Archivos para November 30, 1999

Se acerca el comienzo del juicio por los atentados del 11-M y la teoría de la conspiración se entrecruza con la realidad. Hoy se ha sabido que policías al servicio de Ángel Acebes viajaron a Guantánamo, acompañados de agentes de la CIA para interrogar a unos 20 presos sobre las actividades de Al Qaeda en España.
Entre otras pesquisas, mostraron a los prisioneros de Bush fotos de Jamal Al Zougham, uno de los autores materiales de los atentados.
La conspiración, la real conspiración de lo que pasó el 11-M fue la incompetencia de Ángel Acebes, Ministro del Interior en la fecha. Y la conspiración, la real conspiración es que la reunión del gabinete de crisis que reunió Aznar fue con Arriola, para buscar el modo de que se hiciera creer que fue ETA la autora de los atentados.
A medida que vayan sabiéndose más cosas de los seguimientos a islamistas por la policía, de la ineficacia de su jefe, Acebes, se llegará a la misma conclusión que Aznar en su libro: bajaron la guardia. Más bien, nunca la tuvieron levantada, sólo la bandera de la incompetencia.
Desgraciadamente, quienes fueron capaces de mentir de aquella manera solamente tenían en mente una cosas: las elecciones. Desgraciadamente, quienes fueron capaces de mentir de aquella manera eran el presidente del gobierno y sus ministros.
Ahora, cuando va a comenzar el juicio, seguirán buscando conspiradores.
Un prestigioso criminalista y alto cargo de la época de UCD, cuando le preguntaban por otro conocido criminalista, decía: Ése el único criminal que conoce es el que ve cuando se mira al espejo.
Pues lo mismo: estos que buscan conspiradores para tapar sus mentiras e incompetencias, los únicos conspiradores que ven son los que salen en el espejo cuando se afeitan.
Vale

El candidato a la presidencia de la Junta de Extremadura por el PSOE, Guillermo Fernández Vara, considera muy conveniente incrementar la población de la comunidad, y para ello ha anunciado medidas económicas para favorecer el nacimiento de niños.
En esa senda, y traído por los pelos, el próximo exalcalde de Cáceres, José María Saponi, le dice a los niños de 3º y 4º de un centro escolar que espera que la ciudad alcance los 100.000 habitantes en pocos años, ya que hace pocos años tenía 75.000 y ahora estamos en los 90.000. Así, con este nivel intelectual, se dirige a los niños. Pero no lo hace por la necesidad de aumentar la población para generar riqueza y bienestar, lo hace porque así la ciudad pasaría de tener 25 concejales a 27. Curioso.
Mientras que el candidato socialista se preocupa por el futuro de los ciudadanos de la comunidad, el alcalde de Cáceres se preocupa solamente por una fila de bancos en el salón de plenos.
Sin embargo, podía haberle dicho a los niños de 3º y 4º de ESO que el mismo Ayuntamiento calcula que la ciudad alcanzará esos 100.000 habitantes en 2015 (¡cuán largo me lo fiáis, amigo Saponi!), como en la pestaña de estadísticas de la web municipal tiene colgado el servicio de informática.
Podía haberles explicado que cuando Saponi accedió a la alcaldía (¡hace 12 años!) la ciudad tenía 78.000 habitantes y que desde entonces solamente ha crecido a razón de 1.000 por año.
Podía haberles explicado que cuando esos niños ya no lo sean en 2015, las políticas sobre juventud, empleo y suelo que él viene aplicando (o no aplicando, por dejación) serán las causantes de que se hagan clientes de AutoRes para ir y venir a Madrid a trabajar, hasta que se compren un coche o se queden a vivir fuera.
La sangría demográfica que el Plan de Estabilización de 1959 (¡ojalá hubiera economistas atrevidos que lo divulgaran!) causó a Extremadura, mientras Saponi calzaba botas de cordones, vestía camisas azulfalange y ceñía cinturones con el mochuelo del pardo, es ahora, cuando la economía regional comienza a respirar por sí misma, cuando puede recuperarse. Y serán las medidas propuestas por el candidato socialista las que lo consigan, no buscando ese habitante número 100.000 para tener 27 concejales.
Esa mirada de corto alcance de Saponi es el reflejo de una mente estrecha, estrecha, que le entran las ideas a rastras, una al año, y dos si el año es bisiesto.

Ahora dice Ansar que se ha enterado: en Irak no había armas de destucción masiva. Había, en las Azores, tres caras con ganas de destrucción masiva. Y lo consiguieron.

Ahora dice Ansar que se ha enterado: en Irak no había armas de destrucción masiva. Ahora, gÁnsar, ahora hay en Irak un arma de destrucción masiva contra la que no hay escudos antimisiles: el odio.

El presidente Aznar mintió al parlamento, mintió a los ciudadanos de forma masiva. La ONU no se creía que en Irak hubiera armas de destrucción masiva, porque la Agencia correspondiente no lo acreditaba.

Todavía hay muchos ciudadanos, en todo el mundo, por ejemplo Bob Woodward, uno de los periodistas del Watergate, a los que les gustaría saber por qué Aznar apoyó a Bush. La respuesta no es política y en el reconocimiento que ahora hace Aznar está muy clara: es un asunto psicológico.

Porque Aznar confunde los conceptos: saber que en Irak no había armas de destrucción masiva no era una cuestión de ser o no listo, sino de conocimiento. No es lo mismo ser listo que ser inteligente. Y Aznar no fue listo porque no era, ni lo es, inteligente. Su apoyo a Bush es psicológico: es la la muestra de su complejo de inferioridad, el mismo complejo que han tenido a lo largo de la historia malos gobernantes. Y la voz de pito.

