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El crimen de Casas del Castañar (II)

Cuarta sesión

Con público que llenaba la Sala comenzó ayer por la tarde la cuarta sesión de esta célebre causa cuyo desenlace es esperado con más interés.

Continuó la prueba testifical desfilando ante el Jurado veinte testigos, de los que únicamente merece citarse Manuel Calle, que afirma que oyó lamentos y golpes en una casa próxima á la suya y que dice que preguntando a un Guardia civil por qué castigaba de aquella manera, éste le dijo que por que “con esta gente hay que hacer eso y mucho más” y también la de José Hernández, que al hablar de la cárcel de Plasencia lanzó inculpaciones contra el Alcaide de dicha cárcel á cuyas órdenes estuvo como demandadero, siendo expulsado según parece por su mala conducta.

Terminada la prueba pericial a las cinco y cuarenta y cinco, el presidente suspende la sesión por quince minutos.

Reanudada ésta, dan principio los informes y por estar ocupados por el público los bancos que se destinan á los periodistas, tenemos que escucharlos y tomar las notas necesarias para hacer la crónica de pié, cuya incómoda posición hace que perdamos las primeras palabras con empieza su discurso el

Sr. Saval

En las frases que llegan á nosotros, el representante del ministerio público dice que él habla bajo los auspicios de la justicia y que cree que el jurado de Plasencia que tantas pruebas ha dado de rectitud, dictará el veredicto de culpabilidad que va á pedirle.

Ocupándose de la política, causa verdadera del crimen en que se ocupa. Dice que no es cierto que esta no tenga entrañas como se ha dicho, y para probarlo basta ver la preponderancia que han alcanzado otras naciones en que la política está encomendada á hombres de buena voluntad. Relata los hechos poniendo de manifiesto la ambición del Agustín, que deseaba para sí la Secretaría del Ayuntamiento de Casas del Castañar, y el nombramiento de médico titular para su padrastro D. Casto.

Dice que el Deogracias en sus declaraciones ha dicho que el Agustín fue el que le indujo a perpetrar el hecho de autos y que las manifestaciones que hizo ante la Sala, de haber ejecutado el crimen arrastrado por los celos que tenía de su mujer, con miserables novelerías y afirmaciones gratuitas que no ha dudado arrojar al honor de su esposa, cediendo á los consejos é instancias de su compañero de banquillo.

  • No eran los celos, no- dice el Sr. Saval- los que le movieron á cometer el asesinato de que se le acusa, pues si á esto hubiera sido la causa, hubiera cometido el crimen en una de las veces en que el Hilario le dirige insultos tan graves y afrentosos como los que aquí él mismo nos ha contado.

El señor Fiscal dice que todo cuanto el procesado ha dicho respecto á la compra de la escopeta y de la pólvora y del hallazgo de las balas, es una farsa inventada para librar en algo al Agustín.

Al tratar de la Guardia civil, que según el Deogracias dice le castigó bárbaramente, el Sr. Saval elogia al benemérito y noble Cuerpo, único guarda de los intereses y personas de los ciudadanos. Niega que tengan fundamento las inculpaciones hechas al jefe de la cárcel de Plasencia.

Ocupándose de la inducción del Agustín, dice que está probado por los testigos que han declarado, relatando los ofrecimientos que éste hizo al Deogracias para el día en que triunfare su partido y añade que este hecho no es digno de un hombre de valor y de corazón, sino de un cobarde que no se atreve á practicar lo que aconseja á un infeliz. Para demostrar esta complicidad recuerda el señor Fiscal las declaraciones en que se dijo que al intentar salir el Agustín, recién hecho el disparo, se lo impidió su madre exclamando: “¡No salgas, que te van á culpar!”

Aprecia las agravantes de alevosía, premeditación y nocturnidad, y dice que los testigos traídos por las defensas no deben tenerse en cuenta; pues á más de no haber dicho nada de particular se pueden dividir en dos facciones, que son las de ser unos parientes y otros criados de los procesados.

A continuación refuta con valentía las atenuantes que aducen las defensas de embriaguez, falta de intención, arrebato y obcecación, etc., y termina su informe con un párrafo elocuente en que llama a la conciencia de los jurados para pedirles que conforme á justicia den un veredicto de culpabilidad.

El Sr. Ibarrola

Después de dedicar frases de elogio á su compañero de acusación y de decir que él en este juicio representa á la mujer sin esposo y al hijo sin padre, que piden justicia para su viudez y su orfandad, manifiesta que no es su intención formular cargos contra los acusados más graves que los formulados por el representante de la sociedad, sino representar fielmente á la ley, que como el sol á todos calienta y á todos ilumina por igual con el resplandor de sus rayos.

Hecha la división de su discurso en tres partes, que son: histórica, demostrativa y jurídica, empieza á ocuparse de la primera de modo que el crimen de que se trata no es un crimen vulgar, sino un crimen del que ha llegado á ocuparse la prensa madrileña, citando con otros periódicos á El Imparcial.

