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Alcaldada

Durante unos meses de 1844 se publicó el Boletín de la Agencia de Cáceres, cuyo último número, el 38, apareció el domingo 10 de noviembre. Llevaba este Boletín el lema “Periódico popular, de conocimientos útiles, noticias, avisos y anuncios”. En el citado número 38 y último se insertó un artículo, a modo de despedida, que comenzaba: “Cuando anunciamos al público nuestro pensamiento de redactar un periódico, emitimos nuestra opinión respecto al carácter y circunstancias que pudieran hacer más ó menos interesante su lectura. Digimos entonces, y repetimos hoy, que la política era una necesidad para la mayoría de los españoles.”

En ese último número, bajo el título de Desafueros, se incluía un escrito firmado por Tomás Santibáñez sobre un sucedido en Perales [del Puerto] y que se refiere a la política en la “escala” más básica: la municipal.

DESAFUEROS

Don Patricio Iñíguez Torre, el titulado comandante de armas, el alcalde constitucional de Perales por antifasis, firme en su propósito de gobernar á un pueblo como á una horda de salvages, continúa realizando los mas detestables atentados. En su rotunda, en su crasa ignorancia, no concibe como bueno sino lo que le dicen y aconsejan otros ignorantes como él; ni en su orgullo insensato halla para dirigirle otra regla que su estúpido capricho. Esta verdad, página muy frecuente en su vida, acaba de ser confirmada en una de sus recientes fechorías. Oíd:

El 19 del pasado Octubre, dio órden á Gabriel Santibáñez para que condujeres con una yunta unos ladrillos de los Propios, desde el tejar al pueblo. Contestóle que la yunta no era suya, sino de su hermano el capitán, D. Antonio, y así se lo demostró este en un oficio del mismo día, reclamando la salvedad de las prerrogativas que por su clase le corresponden. La contestación que dio el alcalde, en que pretendía de todo punto desconocerla, es mas bien el lenguaje de un jefe de errantes beduinos, que el de una autoridad de un pueblo civilizado. Conociendo, sin embargo, que en este terreno no podía desempeñarse con ventaja, denuncióle como peligroso á la autoridad militar, y se dirigió contra el primero, conminándole con las multas de 4, 8 ducados y sucesivamente así, si insistía en la negativa. Incontinenti fué á satisfacerlas, acompañado de dos testigos, puesto que no quedaba otro recurso el injusto, ilegal y tiránico capricho del alcalde; pero no pudo hacerlo, porque ni el mayordomo de Propios estaba en casa, ni tampoco había recibido órden para ello.

Yuntero con su yunta de bueyes

En esta situación, acudió Gabriel á la gefatura, denunciando y pidiendo la corrección de estos abusos. La esposición fue devuelta y entregada al alcalde el 24, con decreto  “para que informase y suspendiese los procedimientos hasta nueva resolución”. Pero el alcalde, desentendiéndose de esta prevención, puso el 3 del actual en prisión al interesado, y le envió á la cárcel nacional de Hoyos, donde se le ha recibido indagatoria por el señor juez de primera instancia.

En primer lugar, la yunta no es de Gabriel, sino de Antonio, y ninguno está obligado á prestar servicios con cosas agenas. En segundo lugar, ningún vecino está obligado, con sus cosas ó persona, á ningún servicio de los Propios; y por consiguiente, estaría Gabriel en su derecho resistiéndose aunque aquella [la yunta] le perteneciese. ¿Ignora, por ventura, esto el alcalde de Perales, ó sea el comandante de armas? ¿Ignora los límites que señalan á su autoridad las costumbres y ordenanzas municipales? Pero… ¿qué son para él esas costumbres y ordenanzas cuando en el código de su locura, las halla para todo lo que quiere? En todo pueblo regularmente organizado, se tiene adoptado como un principio incontestable, que la autoridad en el desempeño de sus funciones, debe ceñirse á las leyes, y á falta de ellas, á lo que la razón autorizada por el sentimiento común y la conciencia pública prescriben. Sin embargo, este principio no tiene aplicación con quien se cree más bien un Bajá altanero de Turquía que el alcalde de un pueblo de España.

Resumamos las consecuencias que resultas. El alcalde de Perales ha cometido: 1º Un abuso de autoridad, creando para los vecinos de ese pueblo, obligaciones que no existen. 2º Un acto de tiranía, porque tiranía es apropiarse una autoridad de las atribuciones que corresponden á otra; y crear obligaciones como establecer derecho, es peculiar tan solo del legislador. 3º Un acto de despotismo, porque despotismo es la inversión de la razón, de la justicia y las leyes; y estas, como la primera y la segunda, reprueban la conducta del alcalde en el caso en cuestión. 4º Ha despreciado la autoridad y las atribuciones del señor gefe político, que por el decreto anunciado le había inhibido de su conocimiento, y mandado suspender los procedimientos consecutivos. 5º Se ha hecho reo de atentado contra la reputación, y de ataque á la seguridad de Gabriel Santibáñez, formando un proceso sin méritos, y privándole de su libertad sin causa justa y ostensible.

Estamos á la mira de este proceso, donde creemos que el señor juez de Hoyos sabrá arreglarse á las leyes, haciendo al interesado la correspondiente justicia, como la autoridad militar ha sabido ya hacerla á su hermano D. Antonio. Empero si nos engañamos en este juicio; si contra lo que la razón nos indica y las leyes ordenan, siguiese otro rumbo este proceso, dispuestos estamos contra todos los fiscales y abogados del mundo, á reclamar en el santuario tutelar de Témis, la responsabilidad del alcalde y de todos los jueces que no sepan, ó no quieran, hacer respetar los derechos de la inocencia. Cáceres 8 de noviembre de 1844. Tomás Santibáñez.

Vale.