Archivos para November 30, 1999

Cuando se tiene ocasión de leer los periódicos y gacetillas locales de comienzos del siglo XX (en las bibliotecas públicas están muchos de ellos digitalizados y accesibles desde internet), siempre aparecen las referencias a las fuerzas vivas (militares, curas, prósperos comerciantes, boticarios…) y siempre parece que hablamos de un pasado muerto y enterrado. Pero no es verdad.

Los falsos ateneos (en contraposición a los ateneos obreros y universidades populares nacidos desde el incipiente sindicalismo de clase), los círculos de artesanos, los casinos provincianos a los que tan acertadamente se refería Machado, se reproducen en estos tiempos de globalización, de redes sociales, de comunicación e información al instante.

Viendo diariamente los medios de comunicación, escritos y digitales, televisiones locales, aquellos casinos provincianos y círculos de rebotica se repiten, clonados, en camarillas de artistas y pseudoartistas, de intelectuales y de cofrades de la cultura cerrada (de la no-cultura, por tanto).

Camarillas que se cierran como caparazones de tortuga cuando encuentran una presa, ya sea un ayuntamiento que encarga miserables actos que tiñe de culturales para mayor gloria de alcaldes y concejales, u otros organismos (diputaciones, comunidades autónomas) que pretenden difundir las bondades del cargo de turno y, sobre todo, otorgarse esos cargos una pátina cultural de la que carece y carecerá.

Ser amigo (con la frivolización del término por su abuso en redes sociales) de artistas creen algunos que los convierte a ellos mismos en intelectuales, cuando no tienen criterio alguno de selección de qué es un artista (pintor, escultor, escritor…) y en la mayoría de los casos son, al final, artistas multidiversos, que han elevado a esa categoría aquel dicho de aprendiz de mucho, maestro de nada.

Esas camarillas se mueven por los ambientes de las capitales provincianas en espacios físicos cerrados, encerrados entre ellos mismos, formando círculos de rebotica, de trastienda, que fagocitan todo aquello que tocan, y cuando un espacio físico está acabado porque los gusanos han agotado todas las salitres que brotan de las paredes, se desplazan a otro. En esos trayectos se desprenden de los menos afectos y van captando a otros deportados de otras camadas, de otras camarillas.

Son instrumentos de autodefensa de grupos cuyos individuos, autodefinidos como artistas, es imposible que puedan vivir fuera, en un paisaje que se les antoja desolador, hostil, que no comprende su creatividad. En realidad son falsos creadores cuya comprensión de la realidad se paró en el mismo momento en que pensaron que su integración en el grupo les haría crecer, y solamente han conseguido hacer crecer un ego sobre un montón de escombros.

Esas camarillas locales, que proliferan en todas las aldeas provincianas, son las que yugulan, de verdad, el crecimiento y el desarrollo cultural de las ciudades, de las pequeñas ciudades.

En estos tiempos convulsos, en los que el ultraliberalismo económico está dejando asentarse al fascismo político que pareció haber desaparecido, esas camarillas locales son, en muchos casos, la coartada a través de las que las doctrinas políticas imperantes anidan, como serpientes, al acecho de alcanzar el poder absoluto.

No son artistas, en realidad, y, aunque se creen y les hacen creerse ídolos, ni siquiera han pisado el barro sobre el que señalar las huellas de sus pies.

Vale.

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cercadelasretamas —  enero 22, 2012 — 1 Comentario

A lo largo de casi dos años, este blog ha venido, de modo permanente, publicando comentarios políticos, referidos casi todos ellos a la política local cacereña o regional de Extremadura. Los últimos meses la actividad política regional o local viene dominada por la derecha casposa y reaccionaria propia de los herederos de la derecha localista de comienzos del siglo XX, con la mixtura añadida de que quienes la practican son herederos directos del fascismo franquista y están empeñados en extenderlo.

Por ello, a partir de ahora este modesto blog gira en todos los sentidos y se orientará a una suerte de creación literaria, ajeno a la actividad política. No por resignación a que los ciudadanos hayan preferido entregar sus haciendas y vidas públicas a la derecha, sino por la desgana de combatirlo. No merece la pena. Y no porque no sea un acicate enfrentar la palabra con el fascismo franquista, sino porque es triste comprobar que los ciudadanos han preferido convertirse en súbditos, y han preferido olvidar aquella máxima ácrata de comienzos de los años 70 del siglo pasado: “Te están meando en la boca y dicen que llueve”.

