con camisetas de distintas temporadas del Real Madrid, ya que muchos de ellos son seguidores, muy seguidores del equipo del Santiago Bernabéu. Y también ocurre que no juegan siempre los mismos en cada equipo, sino que van variando y para ello no tienen que hacer sino cambiarse las camisetas. En unas pone Teka, en otras Fly Emirates, e incluso hay un para de los amigos de Pedro Enrique que las llevan con el nombre de Parmalat en el pecho.

Es probable que el tiempo que hace que Pedro Enrique no juega esos partidos, que no se reúne con los que formaban equipos, le tenga un poco, sólo un poco cariacontecido. Pero para un CEO como él, eso son pequeños vacíos que está sin duda superando con amplias sonrisas.

Lo mismo se reúne con un grupo de empresarios a los que al tiempo que les reclama su ayuda (no hay ninguna publicidad mejor que la de un todopoderoso Chief Executive Officer solicitando ayuda de pequeños empresarios) y les hace sentirse muy importantes, y plasma su firma junto a la del representante de eso empresarios de los que alguno ya se está planteando ascender en la escala social, y dejarán de ser gerentes para ser consejeros delegados y de ahí a alcanzar la cima: ser un CEO.

Lástima que muchos partidos en los que intervienen muchos CEOs terminen como el rosario de la aurora. Pero eso ya será otro día.

Vale

… continuará…

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