Archivos para Garrovillas

El 12 de abril de 1931 se celebraron unas elecciones municipales que estuvieron planteadas como un plebiscito sobre monarquía o república. El triunfo de las izquierdas y republicanos, coaligados en muchos municipios, tuvo como resultado la proclamación, el 14 de abril de la II República. La monarquía, debilitada en grado sumo por sus propios escándalos, incluidos los de corrupción, desapareció. Valle Inclán afirmó que “los borbones no perdieron la corona por ser monárquicos, sino por ser ladrones.”

Los gobiernos locales en muchos pueblo, de coalición republicano-socialistas tuvieron desde el principio que afrontar el profundo odio que las derechas, que habían vivido,

y muy bien, al socaire de la monarquía, se resistían a reconocer su derrota. El caso de Garrovillas, en el artículo publicado por Pedro Évole en el periódico socialista UNIÓN Y TRABAJO, el 7 de noviembre de 1931, puede ser un ejemplo.

DESDE GARROVILLAS. Contrastes.

Panorama garrovillano: aparentemente complicado y turbio, pero muy diáfano en la realidad. Los problemas vitales, son los mismos que en los demás pueblos rurales de España, porque el dicho popular ya lo proclama: “ves tu lugar, ves los demás”. Ahora bien; en Garrovillas, existe algo, que ya no es posible subsista en todos los demás pueblos; y es una cerril cuadrilla compuesta por media docena de señoritos inciviles, cuya constante ociosidad les ha llevado a cubrirse de cierta crápula que disimulan con maestría, antes sencillas gentes campesinas, bajo las capas de santurrones y furibundos golpes de pecho, agazapados en madrigueras de cofradías virulentas, que predican ciertos ritos de disimulado paganismo medieval, y se fraguan conspiraciones tenebrosas contra el poder recientemente constituido, pleno de virilidad, que no se doble al capcioso y repugnante jesuitismo.

Plaza Mayor. Garrovillas. Detalle.

Los conspiradores socialistas, comunicas, que se parten el pecho a cara descubierta como verdaderos machos, son unos ingénuos comparados con los de entes cobardes y rufianescos a que nos venimos refiriendo, cuya encubierta y espumante rabia se traduce en libelos indecentes donde vuelcan toda su bilis formada con críticas tabernarias, de frailuno sabor.

En las elecciones municipales del 12 de abril último, triunfó en Garrovillas la coalición republicano-socialista, por un mayoría aplastante de votos, por cuyo motivo rióse la caterva curoide desplazada de las ubres municipales de las que eternamente se nutrió, por fabuloso derecho hereditario, pues el Ayuntamiento era uno de tantos precios amasados con sangre proletaria que la grey feudal de Garrovillas transmitió a sus cachorros, para que siguiera fraguando inauditas expoliaciones hasta conseguir adueñarse de toda la extensa propiedad comunal que este pueblo poseía, mediante escandalosos amaños y turbios expedientes, desaparecidos ya hoy del archivo municipal.

Los concejales que el pueblo eligió actúan a plena luz y a cara descubierta, contrastando esto con el compadreo y la oscuridad del anterior, habiendo sido castigada ya la soberbia irracional de aquel que se creía reyezuelo omnímodo y la guerra solapada y falaz del galeno albiñanista.

Compañeros, vedlo ahora con claridad: el régimen absolutista anterior fabricaba leyes para que el pueblo productor, paciente y sufrido las acatara solemnemente y estuviese obediente y sumiso al mandato del opresor; y el régimen democrático que hemos conquistado anhela conseguir plenamente la igualdad ante la ley y la justicia; o sea, que si un pobre delinque sea legalmente castigado, pero si un ricachón ensoberbecido se resiste al acatamiento de las leyes, que sienta también sobre sí el peso de la justicia y vaya a dar con sus huesos en la cárcel. Ejemplos recientes tenéis de ello, camaradas.

Pedro Évole

Vale.