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En una coyuntura convulsa como la actual, en la que la crisis económica sigue golpeando a los más desfavorecidos, mientras que los detentadores del poder económicos y sus voceros de los gobiernos afirman, sin pudor, que ya ha terminado, en tierras como la extremeña no se ven atisbos de mejora.

Y es en una situación convulsa como la actual cuando se aprecia, con absoluta nitidez, la indefensión en la que está sumida Extremadura. Indefensión frente a los golpes económicos, sociales y políticos que llegan desde fuera. E indefensión ante la apatía política y social de los propios extremeños.

Un pueblo adormecido por años de marginación y opresión, llevadas a cabo con la fuerza del poder económico, han convertido al extremeño en un dócil habitante de la tierra que, de prestado, ocupa.

Cuando nos vanagloriamos de ser un tesoro natural, de tener un medio ambiente envidiable, olvidamos, por ejemplo, que en gran parte esa situación de “conservación” del medio natural se debe a la oligarquía ejercida por la nobleza feudal, que dispuso de enormes superficies de tierras por las que discurría un venero de caminos de distintos tamaños, que comunicaban las enormes propiedad. La Mesta y su dominio sobre bienes y haciendas, solamente dejaba pequeñas ganancias en los burgos por los que discurría cañadas, caminos y veredas que eran la red por la que se movían las cabezas de ganado de los señores, yeyés, marqueses y condes.

La Mesta y su pervivencia durante siglos, junto con los grandes conventos que disponían de sus latifundios inmensos, han sido una de las claves del subdesarrollo, de la pobreza secular de esta tierra. Ni siquiera ahora, en pleno siglo XXI podemos hacer de aquellas cicatrices de dominación una oportunidad de negocio. Las cañadas, caminos, veredas, y las enormes dehesas son ahora igualmente indisponibles para la sociedad. Lo que los siglos precedentes era dominación de la nobleza que impedía su utilización en beneficio de los súbditos, ahora está teñido de una capa de verde ecológico que impide que esos enormes recursos sean puestos al beneficio de todos.

La influencia de la Mesta sigue siendo crucial. Como lo es la imposición en estas tierras del poder económico. Cuando se construyó la Central  Nuclear de Almaraz hubo tímidas protestas, que se acrecentaron contra la de Valdecaballeros, que finalmente se paralizó. Hoy en día, ese triunfo social sigue siendo objeto de venganza por el poder económico. La continuidad de la “vida de Almaraz” se va a decidir aunque ello ponga en riesgo la vida de miles de extremeños. El poder económico.

También el poder económico, que había apoyado sin vergüenza alguna, como hizo la Iglesia también, el golpe de estado de Franco recibió sus beneficios a costa de esta tierra. Mirar para otro lado cuando se hace público el dato de que 650.000 extremeños viven fuera de su tierra, es miopía de unos y cobardía de otros. La gran mayoría de esos extremeños fueron objeto de un genocidio económico por el franquismo, bajo la apariencia de un llamado Plan de Estabilización, de 1959, que no era otra cosa que poner los recursos, limitados, del país, al servicio de las burguesías vasca y, sobre todo, catalana. Y de esos recursos, lo único que podía aportar Extremadura era mano de obra barata, hombres y mujeres que, en sus mejores años de vida, fueron “emigrados” y que se convirtieron en mano de obra productora y reproductora.

Hoy nos encontramos con una tierra empobrecida a pesar de no ser pobre. Y con una población adormecida, anestesiada, cuyo único leit motiv vital parece quedar reducido a un “Virgencita, que me quede como estoy”.

Hoy, Extremadura está indefensa ante la potencia de los poderes económicos, dominantes en todas las escalas mundiales, y está indefensa ante una situación política nacional igualmente convulsa, en la que un presidente del gobierno está apoyado por un partido político que es más una banda organizada de ladrones y corruptos que otra cosa. Una situación política convulsa en la que los partidos políticos “emergentes” son incapaces de realizar un diagnóstico de la situación regional, porque están sometidos la vorágine interna de acaparar mínimas parcelas de poder insustancial. Una situación política en la que el partido que gobierna en la región forma parte de un partido que a nivel nacional elige a un inane ideológico sustentado por “ideólogos” que están de vuelta de casi todo y que tienen como único reclamo haber sido los muñidores de un olvidad, por inútil e ineficaz “Programa 2000”, con cuyos restos han armado un caparazón (que no un esqueleto) con el que revestir al rey desnudo. A la primera ráfaga de viento, el endeble caparazón volará y el rey  Pedro quedará desnudo en su inanidad.

Y en todo esto, a todo esto, con una historia de sometimientos a nuestras espaldas, los extremeños seguimos indefensos.

Indefensos ante los poderes dominantes que nos atenazan, e indefensos, sobre todo, ante nuestra propia incapacidad de gobernarnos, de alzar la voz (o de hacer propio el himno de Portugal, “as armas, as armas”), de mostrarnos, aunque fuera por una sola vez, fuertes ante el poder y fuertes ante nosotros mismos.

Así, mientras el brazo adormecedor del poder (las televisiones, los medios) se dedican a hacer diatribas contra las migajas que caen en tierras empobrecidas, esconden los manás multimillonarios que caen sobre sus benéficas industrias. Baste recordar el caso del hijo de emigrantes extremeños, Jordi Évole, que monta un demagógico programa contra Extremadura y el PER pero que no se atreve (no tiene agallas) porque no le dejan dar a conocer los miles de millones que el franquismo, y posteriormente la democracia han enterrado en Martorell. Porque la burguesía catalana, que es la que le paga no se lo permite, y él, que es agradecido (servil), no va a morder la mano que le da de comer. Y muy bien, por cierto.

Hacer que “nuestros tesoros naturales” sean de verdad nuestros, que los tesoros artificiales (Almaraz, centrales hidroeléctricas) también sean nuestros, que ya está bien de explotación, que ya está bien de expolio, es, desgraciadamente, una utopía.

Cuando vemos que un ministro del gobierno más corrupto que pueda existir se cachondea de la región y nadie le pone en su sitio, estamos viendo la nula fuerza que tenemos ante el dominio exterior.

Cuando vemos que se pretende alargar la vida de la Central Nuclear de Almaraz a costa de poner en peligro nuestras vidas y no hacemos nada por impedirlo, estamos asumiendo nuestra derrota.

Cuando Extremadura no cuenta ni para los propios extremeños, estamos asumiendo nuestra derrota.

Vale