Pues eso, que les siga lloviendo, y que cuando se den cuenta que necesitan un paraguas, que consigan uno sin tela, solamente con las varillas.






Un paseo, hacía tiempo que no lo daba, por la Ribera del Marco, me ha dejado un poso de vergüenza ajena mezclado con la indignación que da ver el abandono. Todavía hoy, en un verano atípico en Extremadura, los pozos de la cerca de San Jorge siguen aportando agua a la Ribera, al Río de la Madre, que es el origen de la ciudad.

Y en una verano atípico veo que la lámina de agua de la Ribera está sucia, abandonada. Ver la mierda acumulada cuando todavía fluye agua limpia por debajo es para echarse a temblar cuando el agua cese su correr.

No sólo la lámina, su entorno muestra abandono, suciedad, dejadez.

Ignoro si en el nuevo organigrama municipal de Cáceres hay algo parecido a Medio Ambiente, aunque sea copiado de la “filosofía” de la exprimera dama Botella. Pero vertederos en la ribera, mezclados con zarzales, bidones de residuos, ripios, restos de obra, muebles…

Vale.

Ayer se celebraba el día de la Libertad de prensa, con el fotógrafo Manu Brabo detenido por Gadhafi, el amigo de Aznar. El domingo, el director de un medio regional extremeño publicaba un artículo en el que elevaba de nivel una anécdota, según la cual, los jóvenes no saben que los periódicos se publican todos los días. Claro, para concluir que nuestros jóvenes están todos echados a perder. Una cosa es cierta: los jóvenes no compran periódicos hechos por viejos y para viejos.

Hoy, qué cosas, hoy, en el mismo periódico se puede ver un ejercicio habitual de manipulación. Sutil, pero muy eficaz para los intereses a los que sirve. Y de los que se sirve. Muchas veces no es necesario un gran titular para que una noticia o lo que sea eso quede claramente manipulado. Basta con recurrir a una media verdad, que, cuando se conoce es una mentira completa. En este caso, la media verdad sirve para ayudar al amo.

En la edición en papel, el medio regional suele componer sus noticias de cuatro elementos: una frase que precede al titular de la información, en mayúsculas, pero letra no muy grande, un titular, con letras gordas, y una o dos entradillas, con letras claramente grandes. Luego viene la noticia con la letra pequeña. O lo que es lo mismo: lo que interesa es que se vea el titular, que se vean las letras gordas y la foto. Vaya, sin querer me ha salido un resumen de lo que es, en estos días, un periódico.

Porque el texto de la noticia, como que no, como que no sirve para nada. Y sobre todo, que no puede servir para desmentir las letras gordas.

Junto a una foto de la plana mayor del Partido Gurtelar, se ve un titular y, sobre todo, una entradilla que es una media verdad. Y cuando un periodista está escribiendo una media verdad sobre que está cometiendo un ejercicio de prevaricación, de violación a sabiendas de la libertad de prensa, que, básicamente consiste en contar la verdad.

Dice la entradilla: Monago promete que si gana los parados no pagarán tasas públicas y que acabará con todos los coches oficiales”. Eso, la demagogia al servicio de la demagogia. Porque la entradilla, qué cosas, sencillamente es una media verdad que el propio texto desmiente: “… además de eliminar los vehículos oficiales en la Administración regional, que serán sustituidos por un parque móvil”.

Vaya con el matiz. Pero el director del periódico, el que afirma categóricamente el pasado domingo que los jóvenes no saben que los periódicos se publican todos los días, se dedica al fácil ejercicio, seguramente bien agradecido por quien tiene que hacerlo, de mentir. Porque es lo que hace con la entradilla.

Ayer se celebraba la libertad de prensa. Hoy, qué cosas, hoy, como todos los días, nos encontramos con que los periódicos, los medios de comunicación la pervierten, la contaminan. ¿Quién les va a creer? Ya no existen medios de comunicación independientes, ya la libertad de prensa es una reliquia del pasado. Hoy, qué cosas, hoy, los medios de comunicación son negocios o partes de un negocio mayor, y los periodistas, salvo algún que otro romántico, están al servicio de quien les paga.