Dice que en este crimen no se ve la guapeza y valentía que se ve en otros cometidos á las puertas de la tabernas en que dos hombres se retan, pelean y matan noblemente y pecho á pecho, sino que aquí no hay más que vileza y cobardía rebosando por todas partes, no hay más que un criminal que compra y otro que se vende, mostrando canallescamente con un arma cargada de balas hasta la boca, y á todos apunta sin que le importe el número de víctimas. (Bien bravo).

A continuación hace una historia de la política en el pueblo de Casas del Castañar, y dice que el odio que las victorias de D. Pedro de la Calle habían almacenado en el corazón de la familia del procesado, salía envuelto en las palabras y ademanes de todos los miembros de esta familia; y antes de cometer el hecho, la maría Vicente, madre del Agustín, ya había ofrecido dinero en distintas ocasiones á diferentes vecinos del pueblo para que asesinaran á don Pedro de la Calle ó á su hijo Hilario. En 1894 se llegó a una alianza que en 1899 rompió el padrastro del procesado, y en 1901, habiendo perdido las elecciones municipales, la fracción capitaneada por Agustín de la Calle, éste encuentra el instrumento que para llevar á cabo su venganza no pudo encontrar su madre en el procesado Deogracias Martín.

Con gran lujo de detalles y con frases elocuentes y vigorosas hace mención del hecho de autos, poniendo de manifiesto la inducción del Agustín que no se sintió con el valor suficiente para lleva á cabo el crimen que cometió su cómplice.

Al trata de las declaraciones del Deogracias, dice que á lo que ha venido á la sala es á salvar al Agustín aun á costa de la honra de su mujer y para probar sus afirmaciones cita la declaración de la María Talavera, que dijo que al entrar en casa de su marido después de cometer el delito se echó en sus brazos diciendo que el Agustín la había perdido y había querido matarle cargando hasta la boca el arma cuyo disparo produjo la muerte del señor Ramos y las heridas del Hilario.

Aprecia con el Sr. Saval las agravantes de alevosía, premeditación, nocturnidad y precio y refuta con lógica las atenuantes que las defensas aprecian de imprudencia temeraria.

El Sr. Ibarrola concluye su informe diciendo á los jurados que confía en su conciencia y rectitud pidiéndoles un veredicto de culpabilidad para los procesados y añadiendo que de poderse condena á uno solo el condenado debe serlo siempre el inductor del Deogracias, ó sea el Agustín.

A las ocho y treinta el presidente suspende la sesión hasta la mañana de hoy.

El público abandona la Sala haciendo comentarios y deducciones del discurso del acusador privado que ha sido notabilísimo y en todas las conversaciones se refleja el interés con que se esperan los informes de los defensores Sres. Rosado y Herrero.

Quinta sesión.

A las once de la mañana á pesar de haber sido anunciada para las diez da comienzo la sesión quinta de esta célebre causa ante un público que llena la Sala.

Concedida la palabra á la defensa del Agustín, da principio a su informe

El Sr. Rosado.

En un párrafo florido con que encabeza su defensa dice que viene á refutar los cargos hechos por las acusaciones, porque la justicia brille para todos, y que viene á borrar los calificativos de canallas y viles lanzados sobre los procesados y que aún flotan en el ambiente que se respira en la Sala.

Dice que el Pedro de la Calle quería gozar de la impunidad que le proporcionaba su influencia y relata á la ligera los hechos deteniéndose al ocuparse del honor mancillado del Deogracias, y de los apetitos brutales de Hilario Calle, á quien califica de burgués acomodo y caprichoso.

El acusador particular –dice- al pedir que condenéis á los dos procesados y que de condenar á uno sea el Agustín, representa aquí al Pedro de la Calle en cuyo corazón mora ese deseo que ha expresado su representante en este sitio.

Afirma que el odio entre estas familias no existe, pues ningún testigo lo ha declarado; que lo único que hay son enemistades políticas y que el odio, caso de haberle, existiría entre el Pedro de la Calle y la María Vicente, pero no entre el Agustín y el Hilario.

A continuación muestra una carta de un sacerdote que impulsado por su conciencia le escribió diciendo: que el Agustín guardó siempre buenísima conducta y á veces le mandó á él mismo ir á casa del Pedro para procurar una reconciliación.

A fin de que alcance nuestra edición, cortamos aquí el elocuente informe del reputado abogado, que en número de mañana terminaremos de reseñar juntamente con el razona del Sr. Herreros, y el resúmen que esta tarde hace el Sr. Cisneros.

Para terminar consignaremos que al finalizar las defensas y preguntar el presidente á los procesados si tenían algo que añadir, el Agustín manifestó que deseaba se le pusiera en libertad porque es inocente, y el Deogracias que se siguiera causa á su mujer, por envenenamiento frustrado y adulterio.

Al salir de la Sala preguntamos á los procesados por el efecto que los informes de sus defensores les habían causado, y ambos nos contestaron que estaban satisfechísimos.

EME

Periodismo de tribunales

Ahora que las noticias de tribunales, según sean los inculpados, pueden ocupar grandes espacios en las televisiones y resto de medios de comunicación, conviene recordar que hace más de un siglo, había periodistas que seguían, con verdadero interés, los casos que llegaban a tribunales. Y lo hacían siguiendo, con paciencia y atención, el desarrollo de las jornadas del juicio, tratando de transmitir a sus lectores de la manera más fidedigna lo pasaba ante la sala correspondiente. Y, también, añadiendo un punto de vista lo más ajustado a la posición ideológica del medio.

