Vale.
Archivos para November 30, 1999
Parece que Wikileaks está convirtiéndose en un nuevo dogma sin que se analicen algunas cuestiones.
Por ejemplo, ¿por qué un embajador se interesa porque un país amigo, aliado o socio, adjudique un contrato a una empresa del país que representa? Muy sencillo, si no lo hiciera, estaría haciendo dejación de sus obligaciones. Un embajador no representa al gobierno, representa al país, ni siquiera al estado. Los embajadores que nombra el gobierno lo son para ejercer sus funciones en representación del Reino de España. Lo grave sería que el interés del embajador correspondiente se tradujera en una lesión de los derechos del país en que reside.
Abengoa, ACS, Acciona… están pugnando en los EE.UU. Por la adjudicación de diversos contratos, como energías alternativas, alta velocidad ferroviaria. ¿Qué debe hacer el embajador? Según los dogmáticos, seguidores y fieles de Wikileaks, nada. Ni interesarse por los intereses de las empresas españolas ni informar al gobierno.
Cuando el embajador Aguirre, de los USA, nombrado por Bush, informa de una reunión o cena que ha tenido con el expresidente Aznar, informa al Departamento de Estado será porque es relevante para los intereses americanos. Que diga que Aznar no confía en Rajoy puede ser un chascarrillo… o no, pero para el presidente Bush, con tan buena relación con Aznar, puede serlo. También, cuando el embajador USA informa sobre el contrato del motor de una serie de helicópteros, a la que opta una empresa USA, General Electric, y se refiere a la buena disposición del presidente del gobierno de España, está cumpliendo con su obligación. Otra cosa es que ese contrato se adjudicara de modo ilegal… cosa que no ha sucedido, porque si no los competidores habrían acudido a los tribunales.
Wikileaks ofrece una serie de documentos. Quienes los distribuyen, determinados medios, están obteniendo buenos beneficios con el aumento de difusión ¿cuánto habrán pagado, a modo de donación, a la altruista organización de Assange? Porque gratis, no creo que haya sido la selección.
Por otra parte, es habitual, dentro de las funciones del embajador, mantener buenas relaciones con los medios de comunicación del país en que tiene su legación. Así, no es extraño que pueda reunirse con los directores de los medios de mayor difusión. Así obtiene información de primera mano sobre la imagen de su país en los medios y consigue, o debe conseguir, que ese medio “conozca” mejor a su país. ¿Por qué no ha aparecido ningún cable de reuniones, entrevistas, conversaciones, por ejemplo, del embajador Aguirre, de los USA, con medios españoles?
La aldea global en que la red se ha convertido, está convirtiéndonos en aldeanos, en el sentido que este término tenía en el siglo XIX. La contundencia de los documentos distribuidos por Wikileaks tienen la importancia de poner al descubierto la diplomacia de los EEUU, y de paso, la de todos los países que aparecen en los famosos cables. Asistimos al espectáculos como aldeanos del siglo XIX, estupefactos, con la boca abierta, y pensando que Wikileaks transmite un mensaje nuevo.
Sin embargo, para mí, sigue siendo un misterio la escasa o nula importancia que se le está dando al cable que tendría las claves de todos los 250.000 difundidos: “An wild wedding in Dagestan”.
Vale.
La gran importancia de los cientos de miles de cables diplomáticos publicados por diversos medios, escogidos, tras su obtención por Wikileaks, abre múltiples debates. Sobre la seguridad de las redes públicas, sobre la seguridad de la información sensible de los gobiernos (Wikileaks parece que publicará información sobre bancos), sobre el propio contenido de los cables y el funcionamiento de la diplomacia internacional. Poco a poco, también va tomando algo de fuerza, poca, es verdad, el debate sobre el periodismo de investigación.
Como mi blog es en castellano y mi interés personal está en mi país, me referiré a lo que pomposamente se llama periodismo de investigación, que salvo honrosas y muy importantes excepciones, no es más que un mercadeo económico para pagar confidentes, chivatos y similares. En muchos casos, ese presunto periodismo de investigación vende mercancía averiada y otras la mercancía no es más que el chantaje del chivato de turno. Ejemplo de esto último es el fabuloso ejercicio de autobombo de Jatapedro con sus pagos (¿con IVA o sin IVA?) al policía que “trabajó” en el Batallón Vasco Español y después le cambió el nombre a la franquicia. Aquello no era periodismo de investigación.
Ahora, Wikileaks, una organización (¿inocente, ingenua, altruista?) que ha designado determinados medios de comunicación (New York Times, The Guardian, Le Monde, El País…) para dar publicidad a los miles de cables diplomáticos que ha obtenido. La fuente de los documentos publicados no ha sido obtenida por El País ni ninguno de los otros medios elegidos, ha sido obtenida por Wikileaks sin que se tenga la más mínima idea de cuánto ha pagado Wikileaks a dichos medios (por supuesto, la entrega no ha sido gratuita, no es creíble), ni tampoco cuál ha sido el medio de obtención por la red sueca, ni cuánto ha pagado por la información (tampoco es creíble que la haya obtenido hackeando páginas web, porque el agujero ya habría sido tapado por los administradores de las páginas presuntamente violadas).
No se trata en modo alguno de matar al mensajero (creo que la información que se publica es muy importante para los ciudadanos a los que nos interesa cómo se ejerce el poder y cuáles deben ser sus límites y sus contrapoderes). Pero la opacidad de Wikileaks parece total (un ejercicio notable de periodismo de investigación sería, precisamente, poner negro sobre blanco, cómo funciona ese portal, cómo y quien lo administra, cómo y quién añade información al mismo…) y en materia de ejercicio del poder la transparencia ha de ser un valor frente al oscurantismo, y también debe serlo en la prensa (o debería serlo desde el punto de vista romántico, pero los medios de comunicación, como Wikileaks o El País, The New York Times, Le Monde, son empresas, y las empresas no son nunca románticas: están para ganar dinero).
La sensación que se obtiene de cómo se ha producido la filtración desde Wikileaks a medios seleccionados, del contenido de los mensajes, del oscurantismo del filtrador, no es otra que una cuestión superficial, banal. En realidad, este asunto se ha hecho estallar para dar validez absoluta y universal a una afirmación pocas veces probada como en este: el medio es el mensaje.
Wikileaks, el medio, transmite el mensaje de que a través de la red puede destruirse lo que se quiera, u obtener todo el poder que se quiera.
Al final, Wikileaks se ha convertido en el primero Rosebud potente de la era digital. Nada más, no hay nada más allá.
Vale.



