Archivos para monjas

La falacia de la colaboración público-privada.

Con el próximo traslado del Punto de Atención Continuada del Hospital Virgen de la Montaña al parecer al San Pedro de Alcántara, quedará vacío de uso el primero y será el momento de que su titular, la Diputación Provincial, active una creada comisión para decidir el futuro del inmueble.

Mientras eso sucede, van atisbándose algunos elementos a tener en cuenta. Por un lado, los partidos de la derecha haciendo castillos en el aire, y, a su vez, azuzando a quienes desde no se sabe qué análisis piden que se destine a residencia de mayores (lo que ha recibido un fuerte impacto negativo con la anunciada marcha de la ciudad de las monjas que gestionan el asilo Mi Casa). Y, de otra, las posiciones oficiales de la propia Diputación y ahora del Ayuntamiento de la capital de la provincia, que ponen el acento en los elevados costes que tendrá cualquier alternativa futura.

La sequía económica en la que la última gran crisis económica ha dejado en las arcas públicas son la causa de que tanto Diputación y Ayuntamiento de Cáceres hayan activado el modo “no hay recursos” de cara un futuro uso, o unos futuros usos de un inmueble de gran tamaño.

Y en esta situación es cuando aparece el mantra de la “colaboración público privada”. Algo que no es nada nuevo, pero que con esta nomenclatura parece novedoso. Colaboración público-privada son las externalizaciones de servicios públicos (recogida de basuras, suministro de aguas…), y también lo son concesiones administrativas  como los aparcamientos. Se trata, por las administraciones públicas, de procurar financiación privada para la prestación de servicios para los que no tienen capacidad técnica o económica. El caso del matadero de la ciudad de Cáceres es un ejemplo de que la financiación público-privada por la vía de la externalización es un fracaso a considerar.

Luego están las novedosas “líneas de colaboración” de capital privado en socorro de la ausencia de capacidad económica pública.

El ejemplo que ha suscitado la decisión de las monjas que gestionan la residencia “Mi Casa” es un punto en el que se estrella la posibilidad de transformar el Hospital Virgen de la Montaña en otra residencia de mayores. Si las monjas no consiguen que alguna empresa privada se haga cargo, de modo inmediato, de la gestión de la residencia que ellas dejan, alejará la posibilidad de que capital privado adquiera el inmueble. Salvo, claro está, de que en contra de todos los “análisis” que reclaman una residencia en el centro de la ciudad, ese capital privado adquiera el edificio para destinarlo a usos directamente lucrativos o especulativos. Y, de momento, no parece que haya movimientos en ninguna de las dos direcciones.

La “cooperación público-privada”, tal y como se vende en muchos negocios son la derrota de la gestión pública de los servicios que tiene que prestar. En muchos casos, esa derrota es ideológica, practicada por partidos políticos que llegan al gobierno de las instituciones, pero que ponen al servicio de capitales privados bienes y derechos.

En la ciudad de Cáceres tenemos ahora mismo tres ejemplos para ser realmente pesimistas sobre el futuro de los servicios públicos y sobre la capacidad de las AAPP de gestionar los bienes que son de todos. Por un lado, el asilo “Mi Casa”, que no tiene nada de público, pero que sí será un termómetro de la capacidad de la ciudad de poner en funcionamiento recursos económicos privados.

Por otro lado, la silente Cárcel Vieja, que cada día que pasa se deteriora más y más y para la que no parece que se susciten ideas o proyectos que se puedan llevar a cabo sobre ella para que pase a ser un inmueble al servicio de todos e impedir que su deterioro lo haga más costoso.

Y, finalmente, el Hospital Virgen de la Montaña, sobre el que todavía no se ha realizado más que una primera aproximación de costes para su transformación en ni se sabe, pero que se cifran en unos 20 millones de euros.

Mientras tanto, seguramente habrá alguien lanzando tentáculos y globos sonda por ver si alguien pica.

Vale.

Hace unos pocos meses, con motivo de las primeras tentativas de encontrar futuros usos para el Hospital Virgen de la Montaña, ganaba fuerza, según encuestas a ojímetro, la idea de que se destine a una residencia de mayores. Por supuesto, nadie de los que proponía esa loable idea describía quién debería afrontar los presupuestos para la transformación, aunque se intuía que estos recaerían en la Junta de Extremadura.

En Cáceres, actualmente, hay dos residencias públicas. Una, la denominada Cervantes, con 204 plazas, aunque actualmente tiene una planta reformada para destinarla a residentes asistidos, sin presupuesto para ello. La otra, la denominada asistida, de mayor capacidad.

También existen varias residencias privadas (Gervida, Ciudad Jardín, La Hacienda, Care en el Seminario…) en las que, a salvo de datos concretos, residen mayores en plazas concertadas con la administración.

Ahora, cuando las monjas que regentan el asilo Mi Casa anuncian que la falta de vocaciones religiosas anuncian su marcha de la ciudad, queda vacante de empresa que gestione esa residencia, de unas 115 plazas. Según los datos facilitados a través de los medios, el número de residentes es de 94, y cuenta con 43 empleados. También se conoce que la congregación religiosa pone en venta el inmueble, en pleno centro de la ciudad, si bien parece que aún no cuentan con una tasación que fije su precio.

El edificio, con una superficie construida, según Catastro, de 12.457 m2, sobre una superficie de suelo de 5.772 m2, en una ubicación que en tiempos de “bonanza” inmobiliaria hubiera supuesto una desmedida avaricia económica. Actualmente, la realidad económica de la ciudad no parece que eso sea posible. También se hizo hincapié por las monjas propietarias del inmueble que este no podría ser destinado a un uso distinto del genérico asistencial. Algo, sin duda, encajable en un afán de la congregación religiosa de huir de cualquier ánimo económico. El planeamiento urbanístico es susceptible de ser modificado, como también se ha publicado.

En la prensa económica española se vienen publicando informaciones sobre la atención que grupos financieros o empresariales vienen centrando en el “negocio” de las residencias de mayores. Por supuesto, esas informaciones tienen dos objetivos: uno, avivar el mercado inmobiliario, y, otro, dirigir desde grupos interesados en determinadas zonas.

Foto. Catastro.

No parece que las necesidades reales de plazas para mayores en la ciudad de Cáceres y su entorno, unidas a la capacidad económica de los ciudadanos, puedan resultar muy atractivas para importantes desembolsos.

Un estudio de mercado (de eso, en realidad se trata) tiene que tomar en consideración el target, el grupo social destinatario, su volumen, su capacidad económica, todo ello para ponerlo en relación con los costes del inmueble, los gastos si fueran necesarios para cumplir con toda la normativa, y un horizonte asequible de amortización de la inversión. Además, por supuesto, un buen análisis de necesidades de personal, tanto en número como en cualificación.

Finalmente, lo que no parece sencillo es que la congregación religiosa pudiera enajenar el inmueble por menor valor que una tasación profesional, por lo que, si la marcha de las monjas se lleva a cabo con celeridad, sí podría darse el caso de que una empresa especializada estuviera en disposición de asumir la plantilla y gestionar por un tiempo la residencia.

Vale.