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Dos noticias recientes que se han cruzado en mi pantalla me llevan a tomar de nuevo el asunto de la Plaza de Toros de Cáceres. Por un lado, una noticia de ámbito nacional, originada en Gijón y que ha significado un tiro en ambos pies para los taurinos: lidiar y matar un toro nombrado feminista y otro nigeriano, han llevado al Ayuntamiento gijonés a establecer el final de esos espectáculos en la Plaza de Toros de la ciudad. Por otra parte, en la prensa de Cáceres aparecía una doble petición de los taurinos: que se reparen los daños del coso cacereño y que se pueda utilizar por la escuela taurina.

Estas circunstancias, lo sucedido en Gijón y la demanda de los taurinos de reparación de la Plaza de Toros de Cáceres, reflejan la encrucijada en que se encuentran la afición taurina, en una evidente situación de resistencia frente a la creciente ola en contra de quienes abogan por la desaparición de las corridas de toros.

Esta situación divergente tiene un componente económico claro en Extremadura, ya que la desaparición de los espectáculos taurinos repercutiría en el mantenimiento del paisaje de las dehesas, no tanto a mi parecer como para bautizarlo de definitivo, y no tanto por el número de puestos de trabajos y empleos de los espectáculos, ya que son puestos de trabajo claramente exiguos y, en todo caso, discontinuos.

Picasso. Plaza de Toros

Sin embargo, la realidad suele ser tozuda y es evidente que los espectáculos taurinos están en nuestro país en franca recesión, cuando no en clarísima retirada. No es ya que las corridas de toros resistan más o menos, es que en la mayoría de los casos, salvo ferias importantes, el público cada vez es menos numeroso y esas corridas o novilladas en plazas menores, no pueden aspirar a obtener recursos de su pase por televisión.

Que la plaza de toros de Cáceres requiere una inversión, cuando menos, de unos 350.000 € para dejar de ser peligrosas para sus usuarios o personas que caminen en su alrededor, también puede llevarnos a pensar si merece la pena gastar ese dinero cuando seguramente haya necesidades más acuciantes y de mayor interés público.

En nuestro mundo globalizado, con una mirada puesta en Europa y la mirada de Europa puesta en nosotros, como en cualquier otro país, los espectáculos públicos con animales son cada vez menos, y menos cuando en esos espectáculos se mata al animal protagonista, en muchas ocasiones previa tortura para terminar estoqueando a la fiera.

Personalmente, creo que el toro de lidia, como raza, deberá desaparecer en un tiempo relativamente corto, y los espectáculos taurinos no podrán continuar siendo una parte de las ferias y las fiestas de ciudades y pueblos.

Las tradiciones son solo eso, tradiciones, y sabemos que en muchos casos están montadas sobre leyendas y supercherías. Ya en 1567, el Papa Pío V, en su bula ‘De Salute gregis Dominici’ prohibió las corridas de toros por ser espectáculos vergonzosos y sangrientos.

Vale.