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Catalunya

cercadelasretamas —  julio 1, 2010 — Deja un comentario
El Tribunal Constitucional, después de varios intentos sin lograr acuerdos mayoritarios entre sus miembros, ha conseguido dictar una Sentencia sobre el recurso interpuesto por el Partido Popular contra el Estatuto de Cataluña, en concreto, contra 124 de sus artículos.
Solamente se conoce el fallo, y es previsible que en la segunda semana de julio se conozca la Sentencia en su integridad, que al parecer tendrá unos 1.000 folios. Conocido el fallo, pero no los argumentos jurídicos, se ha convenido en todos los medios que el 95% del texto normativo catalán es constitucional.
Las reacciones, como era previsible, no se han hecho esperar, y tienen su vértice en la inmediata cita electoral catalana a celebrar en el próximo otoño. El 5% q ue no ha sido considerado constitucional por quienes tienen la última palabra en la interpretación de la norma suprema, ha desatado iras y puesto sordina, según los casos.
Estas reacciones son sincrónicas. Nacionalistas catalanes, incluidos algunos conversos, han montado en cólera. El Partido Popular ha puesto sordina y trata de hacer mutis por el foro.
No he visto interpretaciones diacrónicas. Me refiero a que el texto estatutario fue aprobado hace cuatro años, en un contexto diferente, totalmente, del actual. Contexto económico, social y político. La crisis económica se ha llevado por delante la política, y algunos, como el gobierno socialista presidido por Zapatero y algunos gobiernos socialistas autonómicos, están lentamente recuperando la prevalencia de la política sobre la economía, porque será la política la que tenga que tomar las decisiones que terminen con la crisis. Los mercados (el terrorismo financiero) han creado la crisis para su mejor beneficio, y no pueden ni deben ser ellos los que nos saquen de ella, porque lo harían preparando la siguiente.
La situación económica hace cuatro años era muy diferente a la actual. La política parecía dirigir la orientación de la convivencia, ajena a lo que se fraguaba en los mercados. En aquel contexto, seguramente la sentencia, cuyo fallo conocemos ahora, no habría tenido la respuesta, en muchos casos histérica, que ha tenido ahora.
A los catalanes, a los ciudadanos catalanes les preocupa su estatuto, claro, pero más les preocupa la situación económica y sus derivadas. En una balanza maniquea, los catalanes decidirían que hay que salir antes de la crisis que “resolver” la cuestión estatutaria. Porque no hay solución, no hay otra solución que acatar lo que dice el TC, guste o no. Otra cosa es que se pueda criticar o que, cuando se conozcan los fundamentos jurídicos de la sentencia, se plantee la fórmula para, siguiendo la interpretación que sólo al alto tribunal compete, se puedan recomponer aquellos aspectos en los que ahora, en un pírrico 5%, se ha incumplido la Constitución.
Mal hace el autoproclamado socialista José Montilla poniendo por delante un nacionalismo converso (ya se sabe, los peores son los conversos) de unos problemas económicos, sociales y laborales que la mera aplicación del Estatuto no pueden solucionar. Ahora, cuando Felipe González reclama, con toda la razón, que es la hora de la política, no se puede utilizar la simbología, por muy respetable que sea, que lo es, para quemar fuerzas necesarias, quemar energías que han de aplicarse a resolver problemas reales, de hoy y de mañana, y que afectan a los que debería, por ideología e historia, atender el socialismo.
Pero si para la posición política de José Montilla los cambios económicos producidos en los últimos cuatro años (que nos abocan incluso a un cambio de modelo económico y productivo) deberían hacerle reflexionar, la situación de fracaso e incuria en la que ha quedado el partido que presentó el recurso contra 124 artículos, no es menor. Pero, a diferencia de Montilla, ese partido, entonces llamado Partido Popular y hoy llamado Partido Gurtelar, enfangado de mierda y corrupción hasta las cejas de Mariano, ha tomado una dirección: la de poner sordina a su ridículo. Saben, porque también se presentan a las elecciones en Cataluña, que alimentar polémicas estatutarias les perjudica. No asumen el fracaso, porque la derecha siempre ha sido y será soberbia (no hay más que ver al muñidor del recurso, Federico Trillo), pero aprenden rápido.
En estos cuatro años, el gobierno de Cataluña, impulsor del Estatuto, debería estar aplicando todas sus energías a salir de la crisis económica, a atender a los más perjudicados, los trabajadores. El PSC debería pensar más, ahora, en socialdemocracia y menos en banderas y símbolos. Ya habrá tiempo de retomar esos símbolos, pero poniéndolos por delante, no van a terminar con los EREs de las multinacionales, ni con los despidos de trabajadores en empresas que quieren hacer caja, ni con concursos de acreedores como el de Sacresa.
En estos cuatro años, la derecha más reaccionaria y zángana de Europa ha hecho un gran ridículo con su recurso, y en estos cuatro años ha visto cómo un día sí y otro también los trajes de sus líderes, los coches de sus esposas, la financiación de sus campañas, está subiendo los niveles de hedor por las fachadas de Génova, 13. En estos cuatro años, además, hemos conocido la falta de voluntad de trabajo del presunto líder. Cuando hay que trabajar, el presunto líder de la derecha se borra, se esconde en la esquina de la plaza, a la sombra, no vaya a ser que le vean y le digan que tiene que arrimar el hombro.
En estos cuatro años, mientras que el Tribunal Constitucional era sometido a una presión indecente, asumida por sus miembros, a costa de un recurso de corte franquista de la concepción del Estado, el líder de la derecha ha ido aumentando sus capacidades de indolencia. Hoy ya puede ser considerado el VMR.
Los socialistas catalanes tienen la oportunidad de, acatando el fallo de la sentencia, preparar un programa electoral de futuro para los trabajadores, a los que debería ser capaz de ilusionar por la política y a los que debería ser capaz de ofrecer soluciones reales a una situación, la crisis económica, creada por el capitalismo salvaje, por el terrorismo financiero, y en ningún caso, por decisión del Tribunal Constitucional.
Vale.

