Archivos para Audiencia

En abril de 1923 aparecía en Cáceres un periódico publicado por la Acción Católica, y que tenía como línea editorial única difundir los intereses de la diócesis de Coria-Cáceres, insertando en sus cuatro páginas iniciales informaciones que eran redactadas por miembros del obispado o despachos de prensa claramente católicos.

También incluía, cuando lo veían necesarios notas reprobatorias sobre alguna publicación o sobre otros soportes de comunicación, ejerciendo el papel de censores.

Aquel boletín supervivió a la guerra civil (lógico) y a toda la dictadura y al período democrático actual. Aquel boletín se llamaba Extremadura, y es curioso que subsistiera, como también lo hizo el diario HOY, de la misma factura. Y son los dos únicos medios escritos que actualmente se publican en papel en la Comunidad Autónoma.

El 20 de abril de 1923, bajo el título “la última de abono”, el Extremadura incluía el siguiente texto.

LA ÚLTIMA DE ABONO

El pasado viernes, terminó en la Audiencia, con la vista de una causa por asesinato, la serie de jurados del actual cuatrimestre. Por cierto, que fué bien episódico el que cerró el período.

En el pueblo de Herguijuelas [sic], vivían dos cuñados, en esa franca armonía con que hoy viven encantados de la vida franceses y alemanes en la cuenca del Ruhr; jamás se dió otro caso de dos hermanos políticos, que se trataran tan impolíticamente.

Era el infecto –a creer a todo el pueblo, a los testigos, a su misma viuda- de carácter pendenciero, matón y perdonavidas. La propia costilla fué víctima en sus días de las iras de su cónyuge, que puesto siempre con ella en plan de Landrú, la infirió cierta vez una puñalada brutal. También su cuñado, el procesado, que es en cambio un infeliz anciano, achacoso y macilento, más inofensivo que un sereno en provincias, soportó en otra ocasión un golpe de estaca, que le dejara un ojo a la violette.

El origen de este tratito rifeño era no más que el deseo que tenía el muerto de apropiarse de la tierrita que su cuñado poseía; y tanto, en sus ambiciones, llegó a extremar su crueldad que una mañana, a la del alba próximamente, como el procesado viera llegar junto a sí a su verdugo, obrando irreflexivo bajo el aquél del miedo, cogió una escopeta y propinó a su agresor una copiosa ducha de perdigones que le dejó seco en el acto.

Tal es el hecho de autos, contado a grosso modo.

Empieza la vista con la declaración del procesado. Es este, como decimos, un vejete decrépito, balbuciente, tardo en oír y responder; no hay pregunta a la conteste sin antes timarse con la defensa. La Presidencia con discreta veteranía le amonesta y ordena mirar al frente.

EXTREMADURA. Cabecera. 20 Abril 1923.

Con el aplomo de un Alcubilla en rústica, asegura haber declarado lo mismo que ahora dice, en la “Audiencia de Herguijuelas”. ¡Si lo oye Melitón González!

Contemplándole hemos sufrido una gran decepción. Fuimos bajo la impresión de ver a un criminal nato, un ejemplar del “Homo delincuente” lambrosiano [sic], con mirada torva, cínica sonrisa, catadura patibularia, y nos encontramos ante un pobre anciano que parece aterido de frío y aturdido de temor, que tiene las manos juntas en actitud beatífica y el temblique tan propio de su edad, y que realmente invita más que a formularle una acusación de asesino, a llegarse junto a él, darle una cariñosa palmadita en la espalda, y ayudándole a levantarse del banquillo, decirle dulcemente: “Tome, buen hombre, la papeleta y a las Hermanas”.

Declara después una testigo, esposa de la víctima y hermana del procesado.

Tiene facha varonil y es de facciones hotentoceas. Con el tonillo de una gitana superchera, va adjetivando a su marido de tál y de cuál y cuenta este sucedido y alude al de más allá. Tan a máquina ha prestado su declaración, declaración que parece el informe de un acusador privado, que oyéndola recordábamos esos colegiales aprovechaditos en día de empollación.

En el curso de aquella, la desnaturalizada viuda ha intercalado frases sumariales que no dudamos en calificar de pronóstico reservado¸ auténticos venablos extremeños que causan sonrisas maliciosas en la muchedumbre.

Viene luego la hija del difunto; en esta, todavía el grito de la sangre que pide siquiera respeto para el muerto, puede tanto como la voz de la conciencia, aunque ésta exija la verdad para la Justicia; con voz opaca presta su declaración sencilla y emotiva, en la que ni ofende la memoria del padre ni acusa la presencia del tío. Se ha suspendido la sesión hasta la tarde; mejor, que los juicios con segundas partes interesan doblemente con el interés de la segunda entrega de un novelón folletinesco.

En esta jornada, el fiscal en su disertación  no ha podido encontrar a favor del procesado las eximentes del miedo insuperable, y de legítima defensa que le aminoren la pena correspondiente; pero ya se encargará de ello la defensa, pues en estos torneos judiciales las razones de ambas partes son las mismas vueltas del revé.

El jurado pronuncia veredicto de inculpabilidad. El ministerio Fiscal, no conforme con él, solicita nueva revisión ante otro Tribunal popular. La Sala desestima la petición y en consecuencia falla absolviendo al procesado.

El sentimentalismo público está a punto de estallar en muestras de júbilo; los más curiosos se precipita[n] a la calle para ir a presenciar la salida de la Cárcel del sexagenario libertado, que en ella entró ha un año y de la que esperaba salir en quince.

Un detalle: según dijeron los testigo para dar idea de lo malquisto que era en el pueblo el interfecto, el día que lo escabecharon, los mozos del lugar, cumpliéndose la promesa hecha hacía tiempo, organizaron para festejar el diñen del coco, un The dazant, de lo más divertido y beocio que se ha conocido en la comarca.

Sí, pues, de modo tan peregrino celebraron entonces los funerales por la víctima, bien será que ahora festejen la libertad del matador, con un homenaje vecinal, un banquete por ejemplo un cuadro de costumbres que cualquiera podría bautizar como “la justicia en cafrería o qué bien lo estamos pasando”.

Vale.