Archivos para PNV

Europa Press (04/07/2009): En una marcha al monte Gorbea. Urkullu dice que Euskadi “no es Perejil ni un islote en el que algunos claven su estandarte”.
Cadena Ser (04/07/2009):Los pescadores vascos quieren que el Ejército acompañe a sus barcos.
¿Cómo puede explicar el presidente del PNV a los pescadores vascos que la bandera del Estado, la que ondea en los barcos de las FAS, puede servirles de apoyo y seguridad en su trabajo y no puede colocarse en el monte Gorbea? La bandera de un país identifica a ese país. Incluso si en algunos aspectos se cuestionan sus colores, siempre hay una bandera. También la ikurriña es una bandera que representa a Euskadi y no hay reparo con su colocación en la sede del gobierno del Estado cuando el lehendakari, ahora Patxi López, antes Ibarretxe, han visitado La Moncloa.
Claro, que hay que tener en cuenta algo que no se dice habitualmente. El PNV es un partido político de índole nacionalista, y por ello les gusta más que su ikurriña; pero el PNV es un partido ideológicamente de derechas (demócrata cristiano, se definen) y para ellos, la economía de sus empresarios, que no la de los trabajadores, es muy importante.
Fue el PNV el que planteó en el Congreso de los Diputados que barcos de la Armada española protegieran a los atuneros vascos en el cuerno de África. Y así se hizo. Es justo que las Fuerzas Armadas protejan los intereses económicos nacionales, aunque en el caso de los atuneros vascos, les produzca sarpullidos ver que son defendidos por barcos de bandera española.
La bandera del Estado puede ondear en cualquier lugar del Estado, como lo hace en las embajadas o en los barcos de la Armada. O como debe ondear en los organismos oficiales. Los colores de la bandera, los que marca la Constitución, al fin y al cabo, no son más que la representación simbólica que se le quiera dar.
Pero denostar que en un punto concreto de Euskadi no debe ondear la bandera que sí ha de proteger los intereses económicos de los pescadores vascos, es una muestra de hipocresía, que es, como todo el mundo sabe, el primer y más importante de los fundamentos ideológicos de la derecha que se declara y define como demócrata cristiana.
La bandera del Estado puede ondear, y debe ondear, lo mismo en el monte Gorbea como en los barcos de las FAS que protegen a los atuneros vascos que faenan en aguas del Índico.
Vale.

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La euforia previa a la final de la Copa del Rey, que jugarán en poco más de una hora el Athletic de Bilbao y el FC Barcelona, ha provocado una de las fotos más curiosas y, especialmente, más simbólicas de los últimos tiempos: los diputados del PNV se han fotografiado con los leones de la escalinata del Palacio del Congreso de los Diputados con banderas, bufandas y camisetas del Athletic de Bilbao.
El equipo vasco, conocido también como “los leones de San Mamés”, ha servido para que los diputados nacionalistas del PNV unan en una imagen impagable su euforia previa a la final futbolística con el símbolo de la soberanía constitucional de España. Y más aún, según se informa en los medios de comunicación, los diputados vascos han solicitado el permiso de la mesa del Congreso para poder hacerse las fotografías.
La realidad, poco a poco, se va imponiendo, y la imagen de los diputados del PNV uniendo el símbolo del fútbol vasco con la imagen más conocida de la democracia, y la de muchos diputados, catalanes y vascos posando con camisetas, puestas o en las manos, con las paredes del Congreso de fondo, señala una normalidad que seguramente con el tiempo podremos valorar mejor.
Vale.
Celebradas las elecciones gallegas y vascas el 1 de marzo, y tras pasar bastante tiempo para que los resultados se asienten, está meridianamente claro que el PP ganó con mayoría absoluta en Galicia, con 38 escaños, suficiente para gobernar en solitario. El PSG mantuvo los 25 escaños de la anterior cita electoral, y solamente la pérdida de un escaño por el BNG privó a la coalición formada por socialistas y nacionalista de un nuevo mandato. Tiene razón el PP para sentirse y sacar pecho por haber “recuperado” su feudo gallego.
En cuanto a las elecciones vascas, el mapa político es más complejo. De entrada, el tripartito en el gobierno (PNV-EA-EB) concurría a las elecciones con la variable de que PNV y EA lo hacían por separado, cuando en las anteriores concurrieron juntos. Y con la importante variable de la ilegalización de los partidos y coaliciones vinculados a los terroristas de ETA. Esto último ponía a disposición de los partidos concurrentes los nueve escaños del PCTV.
En las elecciones de 2005, la coalición PNV-EA obtuvo 30 escaños y 468.117 votos. PSOE, 18 escaños y 274.546 votos. El PP, 15 escaños y 210.614 votos. El Partido Comunista de las Tierras Vascas (ahora ilegalizado, y que fue inscrito en el registro de partidos siendo Ángel Acebes ministro del interior), obtuvo 9 escaños y 150.644 votos.
Los resultados de 2009, que Mariano Rajoy señala como un triunfo del PP, revelan, analizados, que el PP ha sido duramente castigado por electorado vasco. Y no sólo el PP. El PNV ha obtenido en 2009, concurriendo en solitario, 29 escaños y 396.557 votos, que sumados al único escaño de EA resulta los mismos 30 que habían obtenido conjuntamente en 2005. En cuanto al número de votos, la suma PNV+EA en 2009 supone una pérdida de 33.740 votos.
El PP, sin embargo, arroja unos resultados que deberían hacer pensar a Rajoy (si le dejan los espías y los amigos de Correa) que el apoyo a Patxi López debe ser claro, porque no están en condiciones de presumir. Mientras que el PSE ha conseguido incrementar en 7 el número de escaños, de los 9 en juego tras la ilegalización del PCTV, y aumentar en 41.347 el número de votos, el PP ha perdido dos escaños y, sobre todo, ha perdido 65.670 votos, muchos, muchos votos absolutos.
El Partido Popular no debería vanagloriarse de su condición de necesario para un gobierno no nacionalista, sino asumir que su retroceso electoral, claro, muy claro, rayano en el fracaso, puede minimizarse apoyando claramente (por supuesto, no de manera incondicional, sino aportando y construyendo) para que Patxi López sea el próximo lehendakari. Hacer correr la especie que circula en medios de comunicación ultraderechistas de que el PNV le ofrece varias consejerías si acepta un gobierno con los nacionalistas de Ibarreche, no es sino la desesperada falacia política de quienes no saben perder.
Perder casi 66.000 votos es mucho para un censo como el del País Vasco, y convertir esa derrota electoral en un triunfo, vale para la noche electoral (“somos decisivos”, repetía el inconexo Basagoiti), pero no resiste ningún análisis político serio y riguroso y no avala sino su puesta al servicio de un gobierno integrador y de futuro para normalizar la realidad política vasca.
Vale.