El Partido Gurtelar ha salido en tromba, incluidas las huestes mediáticas que jalean la corrupción que anida en Génova 13, con motivo de la aplicación en el pasado corpus de Toledo, del nuevo Reglamento de Honores Militares. Aplicación incompleta, pero aplicación de la norma legal.

Han sido dos los argumentos utilizados: uno, la tan cacareada pero falsa de toda falsedad de que la mayoría del pueblo español es católico. Si fuera así, los obispos no tendrían que recurrir a que un gobierno de rojos les cuadre los balances de las diócesis. Si fuera así, esa mayoría del pueblo español sería suficiente para financiar a la iglesia, aunque dudo que lo fuera para los lujos que se gastan sus reverendísimas.

El otro argumento, falaz y traicionero para el subsconsciente (en el caso Pegurtelero, inconsciente), es el de las tradiciones militares. Porque Mariano Camps y la señora de López del Hierro están apelando al subsconciente colectivo instalado en la memoria atávica de los españoles de ver a los militares acompañando bajo palio, junto con el nuncio y el primado, al general Bajito, están apelando a los libros de historia en los que se relata la tradición secular de la milicia hispana de protagonizar asonadas, bendecidas por la cúpula eclesial, de protagonizar golpes de estado, muchos cruentos.

Las tradiciones no crean ley. Ni las costumbres. Porque tradición y costumbre era arrojar una cabra desde el campanario y hoy nadie discute que el maltrato animal es una muestra de la crueldad humana. Porque tradición y costumbre ha sido en nuestra historia una asonada militar tras otra, quitar reyes y gobiernos, ponerlos a gusto o ponerse los rebeldes en la presidencia del gobierno o producir dictaduras o dictablandas. Y eso no está en las leyes.