Esta es la crónica, de varias jornadas, de la vista en la Sala de la Audiencia provincial de Cáceres, del juicio por el crimen de Casas del Castaña, publicada en el Diario de Cáceres a partir del 21 de octubre de 1903.

Cabecera de el Diario de Cáceres

Pasen y lean.

El crimen de Casas del Castañar (I)

Ayer [20 de octubre de 1903] comenzó en la Audiencia provincial la causa del Juzgado de Plasencia que encabeza estas líneas y que tanto interés ha despertado por las opiniones tan divididas que acerca de su origen existen si bien es la creencia más general que el matador obró en un arrebato de celos.

El hecho

Según el ministerio fiscal en sus conclusiones provisionales expresa, parece tener su origen en los disgustos de índole política que mediaban entre la familia de Agustín de la Calle (uno de los procesados) y de Pedro de la Calle, Juez municipal de Casas del Castañar, disgustos que se avivaron porque la familia del Agustín no consiguió que el padrastro de éste fuera nombrado médico titular de dicho pueblo.

Agustín concertó con Deogracias Martín (el otro procesado) la muerte del Pedro ó de su hijo Hilario, prefiriendo á este último, para lo que tuvieron varias entrevistas mediando ofrecimientos que dieron por resultado entregar Agustín á Deogracias una escopeta cargada, advirtiéndole que tirara sobre seguro y no le descubriera.

Deogracias en la noche del 5 de Agosto de 1902 halló ocasión para cometer el hecho, pero con tan mala fortuna que la víctima del disparo lo fue el maestro don Fernando Ramos, quedando herido solamente el Hilario, que era á quien iba dirigida la agresión.

Leídas por el Sr. Carreras las pruebas documentales de ambas partes se procede al examen del procesado

Agustín de la Calle

que está afiliado al partido conservador y es enemigo político de Pedro de la Calle. Su declaración es muy larga y ayer no pudimos transcribir por falta de espacio, se reduce a negar su participación en el hecho ni directa ni indirectamente diciendo que él es una de las muchas víctimas del caciquismo del siglo XX [sic], y que si se vé envuelto en esta causa es porque se oponía á que en el pueblo se violaran los derechos de nadie y entre ellos los suyos.

Declara después

Deogracias Martín

Dice que él jamás se propuso matar al maestro sino al Hilario de quién estaba cansado de sufrir amenazas. Pide permiso para contar una historia que empieza desde su casamiento, y que puede creerse sea el verdadero motivo del crimen y una vez que le es concedido cuenta actos repugnantes que pasaron entre el Hilario y su mujer y que son el motivo sobrado para obcecar á un hombre cualquiera que fuera víctima de ellos. Su narración salpicada de frases groseras y de palabras malsonantes parece fatigarle mucho, como si los recuerdos que tiene le atormentaran, y el procesado pide agua tres veces, ordenándole el presidente que se siente, á lo que no accede.

Confiesa que suele embriagarse un poquito, y termina su declaración diciendo que la Guardia civil le maltrató y que si firmó ciertas cosas fue porque le amenazaron de muerte.

Prueba testifical

Terminado el exámen de los procesado comparece la testigo

María Talavera

Es la mujer de Deogracias, y según éste, la amante del Hilario; representa tener unos 27 años y su cara y su tipo nada tienen de particular pudiendo decirse que es fea.

Su declaración es una declaración en extremo cómica, mueve mucho los brazos y hace muchos gestos que producen risas en el público que llena la Sala.

Dice que en los años que lleva de casado no ha reñido nunca con su marido, negando que el Hilario la persiguiera. Afirma que el Deogracias mató por orden del Agustín y dice que su marido es incapaz de matar á nadie sino le instigan para ello.

Al llegar a este punto, declara con un tono patético que hace reír en vez de conmover.

Careo

El Sr. Ibarrola (acusador privado) pide que se caree al Agustín con la testigo sobre si aquél estuvo en casa de ésta la noche de autos. El careo no arroja luz ninguna sobre la causa, pues los dos mantienen sus afirmaciones con calor y habiendo llegado á un punto en que ambos empiezan á dirigirse insultos, entre ellos el de adúltera, que Agustín dirige á la María, el Sr. Presidente ordena se retire la testigo.

Segunda sesión

Cuando por la tarde entramos en la Sala en que se celebra este juicio, se estaba verificando un careo entre el procesado Deogracias y el amante de su mujer Hilario.

Se recuerdan dichos y hechos que hacen creer en la veracidad de lo sostenido por Deogracias y una vez que terminan declara

Pedro de la Calle

Es el Juez municipal de Casas del Castañar. Dice que el Agustín le amenazó varias veces si no hacía que su padrastro fuese médico titular; después relata la historia de las elecciones municipales de 1901 y termina diciendo que la madre del Agustín ofreció dinero para que le mataran.

La declaración de D. Andrés Abelino no tiene gran interés.