Mejor sería reconocer de dónde vienen sus salarios (y no vienen de las empresas editoriales, que son meras intermediarias), vienen de los intereses bastardos a los que se han plegado, algunos, la mayoría, los currantes, por la necesidad, y los menos, los directores, los jefes, porque les gusta. Para quienes hacen del periodismo profesión y no tienen más remedio que aceptar lo que les manda, un respeto. Para los que se sirven de los trabajadores para engordar sus egos, para ellos, el desprecio.

Hoy, qué cosas, hoy, un día después de la celebración de la Libertad de Prensa, vuelve a constatarse que quien paga, manda.

Por cierto, no digo el medio de comunicación regional de Extremadura porque no me apetece. Y porque no quiero que el Open Office se me vuelva a estropear por escribirlo.

Vale.

P.S. Hética periodística. Está bien escrito, es así como se escribe.

Valor y precio

cercadelasretamas —  diciembre 22, 2010 — Deja un comentario

El debate social y político sobre la Disposición Adicional Segunda de la Ley de Econmía Sostenible, bautizada por los agnósticos de la red como Ley Sinde, ha dejado grandes cicatrices. La primera, sobre la que no me voy a extender ahora, es que para los más jóvenes ha quedado claro que todo lo que pueda ser susceptible de cargar y descargar de la red ha de ser gratis. Sin matices.
Ha dejado claro este debate que son muchos los defensores de la libertad de expresión para los que el trabajo creativo no tiene ni valor ni debe tener precio. Gratis total. Es decir, la libertad de expresión está por encima del derecho al trabajo de los creadores. ¿Crear, para qué?
Y esto me lleva a recordar que existe una cosa que se llama valor y otra que se llama precio, y que no son lo mismo.
Valor: “Cualidad de las cosas, en virtud de la cual se da por poseerlas cierta suma de dinero o equivalente.” (RAE, acepción 2).
Precio: “Valor pecuniario en que se estima algo.” (RAE, acepción 1).
Como se aprecia y como la gente no ignora, no es lo mismo valor que precio. Y el debate mediático,sin pies ni cabeza, con gentes aparentemente inteligentes arrastrando sus contradicciones como puede (incluso sin poder arrastrarlas), ha puesto de manifiesto, tras el triunfo de los detractores de la Ley Sinde, la gran importancia de la libertad de expresión, el valor absoluto de la libertad de expresión sobre cualquier otro. Pero ¿cuánto cuesta la libertad de expresión? O mejor: si la libertad de expresión es un valor, ¿cuál es su precio?
La cultura, como valor de una sociedad, ha quedado claro que no tiene precio: ha de ser gratis. La Ley Sinde lo ha aclarado todo. La cultura, como valor, debe ser gratis. La libertad de expresión, como valor, no puede ser objeto de precio alguno.
Veamos algún ejemplo.
Los toros. El parlamento de Cataluña aprueba la prohibición de los toros. En su contra, los españolistas consideran que esa prohibición es un motivo político para ir contra España. Y el argumento para “defender” los toros es decir que son cultura. Contradicciones evidentes: gentes de todo tipo, incluidos inteleStuales, afirman sin pudor que los toros son cultura. Pero los espectáculos culturales denominados toros cuestan un precio… y cada vez son menos, en toda España, los que pagan ese precio por ir a los toros. Los ven en televisión cuando son gratis. Corolario: si la cultura, como valor (en este caso, además, el valor de los toreros) requiere pagar un precio (en euros contantes y sonantes), ya no son tantos los que están dispuestos a pagarlo.
La Semana Santa. En las ciudades con tradición secular en procesiones, son miles de personas las que visitan las iglesias para ver los pasos antes de ser procesionados y asisten a los desfiles procesionales. Hay mucha gente que acude por interés religioso. Nada que objetar. Pero hay mucha gente, cada vez más, que creen que la Semana Santa es una manifestación cultural y visitan las iglesias para ver los pasos antes de ser procesionados y asisten a los desfiles procesionales. Claro, los pasos tienen un valor cultural y artístico y las procesiones, también, como coreografías y vestuarios. Si para visitar las iglesias en Semana Santa o ver los desfiles procesionales fuera preciso pasar por taquilla, serían muchos menos, pero muchos, los que renegarían del valor cultural de nazarenos y vírgenes Marías.
Estos dos ejemplos, y muchos más, demuestran que cuando la cultura se considera como lo que es, un valor de una sociedad hay cada vea menos gente, incluso entre quienes se autoproclaman inteleStuales, dispuesta a pagar un precio en euros.
Recuerdo una campaña publicitaria, creo que era de una compañía telefónica, Amena, que vendía libertad a cambio de comprar un móvil.
Si la libertad de expresión se consigue sin ningún esfuerzo, si el acceso a las creaciones de otros no requiere ninguna contraprestación que permita nuevas creaciones, ya no hay libertad de expresión, será otra cosa.
Y en medio de la polémica sobre la Ley Sinde, una empresa, el grupo Prisa (en manos de una compañía yanki de seguros) cierra un medio de comunicación, CNN+. Y la libertad de expresión, en este caso, no se resiente. Patético.
Vale.