Finalmente una reflexión que los políticos de la derecha, perdón, de la extrema derecha que forman el primer grupo de la oposición en el Congreso y el Senado: la propia confesión religiosa es un acto privado, así lo recoge la Constitución. Pero cuando la confesión religiosa se hace pública, y se hace público alarde ello, se está sujeto, como en todo a la crítica. Y si Mariano Camps es incapaz de salir de debajo de las sotanas de los obispos, malamente está capacitado ni para ser presidente de su escalera.

Vale.

Ante todo, tengo que decir que no creo en las coincidencias ni en las casualidades. Creo en la relaciones pactadas y en las causalidades. No es una coincidencia ni una casualidad que Mariano Camps proponga disminuir al mínimo los gastos electorales de los partidos, y que al mismo tiempo el juez que investiga la trama Gürtel haya encontrado indicios racionales de delito electoral en el Partido Gurtelar de Valencia y que podría alcanzar al de Génova, 13.

No es coincidencia ni casualidad que, cuando estalló el escándalo Gürtel, la señora Botella reclamara en el comité nacional peguero que se defendiera la gestión de su marido al frente del partido, y que ahora se conozca que un implicado en el caso Gürtel, López del Viejo, aparezca también implicado en la operación Guateque, que anida en el área de medio ambiente del Ayuntamiento de Madrid, a cuyo frente está la señora Botella.

La derecha no actúa nunca por casualidad, actúa por causalidad. Mariano Camps, más cercano al Puerto del Zángano que al verbo trabajar, lo dejó muy claro: no se oponía a las medidas de ajuste del gobierno por no estar en desacuerdo con ellas, sino porque con su postura pretendía, sin más, provocar la caída del gobierno. En vez de presentar una moción de censura, para lo que no tiene agallas, busca la manera de que sean otros los que le hagan el trabajo.

Por eso, no es una coincidencia ni una casualidad que un programa de TeleEspe se llame alto y claro, y en él se defiendan posturas de ultraderecha del gusto de la dueña de la cadena, y que ese mismo nombre sea el de una página web de contenido y orientación fascista.

No creo en las casualidades ni en las coincidencias, y viniendo de la extrema derecha, menos.

Vale.

En el mayor esplendor de los casos de corrupción que llevaron al PSOE a perder las elecciones de 1996 (antes, en 1995, había perdido las municipales), se atribuye a Felipe González aquello del dos por uno con la dimisión de Alfonso Guerra, particularmente acuciado por el caso de su hermano Juan.

Ahora, cuando el caso Gürtel tiene atenazado al PP, con un sumario que avanza sobre un sumario que ya de por sí es demoledor, el presidente nominal del PP no se atreve a nada, porque atreverse sería nefasto para él.

La realidad de las investigaciones judiciales, recogidas en el sumario, además de otros asuntos como el del espionaje en la Comunidad de Madrid, está demostrando implicaciones que van desde el despacho del Tesorero nacional, Bárcenas, a FUNDESCAM, en la planta primera de Génova, 13.

El presidente nominal del PP aparece cada vez más indisolublemente unido a la investigación judicial, y su progreso le va despojando, como a una cebolla, de hojas sucesivas como el jefe pepero en Valencia parece vestirse con trajes regalados por su amiguito del alma, Álvaro Pérez.

La simbiosis que se está produciendo, en realidad ya se ha producido, entre el PP y el caso Gúrtel, entre el destino político del presidente nominal y el jefe pepero de Valencia, hacen que el Partido Popular se haya convertido en Partido Gurtelar. Y que el nominal Mariano se confunda con el virrey Francisco.

Ya no son ni Partido Popular, ni Mariano Rajoy ni Francisco Camps. Ya son, con el sumario delante, el Partido Gurtelar, y Mariano Camps, y Francisco Rajoy.

Vale.