Patricio González

Que declara después, dice que la noche del hecho estaba en casa del Agustín y que al oír el disparo y disponerse á salir, entró una mujer diciendo: “¡no salir, no salir, que culpan aquí!”

María Palacio y Brígida Iglesias nada dicen de nuevo que merezca consignarse. A continuación comparece la madre del Agustín

María Vicente

Haciendo uso de las facultades que la ley le concede, manifiesta no querer declarar.

Incidente

El Fiscal Sr. Saval pide á la Sala le conceda preguntar á la testigo con referencia al Deogracias, pero el Sr. Rosado dice que siendo el Agustín el que aparece como instigador del crimen, cualquier pregunta que se haga tiene que estar relacionada con su defendido. El Sr. Saval insiste y empieza una serie de preguntas que son protestadas por el Sr. Rosado, retirándose la testigo.

Vicente Martín y Demetrio Golguero que declaran después dicen que el Alcalde les mandó ir á un lugar donde oyeron hablar á la María y á su hijo Agustín, pero no hicieron antes ninguna manifestación porque no querían compromisos.

María García, Pedro Chorro y Narciso Claro, no dicen en sus declaraciones nada nuevo, y el Cabo de la Guardia civil de puesto en Casas del Castañar que fue el que hizo la detención, añade á lo declarado por otros, que el Deogracias confesó su delito diciendo que compró el arma en Plasencia, así como también la pólvora y el pistón, encontrándose las balas en un cancho, pero más tarde dijo que el Agustín fué el que le dio la escopeta. El presidente suspende la sesión por diez minutos y nosotros abandonamos la Sala en vista de lo avanzado de la hora, oyendo al par que el Sr. Cisneros se propone terminar en la noche la prueba testifical.

Tercera sesión

Continúa la prueba testifical

Abierta la sesión á la diez y minutos, desfilan ante el tribunal unos treinta testigos, cuyas declaraciones en su mayor parte, confirman todo cuanto dijo el procesado Deogracias, en lo que se refiere á las relaciones de su mujer con el Hilario de la Calle, si bien existen algunas variaciones en los detalles.

¡Qué vergüenza!

Entre los testigos ha llamado nuestra atención, casi sacándonos hondo pesar, un mocetón de veinte años que ¡no sabía hacer la señal de la cruz! porque, según dijo, no le habían enseñado.

Otro caso peor ocurrió con un niño de doce años, que preguntado por el presidente Sr. Cisneros respecto de quien era Dios, contestó que él no sabía que lo hubiera, porque tampoco se lo habían enseñado.

Un incidente

Ante el tribunal compareció también otro testigo, el cual se hallaba presente cuando el Hilario bromeó con la mujer del Deogracias. Dice que él fue á la tienda para comprar una soga cuando el Hilario cogió á la mujer del Deogracias por el cruce del pañuelo que llevaba puesto y la empezó a tocar.

  • “¿Y a Ud no le dieron ganas de hacer lo mismo?”- le preguntó el Sr. Saval.

El testigo se quedó callado y el público ríe. Nosotros fieles cronistas de lo que en la sala sucede, narramos el hecho huyendo de los comentarios.

Antes de casarse

Una testigo dice que la mujer del Deogracias sostenía relaciones ilícitas con el Hilario de la Calle antes de casarse. Confirmando este dicho cuenta que un día entró la María en su casa diciendo que se sentía enferma y después de mucho quejarse de que le dolía el vientre, abortó una criaturita metida en un saco.

  • “¿Y eso fue antes de casarse?”- preguntó el Sr. Preisdente.

  • “Sí señor, fue de moza”- dijo la testigo.

  • – “Vamos, no estaba mala moza”- replicó el Sr. Cisneros.

¿Atentado?

Esta misma testigo manifiesta, que la María, después de casada con Deogracias, pensó en envenenarle para quitársele de en medio.

El Sr. Cisneros dada la gravedad de esta revelación que constituye un delito, manda que conste en acta para proceder conforme á la ley.

En el atrio

A la una salimos de la Sala. En el atrio del Palacio de Justicia se comentaban mucho los incidentes de este juicio que cada vez despierta más interés, y la versión más general en el público es que el Deogracias mató por equivocación al maestro, si bien llevaba intención de matar al Hilario, pero no por indicaciones del Agustín, á quien se puede creer inocente, salvo por vengarse del que había mancillado su honor.

EME

Mientras la ciudad de Cáceres continúa sin matadero municipal (la Ley de Régimen Local de Rajoy eliminó esa competencia de las que venían teniendo los Ayuntamientos), por la nefasta gestión que del contrato que se adjudicó en su día a una asociación de carniceros hizo el Partido Popular y la fallida nueva adjudicación, hoy he querido recordar el antiguo Matadero que estuvo en la Barriada de San Blas. De aquella industria cárnica queda solamente el recuerdo en una calle, la Ronda del Matadero.

A comienzos del siglo XX, la ciudad tenía el matadero entre los nuevos edificios que se construían en la calle Parras y adyacentes, por lo que el Ayuntamiento decidió acometer la construcción de uno que fuera amplio, moderno y duradero en el tiempo.

