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En un mismo día, el presidente Barack Obama consigue sacar adelante una reforma sanitaria en EEUU con un necesario coste económico que implica una subida de impuestos y la izquierda francesa derrota por un margen de 16 puntos a la derecha de Sarkozy.
La crisis económica que sigue instalada, con algunos países en puestos de salida de la misma (EEUU y Francia, mismamente), supone en el análisis político de la aprobación de la reforma sanitaria americana y de los resultados de las elecciones francesas una lectura que puede trasladarse a España (lo mismo que hacen, interesadamente, desde la derecha los medios de comunicación) y que no augura nada bueno para el PP, instalado no en una visión de reformas sociales y políticas, sino en una anquilosada política neocon y económica ultraliberal.
Mientras el PP aplaudía con las orejas los tímidos buenos resultados económicos americanos y franceses, para atacar con ellos al gobierno de Zapatero, Obama incidía en su reforma sanitaria, que supone un brutal crecimiento del gasto público (se calcula para los próximos años en unos 960 mil millones de dólares) que compensará con subida de impuestos, y Sarkozy se empeñaba en reformas económicas claramente ultraliberales.
Los resultados son evidentes: Obama saca adelante una reforma que permitirá a no menos de 32 millones de norteamericanos acceder por primera vez a un seguro médico y a todos los demás no perderlo (un 60% de las bancarrotas familiares estadounidenses tienen su causa en las facturas médicas). En Francia, la derrota de Sarkozy tiene su origen en que su política económica no ha atendido a las coberturas sociales, y si bien el número de parados es muy inferior al de España, la protección por desempleo no cubre las necesidades sociales, especialmente en los núcleos más castigados por la crisis.
Con estas situaciones, la deriva política de la derecha española (en realidad, extrema derecha) está guiada por un ultraliberalismo económico y el tremendismo verbal, cuando no tremendismo a secas, que lleva a que el presidente del PP se vea arrastrado por la correa tensa y cortita que le ata al cuello la lideresa de Madrid. Y, a su vez, a esta se le produzcan fugas como la del repeinado yerno de Fabra, que dice que se va a la empresa privada, pero que sin duda pasará de inmediato a formar parte del círculo de Mariano.
La extrema derecha, asentada en medios de comunicación ferozmente combativos contra el gobierno, no puede más que sujetar a sus votantes, pero está viendo cómo el discurso político anterior, el españolista, que le ha sido arrebatado por la populista Rosa Díez.
Mientras que el gobierno tiene márgenes de maniobra suficientes, como puede verse en el trabajo del grupo parlamentario dirigido por José Antonio Alonso y Eduardo Madina, el PP está cada vez más enrocado en sus propios desafíos internos, amparando por un lado al corrupto (¿presunto?) Camps y tratando de zafarse de las trampas de la lideresa, e intentando que la Audiencia Nacional no impute a Trillo por el Yak-42 o que Jaume Matas, que llegó a ser considerado delfín de Aznar, no se vea haciendo el paseíllo hasta la cárcel.
Vale.
El PP suspende temporalmente la investigación abierta sobre los presuntos espionajes. Las “razones” para esta suspensión están en que Esperanza Aguirre (vocalista de Presuntos Implicados) ha aceptado un comisión de investigación en la Asamblea de Madrid y la existencia ya de una investigación judicial. ¡Como si al PP le importaran las comisiones parlamentarias de investigación y las propias investigaciones judiciales!
¿Dónde está la doctrina Gallardón? ¿Qué fue de la doctrina Gallardón? Por cierto, otro de los músicos de esta historia (¿Os Resentidos?). Sí, la doctrina aquella que decía sobre las conductas de los responsables políticos, que además de adecuarse a la legalidad, debían inscribirse en niveles de autoexigencia superiores a los habituales en otros ámbitos como el del mundo de los negocios.
Aquella doctrina, que luego se reveló solamente de aplicación a los enemigos políticos (para el PP el concepto de adversario no existe) de su propio partido. La suspensión de la investigación (¿seguro que habían investigado algo?) de algo que conocen todos no es sino una muestra más de la hipocresía política de la derecha, de la derechona.
Pretenden, al anunciar la suspensión, hacernos creer que en la Asamblea de Madrid se va a aclarar algo, cuando lo único que desean es ganar tiempo, perder tiempo y conseguir el olvido. Y qué podremos esperar de una investigación judicial “en contra” de los intereses del partido si el PP está aplaudiendo con las orejas (las de Mayor y las de todos los demás) la huelga de los jueces, esos señores de derechas (99%) que siguen comportándose igual que siempre, desde tiempo inmemorial.
El PP no sabe cómo echar tierra al asunto, porque si lo hace, dejarán algún cadáver político mal enterrado, y confían en la incapacidad de los diputados de la oposición en la Asamblea de Madrid de plantear una investigación como es debido (la comisión del tamayazo demostró que los diputados de la oposición carecían de bagaje y capacidad política y formación suficiente para haber demostrado lo que era obvio: que el PP había comprado a Tamayo y Cía).
Y el PP confía, y mucho, en que la investigación judicial siga los pasos de cualquier procedimiento y que finalmente, si se llegara o llegase a plantear siquiera algún atisbo de imputación, volveríamos a la doctrina del caso Naseiro, del caso Palop (sí, aquel en el que una grabación indiscreta descubrió que Zaplana estaba en política para forrarse), del caso Camas: algún error o algún olvido determinará la nulidad de las actuaciones.
Por eso, Rajoy puede estar tranquilo: otros resolverán, por la vía de la extinción, lo que él, como líder (¡qué cachondeo!) no tiene… capacidad para solucionar.
Vale.
Al comienzo de la presente legislatura, en la primera reunión del grupo parlamentario popular, un diputado solicitó de sus compañeros el apoyo ante las circunstancias que se le presentaban: un tal Federico Trillo. Reclamaba el apoyo de sus compañeros ante la situación jurídica y el cariz que estaba y está tomando el caso del YAK-42.
Ahora, cuando Mariano Rajoy repite presidencia del PP tutelada por Aznar, incluye en la Junta Directiva Nacional a Federico Trillo como ¿responsable? de Justicia y Libertades Públicas. ¿Cómo va a ser responsable de Justicia del primer partido de la oposición un sujeto que si la Justicia española fuera como debe estaría procesado por su responsabilidad material en el accidente de un avión contratado por el Ministerio que él dirigia? ¿Qué responsabilidad puede tener un individuo que, en un ámbito como el militar, no tuvo agallas suficientes para asumir la que le correspondía políticamente?
Parece claro que al colocar Rajoy a Trillo como responsable del área de Justicia de su partido está respondiendo a la llamada de socorro que lanzó el exMinistrillo, porque desde ese puesto puede influir, puede tener capacidad intimidatoria sobre una justicia que en España necesita una reforma radical, sobre una justicia que en España protege a los suyos: y los suyos son los de derechas, les guste o no les guste que se lo recordemos.
Parece claro que Rajoy pretende provocar a la Justicia para que no avance en las investigaciones (¿de verdad hace falta investigar algo más sobre el YAK-42?) y no se le ocurra imputar al eximio Federico Trillo.
Vale.