En alguna ocasión, el presidente del Partido Gurtelar (antes conocido como Partido Popular) se refirió a la posibilidad de presentar una moción de censura contra el gobierno de Zapatero. En esas ocasiones, siempre dijo que la presentaría si era para ganarla. Ayer, Sables Bocanegra incidió un poco más, al acusar a las minorías parlamentarias de no querer secundar a su partido en una hipotética moción de censura.

La Constitución Española prevé el mecanismo de moción de censura constructiva. En esta opción, única constitucional, quien se examina no es el presidente del Gobierno, sino el candidato. Y Mariano no está para exámenes: ni está preparado ni tienes ganas de trabajar. Porque para la moción de censura constructiva, además del candidato, se requiere la presentación de un programa de gobierno. Y ahí es donde fallan las fuerzas.

¿Qué programa de gobierno plantearía Mariano Camps? ¿Las propuestas que planteó a Zapatero en la reunión que ambos mantuvieron en La Moncloa una semana antes del debate de las medidas del Gobierno? ¿O las propuestas que Mariano señaló en ese debate? Las primeras suponían un mayor endeudamiento del Estado en casi 15.000 millones de euros. Las segundas, con propuestas dirigidas a los sindicatos de clase (CCOO y UGT), a los que quiere liquidar, entre otras cuestiones, no se han atrevido a cuantificar.

Quizá Mariano podría optar por las medidas neocons que hoy ha planteado su sustituto en la presidencia del PG, Aznar. Medidas que incluyen recortes en las competencias de las comunidades autónomas, en la línea de aquellas cartas que el joven inspector de hacienda en Logroño dirigía a los periódicos del Opus en contra de la Constitución.

En cualquier caso, para poder defender un programa de gobierno, aunque fuera para una comunidad de vecinos, Mariano tendría que prepararlo, estudiarlo, y eso sería un esfuerzo muy grande para quien está acostumbrado a vivir tumbado a la sombra (gran Peridis).

Trabajar es un verbo que no se conjuga en Génova. Allí son más de figuras egipcias, fundaciones en la planta primera adonde llevan fondos las empresas de Díaz Ferrán, entre otros.

Trabajar, en fin, es un verbo digno, un verbo que Mariano Camps no puede mancillar.

Vale.

El Partido Gurtelar de Mariano Camps es muy dado a plantear, en caliente, modificaciones del Código Penal, o la Ley del Menor, o lo que sea (el frío que se pasa en la oposición restringe la capacidad de pensar). Sobre todo, si con ello consigue que la demagogia, su único ideario, se implante. Con ello sabe que sigue teniendo cautivo el voto de la ultraderecha y arrastrando a la gente común a esa deriva demagógica que sostiene a ese partido.

Sin embargo, los ataques especulativos (las manadas de lobos, que decía el ministro sueco) que han provocado un gran problema nacional, con derivadas que sumen a muchos más ciudadanos en el umbral de la exclusión, no han merecido la misma respuesta de la tienda de trajes de Génova.

¿Sería posible aplicar el Código penal a los especuladores que han practicado terrorismo financiero contra los intereses de España, de sus ciudadanos y de sus empresas? Por supuesto, la respuesta de Francisco Rajoy y demás portacoces del Partido Gurtelar sería negativa.

En los USA, la fiscalía federal está investigando las relaciones entre ocho grandes bancos, entre ellos Goldman Sachs y Merryl Linch y las tres empresas de rating.

¿Sería muy difícil ordenar a la Guardia Civil que, a través de sus especialistas en blanqueo de capitales y en delitos informáticos, averiguara el origen de los ataques terroristas que sufrió la economía española? Estoy seguro que no sería difícil, y conociendo la capacidad de la Guardia Civil, y también de la Policía Nacional, estoy seguro de que aceptarían el mandato con sumo interés.

¿Estaría dispuesto Mariano Camps a apoyar una propuesta para tipificar expresamente en el Código Penal, en no más de tres meses, el delito de terrorismo financiero? No lo creo. Para la derecha española, lo que haga el capital siempre estará bien hecho: no vamos a calificar de delincuentes a los que nos apoyan, se dirán.

Vale.