Archivos para Palacio de Los Golfines de Arriba

En La Sexta se emite un programa, Quién vive ahí, dedicado a mostrar viviendas singulares, ya lo sean por su construcción, por su ubicación, tamaño, singularidad. En general, se trata de viviendas consideradas únicas.
La misma pregunta (¿quién vive ahí?) cabría hacerse del conjunto de la ciudad antigua de Cáceres. En ella viven muchas familias, en viviendas más o menos grandes, pero en su núcleo existen edificios singulares, algunos habitados, otros habilitados para oficinas. Edificios de titularidad privada (Palacios de Los Golfines de Arriba y Abajo, Casa del Conde de Canilleros, Casa de Los Saavedra…) que permiten a sus dueños disponer de unas viviendas singulares y, al mismo tiempo, les obliga a un mantenimiento constante.
Existen también en la ciudad antigua de Cáceres muchos inmuebles, singulares, alguno con la categoría individualizada de Monumento Histórico, que son de titularidad pública. La Diputación Provincial, el Palacio de Carvajal, la Casa de los Moraga, el Palacio de los Condes de Torreorgaz (Parador), Casa de los Ovando o Palacio de Las Cigüeñas… Otros, de titularidad privada pero con trascendencia pública: Palacio de Galarza, Palacio de Mayoralgo, conventos de Santa Clara, San Pablo, Jerónimas…
De los inmuebles de titularidad privada poco puede decirse: su apertura y conocimiento público están limitados porque muchos de ellos siguen siendo viviendas familiares. De los adscritos a entidades privadas de trascendencia pública, son visitables al menos en parte, como sucede con el Palacio Episcopal o el de Mayoralgo. Los conventos son, en realidad, viviendas de las órdenes religiosas.
La pregunta del programa de La Sexta cabría hacérnosla mirando las fachadas de los edificios: por ejemplo, mirando al Palacio Episcopal habría que preguntarse si en él vive el Obispo o si, como sucedió con el obispo Jesús Domínguez, el prelado vive en un piso “normal” de la ciudad. Mirando a los edificios públicos, cabe preguntarse si el presidente de la Caja de Extremadura vive en el Palacio de Mayoralgo, o el de Diputación vive en cualquiera de los edificios de los que es propietaria la entidad que preside, o si el jefe del Ejército vive en el Palacio de Las Cigüeñas.
Los edificios públicos, a diferencia de los privados, deben ser accesibles en su inmensa mayor parte, a los ciudadanos, y aunque no es muy adecuado que grupos de turistas, por ejemplo, entren la sede de la Diputación en visita guiada, cualquier ciudadano que tenga que hacer gestiones pueda ver cómo es al tiempo que resuelve sus trámites.
Esto, desgraciadamente, no sucede en todos los edificios de titularidad pública de la ciudad antigua de Cáceres. Alguno se encuentra cautivo de su uso, de su destino, para goce privado. Es una anacronía en pleno siglo XXI el mantenimiento de un inmueble, con costes seguramente elevados, para uso privado de un funcionario público. No estamos en tiempos de mantener privilegios en razón del estado, sino en promover el uso público de aquellos bienes cuyos costes de mantenimiento recaen en los impuestos de todos los ciudadanos. Nadie debe plantear cuestión alguna sobre el derecho de propiedad de las administraciones públicas sobre bienes catalogados como Históricos, al contrario, es la mejor manera de garantizar su mantenimiento. Pero todos debemos ser capaces de entender que su uso privado genera, cuando menos dudas, sobre ¿quién vive ahí?
Vale.
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Leyenda colocada en fachada de Palacio de Los Golfines de Arriba (Cáceres), Monumento Nacional

Chimenea “histórica” sobre Monumento Nacional. Palacio de Los Golfines de Arriba. Cáceres.
En las últimas fechas ha aparecido publicada en los medios locales (http://www.hoy.es/ y http://www.elperiodicoextremadura.com/) la información referida a que la fiscalía está investigando posibles deterioros ocasionados en un palacio del casco histórico y monumental de la ciudad de Cáceres con motivo de las obras de construcción de un hotel en terrenos próximos.
Las denuncias de los dueños del inmueble que, al parecer, ha resultado dañado han tenido eco en la administración de justicia que, por investigación de la fiscalía, está reclamando datos e informaciones. Al día de hoy, los elementos que más podrían haber dañado al palacio de los reclamantes ya están concluidos, puesto que se está ejecutando el hormigonado perimetral de lo que serán sótanos del hotel y restaurante, incluida la bodega.
Los propietarios del edificio supuestamente dañado, con apellidos rimbombantes y que tienen alquilada una parte de su palacio para restaurante, han sido beligerantes desde antes del comienzo de las obras. Y, ahora, han atraído sobre su “palacio” las miradas de la gente. Y esas miradas revelan que, si bien pudiera existir algún tipo de daño como consecuencia de las obras del hotel, en su palacio existen elementos que conculcan, claramente, la condición de edificio histórico y que deben ser reparadas.
En primer lugar, sobre la cubierta del Palacio de los Golfines de Arriba, que así se llama el palacio, aparece una chimenea metálica que supone un grave atentado a las características arquitectónicas e históricas que argumentan contra las obras que denuncian.
En segundo lugar, y verdaderamente llamativo, sobre la fachada principal de un edificio que fue declarado Monumento Nacional en 1978 aparece una leyenda que repele la democracia y que entra en contradicción con el artículo 15 de la Ley de la Memoria Histórica. Estoy seguro de que, si se pone en marcha una iniciativa popular para que se elimine de la fachada de un Monumento Nacional un “recuerdo” como el que ensucia su fachada y agrede la sensibilidad de cualquier ciudadano con convicciones democráticas, los propietarios, en primer lugar, y muchos de los que claman por el “respeto” a la ciudad monumental montarán en cólera.
Esa fachada, mancillada por una leyenda que ensalza al autor del golpe de estado que dio lugar a la guerra civil, debe ser limpiada, debe ser devuelta a una contemplación de los ciudadanos que no se sientan agredidos por el recuerdo de la etapa más oprobiosa de la historia de España del siglo XX.
Sin embargo, los propietarios, herederos absolutos de los bienes que la dictadura concedió (por las buenas y por las malas, según los casos) a quienes la alentaron y apoyaron, no permitirán que se toque, cuando cualquier fisura que pudiera haberse producido por las vibraciones de las obras de construcción del hotel puede ser reparada, que hay técnicas para ello, pero el daño moral que a los ciudadanos nos produce la leyenda que con orgullo exhiben en la fachada no tendrá más reparación que con su desaparición.

Vale.