La reciente inauguración del AVE a Valencia completa las grandes ciudades que están enlazadas con Madrid en alta velocidad: Sevilla, Málaga, Valencia, Zaragoza, Barcelona… Eso hace que España se haya convertido en el país con más kilómetros de alta velocidad, y con más gente que, a alta velocidad, comienzan a ser “sensatos”.
Días atrás ya escuché a Carlos Carnicero “reflexionar” en la tertulia de la Cadena SER (Hora 25) sobre si de verdad es tan necesario y tan importante tener una gran red de alta velocidad. Hoy, un diario catalán publica un artículo “La crisis sonroja al AVE”, con un clarificador subtítulo: “Los expertos cuestionan que España continúe con una política tan activa en la alta velocidad”. Claro, Cataluña ya tiene AVE, los demás que se jodan. Seguro que esos expertos eran los que criticaban a comienzos de los 90 que el AVE llegara antes a Sevilla que a Barcelona.
Mientras que el ministro Blanco viene garantizando que la licitacion de los tramos que faltan a Galicia y a Extremadura estará hecha en 2011, son cada vez más los expertos (singularmente los potentes colegios profesionales catalanes, ahora el Colegio de Ingenieros) que dicen, qué casualidad, que no nos podemos permitir tener AVE en toda España.
Volvemos, por tanto, a lo de siempre. Mientras que la tragedia de Puerto Hurraco agotó los bidones de tinta de los periódicos (las empresas de prensa son todas conservadoras, de derechas) vinculando la “España negra” a zonas de mayoría socialista, ahora que en Olot, la Cataluña profunda, negra, suceden hechos trágicos, enseguida se desvía el asunto a analizar los problemas psiquiátricos de los sospechosos, pero no se dice nada de una región que tiene en su interior (y todo nacionalismo, el españolista también) la larva de la endogamia enfermiza que no pueden tapar con portentosas y costosas fachadas modernas en el puerto de Barcelona.
Volvemos, ahora que los ricos ya tienen lo que querían, a cuestionar si lo que ellos han obtenido gracias al esfuerzo de todos es también un derecho para todos. No, no puede ser.
En meses próximos seguiremos conociendo informes de expertos, todos bien instalados, todos bien cercanos a los poderes económicos privados, conservadores por definición, de derechas por convicción. En los próximos meses, mientras la lucha política se circunscribe a titulares de prensa y al ejercicio del “y tú más”, los expertos irán creando el caldo de cultivo que ya ha comenzado para evitar que los recursos económicos del Estado que reclaman para sus intereses no se pueda invertir en despilfarros (desde la entrada en funcionamiento del AVE a la tierra de la derecha más reaccionaria y corrupta, toda inversiónde este tipo en otros territorios, será despilfarro) en regiones poco pobladas, que no se merecen lo que ellos ya tienen.
Vale.