Eligió para construirlo un terreno, descampado, situado entre las ermitas de San Blas y Santo Vito, ya en las afueras de la ciudad. La zona, con el paso de los años, comenzó, por otra construcción más pequeña pero muy significativa, a denominarse El Refugio.

El proyecto lo redactó el arquitecto Emilio María Rodríguez, que diseño una obra de fábrica a base de muros de mampostería y la cubierta con estructura de hierro, con una nave central a dos aguas y dos naves a un agua laterales. Con el tiempo, y dadas las necesidades que se vieron que deberían ser cubiertas, el Ayuntamiento propició la construcción de unos corrales anexos, y los ganaderos-carniceros solicitaban la posibilidad de construir cochiqueras.

Con el tiempo, sin embargo, corrales y cochiqueras fueron desapareciendo, y en los terrenos que ocuparon se construyeron viviendas económicas, en la posguerra, quedando, hasta bien entrados los cincuenta, un solo y amplio corralón en el que tenían lugar las paradas de la Yeguada Militar.

Actualmente, el solar que ocupó el Matadero, y que ocuparon los corrales a lo largo de lo que hoy es la Ronda del Matadero, fueron destinados a la construcción de viviendas, eliminándose las primeramente construidas y dejando una zona de parque que engloba el antiguo Refugio de Transeúntes, iniciativa del alcalde Antonio Canales, y la ermita de San Vito, cuyo aspecto cada vez más ruinoso debería ser corregido.

En el archivo histórico municipal pueden encontrarse desde el proyecto cuyos planos se reproducen en esta entrada (obtenidos del SIG del Ayuntamiento) hasta las peticiones de construcción de cochiqueras, o el proyecto de construcción del Refugio y de los corrales que se anexaron al Matadero.

Lo que no puede encontrarse aún en el Archivo es la memoria de muchos cacereños, que por su edad no acceden a las redes sociales, a través de las que, como esta entrada en mi blog, se recuerdan aspectos de la ciudad. Una memoria que, cuando se activa, muchos cacereños la tendrán presente: a medida que el Matadero fue perdiendo fuerza hasta ir desapareciendo su uso por anticuado, se fue incrementando la romería de San Blas. Muchos cacereños recordarán bajar a la ermita y ver enfrente de ella el Matadero.

Vale.

En una entrada anterior me refería a la puerta de un cercado que se dejó en medio de la Av. de la Hispanidad (junto a los Juzgados) y que, con el paso de pocos años, parece que se ha convertido en la puerta de un antiguo cementerio. Cementerio que nunca existió en ese cercado, y sí, más alejado, junto a la ermita del Espíritu Santo.

Cuando la historia hemos de bucearla en documentos antiguos, con diversas fuentes, y la paleografía y la antigüedad de esos documentos nos hacen dudar sobre fechas, acontecimientos o hechos históricos, se pueden producir algunos desencuentros entre realidad, historia y ficción.

En este caso, en el de la puerta de la Huerta del Conde, no es preciso acudir a esos documentos históricos (si acaso, a algunos documentos urbanísticos muy recientes) para datar y para ubicar, por ejemplo, la originaria puerta de una finca que, por diversos motivos sí encierra algunos datos suficientes para su consideración. Valga un ejemplo: es la primera huerta regada por el Río de la Madre, o por la Ribera, o por la Fuente del Rey o por El Marco, que esas cuatro acepciones caben en este caso. Y es la primera porque es medianera, lindera, con El Marco.

Cuando la finca pertenecía al Conde del que recibe su topónimo, era un lugar de encuentro, sobre todo en los siglos XIX y primera mitad del XX, de la burguesía cacereña.

Puertas de c. 1914 y c.2013. Archivo Histórico Municipal

En la web del Servicio de Información Geográfica del Ayuntamiento de Cáceres aparece, en el apartado de fotografías de calles, una doble imagen, aportada desde el Archivo Histórico Municipal con dos fotos: una, de la puerta noble de la finca y otra de la puerta “abandonada” al final de la Av. de la Hispanidad, como si ambas imágenes pertenecieran a la misma portada.

Sin embargo, la imagen que el archivo histórico data aproximadamente en 1914, sí corresponde a la puerta noble. La otra, no.

Porque con motivo del desarrollo urbanístico de la ciudad, de la Unidad de Ejecución de la Ribera del Marco, una parte importante de la Huerta del Conde se incorporó a la urbanización, otra parte, en la margen derecha de la Ribera, pasó a titularidad de la administración actuante (Ayuntamiento), y el resto, que incluye la casa principal y las zonas ajardinadas propias, quedaron fuera del Proyecto de Compensación.

Al modificarse, por tanto, los linderos de los terrenos, la finca que sigue denominándose Ribera del Marco fue deslindada, físicamente, de la Unidad de Ejecución a la que se incorporaron los demás terrenos y, es muy posible (habría que acudir a los proyectos de Urbanización y Compensación de la Unidad de Ejecución) que la Agrupación de Interés Urbanístico o Junta de Compensación (API 28-01 “San Francisco 07” PGM Cáceres), asumiera ese deslinde, ejecutándose el cerramiento que actualmente existe y que será más visible cuando finalicen las obras de la Ronda Sureste actualmente en marcha.