Ahora, si Aznar fuera lo listo que, en su tono de sujeto confuso con los conceptos, dice ser, debería hacer una sola cosa: pedir perdón.

Pero para eso, además de listo o de inteligente, a Aznar le falta la cualidad de hombre en el sentido de hombre en Miguel Hernández.

Mientras que muchos ciudadanos aspiran a saber qué paso con sus padres o abuelos durante la Guerra Civil que siguió al golpe de estado de Franco, y la posterior y cruel represión, otros se esfuerzan en olvidar qué pasó.
Sin embargo, la realidad es tozuda y nos devuelve de manera permanente la memoria. Y citando de memoria quiero recordar que hace poco tiempo se suscitó una polémica en Alemania porque se pretendía recuperar para hotel unos edificios realizados por el nazismo en una zona de alta montaña.
Eso sucede, por supuesto, en Alemania. ¡Que polemicen ellos! diría Unamuno, ahora que sigue sin ser restituido en su cargo de concejal de Salamanca.
Aquí no, aquí no polemizamos porque no tenemos memoria ni falta que nos hace. Ni falta que les hace a algunos. Con alegría, con alborozo, los periódicos de la ciudad recogen que antes de semana santa abrirá un hotel de lujo en el cortijo de Los Arenales, entre Cáceres y Malpartida de Cáceres. Y la memoria, maldita memoria no aparece.
Ese cortijo, antes de ser conocido por los múltiples nidos de cigüeñas que lo habitaron en el abandono de su propietaria, fue campo de prisioneros en el franquismo, donde eran recluidos después de la guerra los perdedores.
No fue un campo de prisioneros instalado en una propiedad pública ni requisada por la economía de guerra. Fue un campo de prisioneros (españoles prisioneros de españoles) en una propiedad privada, cedida gustosamente por su propietario, el marqués de Torre Arias, que hoy tiene un parque a su nombre en plena Calle de Alcalá en Madrid.
Los mismos dueños de la finca que colaboraron hasta el extremo de ayudar activamente en la represión con su propio campo de prisioneros, hoy lo convierten en un hotel de lujo.
Los mismos terratenientes que ayudaron a represaliar a los perdedores hoy aparecen como caídos del cielo. Porque los dueños son los mismos, y hoy la propiedad sigue siendo del marquesado de Torre Arias, que tiene inmensos bienes en Cáceres y que se beneficiarán del Plan de Urbanismo: todos los terrenos entre Macondo (incluida una parte de este sector) y los Arenales, a derecha y a izquierda de la carretera de Malpartida, son de la misma propietaria que el Palacio de Los Golfines de Abajo, la casa de la Enjarada…

Cuando en las escuelas de negocio se estudien ejemplos de gestión, en lo sucesivo habrá tres niveles, descendentes: buena gestión, mala gestión y Saponi.
El ridículo en el que el próximo exalcalde de Cáceres ha caído y ha hecho caer al Ayuntamiento en la compra del chalet de Los Málaga es portentoso. Después de anunciar a bombo y platillo la inminente compra, de fijar el precio de establecer las contraprestaciones, resultan que le estaban vendiendo una mula coja, como a cualquier presidente de club de fútbol.
La mala gestión de Saponi no se puede calificar sólo de mala, o incompetente, sino que demuestra, sencilla y llanamente, que el señor Saponi es inútil para el ejercicio de su cargo.
En todo esto, llama la atención una cosa, que demuestra la categoría de la ciudad: desde que el equipo de gobierno se vio obligado a suspender la compra, ni una crítica, no ya de los partidos de la oposición, ni una crítica de los medios de comunicación. Diríase que los periodistas sienten cierta conmiseración hacia el inútil gestor público y consideran que ya está amortizado, que perderá las próximas elecciones y que para qué amargarle los cuatro meses escasos que le quedan en el cargo. O diríase que los periodistas, profesión noble ejercida por innobles y pagada por más innobles empresarios, consideran que va a ganar las elecciones y que no les convienen enfrentarse a la furia de un alcalde herido en su honor.
¿Y los papeles? ¿Qué papeles ha entregado la familia Málaga al incompetente alcalde? ¿Qué papeles ha entregado el alcalde incompetente a la familia Málaga? ¿Qué ha gastado, de dinero contante y sonante el Ayuntamiento en esta operación?
Dios qué buena ciudad si tuviera un buen alcalde.
Vale.

Acabo de llegar a este mundo del blog, de los blogs, en un momento convulso para quien tiene inquietudes, en el que la sátira, la ironía, prácticamente no tienen cabida. Personajes públicos de toda calaña no necesitan que les hagan caricaturas: ellos mismos lo son, y lo triste es que los trazos con los que se pintan están formados por jirones de nuestra propia vida.
La ironía, la sonrisa, el valor de la palabra no existen: los payasos copan todos los caminos de la comunicación, los libros, las radios, los periódicos. Por lo que he podido ver, en este mundo de blogs todavía queda un espacio en el que encontrar ese punto de sentido profundo de la palabra, el sentido profundo del significado y del significante.
El blog es personal, se escribe para ser leído por quien lo escribe y, si hay suerte, por alguien que, al otro lado de la red, hace lo mismo. Las afinidades que surjan serán aleatorias, y quizás el azar sea lo que nos queda ante tanta previsibilidad.