Días atrás, la ministra Sinde, equivocadamente, dijo que sobre el asunto del Sáhara no opinaran quienes no son expertos. Se refería a unas declaraciones de Javier Bardem, quien se manifestó acompañado del defensor del derecho a la libertad de información González Pons. La ministra se equivocó. Cualquier ciudadano tiene derecho a opinar, a expresar su opinión.
Lo que no puede ni debe permitirse es que las informaciones, lo que es información pura y dura, la transmitan quienes no conocen los asuntos o quienes, de modo inmisericorde son intoxicados por quienes, conociéndolos, venden “informaciones” pestilentes.
Esto ha sucedido estos días en Cáceres con un asunto del ámbito de la Defensa, en concreto, sobre un asunto del Ejército. Los periodistas locales bastante tienen con saberse los pasillos del Ayuntamiento, o con saber dónde toman café algunos concejales, los que de verdad manejan los asuntos. O con acceder a las ruedas de prensa en las que les venden el material que a cada grupo político le interesa. Con ese material, componen sus informaciones, que, al tratarse por lo general de asuntos de poca importancia (lo más que dan es para algún comentario digital vomitivo), no tienen repercusión ni se aprecia la poca calidad de la información.
Esos periodistas locales, cuando se encuentran con asuntos complejos, con temas que no son del común diario ni, mucho menos del común conocimiento, se ven envueltos en trampas que son clamorosas. Así, en un comunicado de ¿prensa? reciben la “información” de que Cáceres va a contar con una Academia General de Tropa, una de las dos que habrá en España. Y los periodistas, ignaros del material averiado que les venden, lo publican. La responsabilidad de la avería queda, por tanto, en el hato del periodista y no en el hatillo de quien se la vende.
Estos asuntos militares van más allá de las batallitas de la mili, en los casos de periodistas que “se hicieron hombres” marcando el caqui. Cuando la información le toca a una periodista, o a un periodista que “cumplió con ¡España!” porque se hizo objetor, la cosa empeora.
Las “informaciones” publicadas en el día de hoy en los dos periódicos regionales de Extremadura son noticias averiadas en el origen, y su avería no debe quedar en el debe de los periodistas que las publican, sino en el “matón del word” que se las envió.
Vale.

Sahara (II)

cercadelasretamas —  noviembre 11, 2010 — Deja un comentario

Los acontecimientos recientes en el Sahara Occidental, recientes y de ahora mismo, me llevaron a un primer post sobre el asunto, para situar las responsabilidades políticas actuales de España para con lo que fue una provincia española. Responsabilidades que nacen del abandono vergonzoso y cobarde que la dictadura franquista llevó a cabo y que hoy solamente son exigibles al Partido Popular heredero político, económico y sociológico del franquismo.
Sin embargo, conviene hacer alguna reflexión más sobre lo que está ocurriendo ahora mismo en el entorno de El Aiun y sus implicaciones y posibles consecuencias.
De modo inmediato, no cabe duda que hay que exigir a Marruecos, a la dictadura marroquí que termine con la represión.
También, no obstante, hay que analizar la situación geopolítica y las posibles consecuencias de cualquier resultado futuro. Partiendo de la base de la necesaria autodeterminación del Sahara, para convertirse en la República Saharaui Democrática, habrá que evaluar cuál sería el precio en función de cómo se llegara a esa autodeterminación.
No cabe duda de que quienes piden esta autodeterminación, desde los países occidentales, comenzando por España, están dispuestos a asumir que podrían (y lo pongo claramente en condicional, para que se entienda bien) producirse algunos efectos no deseados.
Marruecos es una dictadura militar y, sobre todo, una dictadura religiosa, encarnada en el rey, que es el jefe del Islam. Marruecos es un reino islamista moderado, en cuyo territorio se han producido en los últimos años algunos graves atentados, entre ellos el que costó la vida a ciudadanos españoles. La consecución del sueño saharaui de la autodeterminación podría entenderse en el mundo islámico como una derrota del islamismo moderado que representa el rey Abdalá y provocar una reacción interna entre los islamistas más radicales y un apoyo exterior, de las diversas facciones de Al-Qaeda que operan en varias zonas subsaharianas y en el resto del Magreb.
No hay que olvidar que se cumplen ahora 35 años de la Marcha Verde, organizada por el padre del actual rey marroquí y que culminó con el abandono del pueblo saharaui por la dictadura franquista, y tampoco hay que olvidar que las dictaduras, y la marroquí no es una excepción, necesita “enemigos”, reales o inventados, objetivos reales o inventados (Ceuta y Melilla, algunas veces, de modo testimonial), para reafirmarse y rearmarse interiormente.
En el caso de Marruecos, la necesidad de retroalimentarse de la dictadura tiene, en estos momentos, un componente externo real, y es la creciente influencia del islamismo radical en el Mgreba y en zonas subsaharianas en las que los mensajes maximalistas de Al Qaeda tienen cada vez más seguidores.
La solución a la cuestión saharaui, ahora, pasa por el cese inmediato de la represión, y por la apertura de una negociación real y efectiva en el seno de Naciones Unidas, con la participación activa de España y Francia, por la relevancia y la influencia que ambos países irradian sobre el Magreb.
Vale.