Portada original en su ubicación actual

Y es en ese cerramiento donde encontramos la fábrica original de la puerta noble de la Huerta del Conde, completada con una cerrajería que no es la original, ya que, en lo que me alcanza mi memoria a recordar, esa puerta siempre fue de madera, a doble hoja, y con una puerta peatonal en una de dichas hojas.

No trato de corregir nada ni enmendar nada, sino de hacer patente que este tipo de detalles se clarifiquen, se documenten en el momento de su realización y que no den lugar a futuras interpretaciones.

Vale.

En estos tiempos de fake news y de opiniones encajadas para ser premiado, siquiera (y es mucho) con el inane reconocimiento de otros provincianos, circula algún que otro componedor de frases, a veces con cierto sentido, a veces con el único sentido del odio aprendido de tantos años de ejercicio, que uno echa en falta a aquellos auténticos componedores de sillas de mimbre en las que los convecinos se sentaban al caer la tarde veraniega, después de regar las macetas y dar un poco de frescor y humedad al ambiente.

Esos componedores de frases son una recua de lo que ellos se creen “escritores” por el simple hecho de juntar letras y conocer (y cuando no, pagar) a impresores que las den forma de libros, y tan malos resultan que ni siquiera sirven para calzar el escaño del zaguán de la que fue la casa de los honrados abuelos.

Pero suelen formar parte de una cuadra (cada ganadero tiene la suya), y que se dedican a la alabanza de sus iguales y el denuesto de los rivales. Sirven para rellenar alguna columna, o dos, de los libelos que van quedando en papel. También son banderines de enganche (como aquellos que tenía la Legión) a los que se pega la especie que más consume esa diatribas: los que leen (otra cuestión es la comprensión lectora) esas columnillas tomando un café aguado.

Seguro que los seguidores de esos libelos provincianos conocen a algún sujeto de esta especie de componedores, Incluso, hay periodistas de plantilla que han transformado sus reportajes o artículos en croniquillas en las que, mediante el halago de sus iguales siempre dejan ver el insulto a los que no lo son.

Como soy de provincias, de vez en cuando veo, leo e intento comprender (la capacidad de transmisión de algún componedor es manifiestamente mejorable) de qué van esas letras (las 500 palabras, por ejemplo, que tiene que tener para encajar en el hueco del papel), y en ocasiones tropiezo con alguno cuya intención comunicadora sigue, como en sus muchos años anteriores, presa de los mismos barrotes, de la misma cárcel.

Vale.

La nueva normalidad que se vislumbra tras un aparente próximo final de la pandemia por conoravirus COVID-19 era esto, era volver a los fascistas tomando las calle montados en los vehículos de alta gama que pasean ostentóreamente (Gil dixit).

La nueva normalidad era que, ante un aparente final de la pandemia, los fascistas volverían a exhibir su bandera, sí, la suya, sujeta con palos con los que agredir a quienes creen, ingenuos, que es la bandera de todos.

La nueva normalidad era que, cuando intuyen que los servicios públicos les han salvado de la pandemia, volverían a reclamar sus recortes, sus diatribas contra la sanidad pública, con la educación pública.

La nueva normalidad era que, cuando visualizan el fin de la pandemia a la que ellos no se han enfrentado y han dejado que sea el pueblo quien lo haga por ellos, reclaman lo que siempre han creído: que el poder les pertenece por derecho natural, por designios divinos, como ponía en las monedas acuñadas por Paca la Culona, por la gracia de Dios.

La nueva normalidad, al final, es que quienes detentaron siempre el poder, ahora lo reclaman contra quienes lo ostenta democráticamente.

La nueva normalidad es volver a poner “en su sitio” derechos (los de ellos) y obligaciones (todas las nuestras) y colocar en medio, como barricadas, su bandera. Sí, la suya exclusivamente.

Vale.

En enero de 2020, la congregación de las Hermanitas de los Pobres anunció su marcha de Cáceres después de más de 140 años en la ciudad. Las razones se pueden ver en las noticias de mediados de enero. La residencia de ancianos que regentan, se cierra y la marcha de la ciudad de las monjas hacen que el inmueble esté ahora mismo en el mercado inmobiliario.

Hace poco menos de un mes, El Corte Inglés anunció el cierre de la planta de INDUYCO en la ciudad. Una industria que llegó a tener más de 600 trabajadores, aunque ya solamente queda menos de 40. Según la información de la empresa, será en el primer semestre de 2021 cuando echen el cierre.

Cuando nos llegue la nueva normalidad y, ojalá, se encuentre una vacuna contra el COVID-19, Cáceres se encontrará un poco más cerrada de lo que ha venido estando en los últimos años. Cerrada por falta de uso.

No parece que tras lo sucedido con el coronavirus, el edificio de las Hermanitas de los Pobres (conocido también como “Mi Casa”), haya empresas privadas, inversores privados que apuesten por comprar el inmueble y mantener su uso como residencia de mayores. Y otros usos, como hoteleros, tendrán que someterse a la nueva normalidad, a los nuevos requisitos que hayan de reunir las nuevas aperturas de hoteles si, como parece, se modifican de manera sustancial.