El código penal español establece, en su artículo 74 el concepto de «delito continuado». Es aquel en el el que, en ejecución de un plan preconcebido o aprovechando idéntica ocasión, realice una pluralidad de acciones u omisiones que ofendan a uno o varios sujetos e infrinjan el mismo precepto penal o preceptos de igual o semejante naturaleza.
Hace poco, parece ser que se ha señalado por la Fiscalía Anticorrupción que los delitos electorales conocidos en el «caso Gürtel» han prescrito. No entiendo cómo un delito que se comete con la finalidad expresa de que los efectos (quid prodest) del delito beneficien a quienes los comete a lo largo de un período legislativo de cuatro años pueda prescribir si solamente se cuenta el momento preciso en que se materializa la primera parte (compra de candidatos, financiación de la campaña electoral…).
Sería muy interesante que los juristas expertos en derecho electoral estudiaran si el delito se comete y finaliza expresamente en el momento en que quien paga de modo fraudulento una campaña electoral, ya sea de un partido, ya sea de un candidato individual, o si, por el contrario, es en ese momento en el que comienza un «plan preconcebido» para realizar «una pluralidad de acciones u omisiones que ofendan a uno o varios sujetos e infrinjan el mismo precepto penal o preceptos de igual o semejante naturaleza».
En mi opinión, el delito electoral se comete a lo largo del tiempo en que se desarrolla una legislatura sobre la que el delincuente planea la obtención de beneficios (el partido o candidato, asegurarse la elección y su permanencia en los cuatro años, y quien pone los medios económicos y/o materiales de modo fraudulento, porque espera obtener contrapartidas iguales o mayores que las facilitadas a lo largo de la legislatura).
En Madrid y en Valencia, el Partido Gurtelar se ha beneficiado de la falta de tipificación del delito electoral continuado, o, mejor dicho, del entendimiento que la Fiscalía Anticorrupción hace del concepto de «delito continuado», que se aplica en casos muy concretos (estafa, abusos sexuales), pero que será preciso que se vaya extendiendo a delitos como el electoral o el de violación de los derechos de los trabajadores o del tráfico de personas.
Vale.

Dice el trabajador líder de la derecha española en una entrevista que se publica en el día de hoy en el Diario El País que sus primeras medidas al llegar a La Moncla (da por hecho que ganará las elecciones y podrá gobernar sin pactos) serán como las que adoptaron en 1996. O lo que es lo mismo, este sujeto confía en la desmemoria de los ciudadanos o se mueve con un descaro absoluto.

El primer Real Decreto que aprobó el primer gobierno de Aznar fue el RD-L 5/1996, de 7 de junio, de medidas liberalizadoras en materia de suelo y de colegios profesionales.

Es decir, que este sujeto está dispuesto a volver a la economía del ladrillo, que tan buenos réditos económicos dio a su partido, y sigue dando (Gürtel, Brugal…). No sé si lo hacen porque no saben y no tienen capacidad de plantear un modelo económico nuevo o, sencillamente, porque tienen que seguir pagando peajes.

Este sujeto parece, ya digo, confiar en la desmemoria de los ciudadanos. Y combina la desmemoria, o la memoria selectiva, con un descaro digno de mejor causa. Desmemoria porque en los años en los que el ladrillo, las empresas cuyos altos directivos aplauden con las orejas las políticas que les dan tan pingües beneficios, muchos ciudadanos aprendieron, con la inestimable ayuda del gobierno y los medios de la derecha, a que cada uno de nosotros lleva un especulador dentro.

La especulación que inspiró el primer decreto firmado por Aznar es el mismo y único predicamente ideológico y económico que inspira a un sujeto incapaz de mover un dedo por el conjunto del país. Lo levantará, únicamente, para sí mismo, para su mejor conveniencia.

Un partido atrapado en una red de mierda, en la que los ciudadanos son tan responsables como los ladrones que anidan en las listas electorales corruptas, que confía, y sabe por las encuestas, en que esa mierda no les pasará factura, no puede estar pensando (suponiendo que piensen) en volver a las andadas de una economía basada en el ladrillo a mayor gloria de los empresarios.

La mezcla de desmemoria y descaro de la que hace gala el presunto líder del Partido Gurtelar demuestra, además, que le da igual el país, que su interés está en gobernar a la manera con la que lo hacían las familias pudientes del siglo XIX: un hijo, arzobispo, otro, militar, una hija, casada con un terrateniente, otra, monja, y el hijo tonto a Madrid a guardar los intereses de la familia.

Vale.