También puede resultar complicado encontrar inversores privados para la adquisición de la fábrica textil que cerrará próximamente. La “nueve normalidad” tendrá efectos negativos sobre las inversiones privadas, pero, al mismo tiempo, creará nuevas oportunidades de negocios, lo que podría posibilitar a El Corte Inglés encontrar compradores para su fábrica.

Se me antoja más fácil “dar salida” en la “nueva normalidad” a la fábrica textil que al inmueble de las hermanitas de los Pobres. Solamente una modificación, compleja, del PGM para facilitar su uso residencial, con una rentabilidad alta (aumento significativo de las superficies construidas), serían una opción. Pero no parece que un PGM prácticamente sin estrenar desde su aprobación en 2010 pueda ser sometido a una tensión tan alta.

Cuando escribo esto, (viernes, 8 de mayo de 2020) los sindicatos y asociaciones de profesores consideran prematuro abrir los centros escolares y menos aún realizar actividades presenciales. En este debate, sobre cuándo realizar la vuelta a la escuela y en qué condiciones, hemos de considerar interesante la posibilidad de reducir la ratio de alumnos por aula, con dos variables: aumentar el número de profesores y aumentar el número de aulas. Alternativamente, la formación online debería ser reforzada, y mucho, para poder disminuir las necesidades de nuevo profesorado y de nuevas aulas.

Además, habrá de evaluarse cómo acometer la reapertura de centros escolares tanto de la ESO, Bachillerato, FP y, también, la Universidad. Los centros escolares de todo tipo habrán de adaptarse a la “nueva normalidad” hasta tanto se encuentra una vacuna eficaz, lo ahora mismo es un futuro demasiado incierto, a pesar de las múltiples investigaciones en marcha.

Analizar los recursos con los que cuenta la ciudad para aminorar el impacto, especialmente sobre los espacios físicos disponibles para la enseñanza presencial, incluiría inmuebles cerrados (de titularidad pública, principalmente) y su adscripción a nuevos usos. O inmuebles privados convertibles en uso docente, que pudieran asumir un número de alumnos suficientes que ayudara a racionalizar las necesidades adaptadas a la realidad. Un ejemplo, a vuela pluma, sería llegar a un acuerdo con El Corte Inglés y convertir la fábrica de INDUYCO en un centro de Formación Profesional para la familia textil, siempre que pudiera facilitar un número adecuado de plazas para alumnos.

Dejo fuera de esta reflexión los centros privados, que habrán de adaptarse, sean o no concertados, para conseguir un modelo de enseñanza lo más homogéneo posible en la ciudad, y también otros centros escolares o de formación que estarían en la misma disyuntiva de adaptarse a la “nueva normalidad”.

Vale.

DESPEDIDA Y CIERRE

Ahora, con el inicio de las distintas fases de la desescalada que nos deben llevar a la nueva normalidad o lo que sea eso, doy por finalizada esta serie de entradas que me han servido para conocer, siquiera sea de modo parcial, cómo era la sociedad cacereña de comienzos del siglo XX, con alguna incursión en finales del XIX.

No sabemos cómo y en qué consistirá esa nueva normalidad a la que nos dirigimos, y, al mismo tiempo, hemos estado más o menos encerrados en nuestras casas cuarenta y cinco días.

Hemos tratado de muchas maneras de hacer llevadero el confinamiento (en mi caso, una parte ha sido escribir las anteriores entradas en la web), mirarnos un poco en un espejo que se ha ido apagando al mismo tiempo que el virus nos va haciendo cada vez más presente que lo más probable será que muchas cosas no volverán al ser anterior.

Vale.

VULGARIDAD

Los periódicos locales de principios del Siglo XX estaban al servicio de ideas políticas, con las dos líneas básicas: liberales y conservadores. En algunos casos aún permanecen restos de algún sector republicano (hasta la muerte de Salemerón) y al servicio concreto de candidatos de ambos sectores. Además, estaban dirigidos a las clases superiores, las que tenían “cultura” y medios para la compra de los periódicos. El DIARIO DE CÁCERES publicó el 6 de noviembre de 1903 un suceso ocurrido en una taberna de la calle de Nidos, nº 3, y lo hizo “á pesar de su vulgaridad”. Las clases populares, además de pobres eran vulgares. Claro.

EL SUCESO DE HOY

Esta mañana ocurrió en la taberna que existe en la casa número 3 de la calle de Nidos, un suceso que á pesar de su vulgaridad ha interesado mucho al pacífico vecindario de aquellos alrededores.

El hecho

tal como fue referido al Juez de Instrucción es como sigue: Tomasa Gómez Pizarro, dueña del establecimiento, viuda y con dos hijos de corta edad, tiene una hermana casada en Plasencia con el alguacil de aquel Juzgado de quien tuvo á Julio Aceves Pizarro, protagonista del hecho que nos ocupa.

Este hace ya tiempo que vino á Cáceres, sirviendo como cochero en la casa de carruajes de Peña y Ramos; pero habiendo quedado cesante, se puso al frente del establecimiento de su tía, en cuya compañía vive, para ver si ayudándola en su comercio podían salir de la situación en extremo precaria en que se encuentran.

Esta mañana el Julio fue á la estación, donde tomó unas copas de aguardiente, y de regreso almorzó con su tía diciéndola que iba á salir, como en efecto lo hizo, dirigiéndose a otro establecimiento de bebidas, de donde le sacó la Tomasa haciéndole volver á casa.

Una vez en ella se encerró en un cuartucho, donde comenzó a disputar consigo mismo y á decir que no había hombre que se pusiera con él, saliendo al corral y creyéndose enemigo de sí propio, se infirió una puñalada, haciéndose una herida por la que comenzó á arrojar bastante sangre.

La herida

Avisados los agentes de la autoridad, penetraron en la casa, mientras otro compañero acudió á buscar á los médicos Sres. Sánchez Orduña y García Aguilera, que ayudados por el practicante Sr. Martínez, reconocieron la herida. Esta, que está situada en los cartílagos de las costillas falsas, tiene centímetro y medio de profundidad y es de pronóstico reservado.

El arma

con la que se la ha causado es una navaja ordinaria de 12 centímetros próximamente, de la que se incautó el Juzgado.

El Sr. Cardenal y el Escribano Sr. Gaona instruyen las diligencias procedentes y el herido hecha que fue la primera cura pasó conducido en la camilla al Hospital provincial.

Vale.

¿Qué será eso de la nueva normalidad? ¿Cómo será? ¿Cuánto nos afectará?

Cuando ayer, 28 de abril de 2020, el presidente del Gobierno se refería a la nueva normalidad y vi el “furor” causado por la expresión, no me quedó más remedio que escuchar la comparecencia entera (sin las preguntas de los “periodistas”). Más que nada por hacerme una ligera idea de a qué se refería.

Parece que los efectos de la pandemia causada por el coronavirus o COVID-19 van a ir más allá del tiempo que se tarde en doblegar la curva o de declarar superada la pandemia. De hecho, y fue una de las cosas que afirmó Pedro Sánchez es que no habrá fin de la pandemia hasta que no se encuentre una vacuna eficaz que prevenga de nuevos contagios masivos. Por lo tanto, más allá de la desescalada (otro concepto nuevo que asumimos con absoluta “normalidad”) habrá que seguir manteniendo algunas pautas, tanto sanitarias y de higiene individual, como de protección. Fue curiosa la afirmación de Pedro Sánchez de que hasta que se encuentre la vacuna, será “altamente recomendable” el uso de mascarillas en transportes públicos, en espacios con numeroso público, etc. Usar mascarilla hasta que aparezca la vacuna será un elemento de la nueva normalidad. No llevarla, sin que exista vacuna, se convertirá en un elemento de la “vieja” normalidad, que será una práctica peligrosa.

Pero habrá otros elementos a tener en cuenta en esa nueva normalidad, y pensando en diversos escenarios, podrían tener algunas prácticas preventivas. Ahora ya es habitual que en los colegios públicos, los niños más pequeños tengan un horario de recreo, y cuando es posible, un espacio, diferenciado de los más mayores. En un futuro, un colegio con 350-400 alumnos, tendrá que prever situaciones en las que las aglomeraciones sean menores. Seguramente, los consejos escolares y las ampas tendrán que valorarlo.

Lo mismo sucederá en los centros de ESO, en las Facultades Universitarias (sobre todo en este caso en los primeros cursos, que es donde más alumnos se concentran).

En la nueva normalidad se irán produciendo implantación de nuevas “normas” que modulen las concentraciones en poco espacio de muchos ciudadanos, o que por las actividades que estos realicen pudieran estar expuestos, sin vacuna previa, a producir contagios.

Frente a las nuevas normas que surjan, bien desde decisiones políticas y/o administrativas, hasta regulaciones propias de colectividades o empresas, se mantendrán dos niveles, a mi juicio, de reticencias. Por un lado, se producirá un número de voces discordantes negando la necesidad de nuevas normas en base a criterios puramente dogmáticos o políticos. Estas discordancias se irán resolviendo en la medida de que la sociedad vaya aceptando las nuevas reglas de funcionamiento, o, si se produce un mayoritario y evidente rechazo, manteniendo las anteriores a la declaración de pandemia. Por otro, estarán las reticencias basadas en conceptos muy concretos, en actividades muy concretas, que no cuestionarán de plano las nuevas normas, pero que pretenderán que las que los colectivos que impulsen la negativa a aceptarlas, puedan, de modo expreso, volver a prácticas sociales previas a la aparición del COVID-19.

En esa nueva normalidad, tendrán un papel preponderante las alarmas sanitarias de cualquier índole, reales o sobredimensionadas, que obligarán a los gobiernos a adoptar medidas preventivas. Ejemplo de esto último, lo tuvimos ya en España con una amenaza de gripe que llevó al gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero a hacer un acopio de vacunas que luego resultó que fueron necesarias. Ahora sería distinto: además de las decisiones políticas de prevenir mediante stocks de productos sociosanitarios, estarían las decisiones políticas y administrativas de regulación expresa de las relaciones sociales.

Vale.