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Cáceres, la capital de la provincia, es una ciudad peculiar, sobrada de provincianismo, pero llena (dentro de lo que cabe) de funcionarios, camareros y pensionistas (también muchos pensionistas que fueron funcionarios). Morfológicamente, podría decirse que es un pueblo con rotondas.

El gobierno de la ciudad ha estado, desde 1995 (salvo la legislatura 2007-2011), gobernada por un Partido Popular lleno de (dentro de lo que cabe) de funcionarios, cofrades y abogados.

Desde 2019, junio de 2019, el gobierno de la ciudad lo ejerce, como minoría mayoritaria, el PSOE. Y en un año, el actual gobierno municipal debería haber resuelto, de una vez por todas, todos los problemas que tantos años de gobiernos de derechas no solamente no resolvieron, sino que ni siquiera enfrentaron. Y ello con los últimos 5 meses inmersos en una pandemia, la del coronavirus, a la que los científicos no parecen poner fin.

Pues bien, uno de los causahabientes del Partido Popular, el actual portavoz y perdedor claro de las últimas elecciones municipales, un tal Mateos, va a plantear en el pleno que se resuelvan todos los males que aquejan al comercio local.

Paseo de Cánovas. Cáceres.

Que estamos en medio de una pandemia… a ellos, a los del PP, les da igual. Los asuntos que ellos no fueron capaces ni ver de lejos, han de ser resueltos en quince días.

Que la ciudad padece un retraso (ya endémico) de varias décadas sin saber qué hacer con el comercio local… a ellos, a los del PP, ni mirarlos. Nunca han tenido nada que ver con ese deterioro.

Además, el planteamiento que el portavoz del partido perdedor de las elecciones, es una moción al pleno llena de lugares comunes, tópicos, como rescatando textos de la hemeroteca histórica que tanto me gustan a mí. Saben que la moción se la leerán los concejales, la debatirán, seguramente, después de un tira y afloja sin chicha, hasta se apruebe por consenso.

Pero saben, también, que si eso sucede, nada cambiará.

Para que una ciudad provinciana, cerrada por falta de uso, como su comercio, despierte, el primer paso sería arrojar con aspavientos la burocracia política (que también la hay) y no hacer caso a mociones que están hechas con la desgana del que va a comprar plátanos y el frutero le dice que no tiene, que tiene bananas. Y con tal de no ir a otra frutería, aunque esté a 10 metros de distancia, se lleva las bananas.

La ciudad necesita un punto de arranque doble: por un lado, una ciudadanía, una parte de ella que sea medible, cuantificable, que quiera apostar por el futuro, y, por otra, un liderazgo social y político que debiera ser ejercido por el actual equipo de gobierno, joven y determinado.

Y la primera medida, no aprobar la moción “de compromiso”, de decir “hemos cumplido y hasta otra” que plantea el partido perdedor de las últimas elecciones, y concitar en torno a un ayuntamiento socialmente fuerte y comprometido a todos aquellos ciudadanos que estén dispuestos a ser comprometidos con la ciudad.

Vale.

Casi a finales del siglo XIX se produjo en Plasencia un suceso que tuvo repercusiones en la prensa de entonces, incluida “la prensa de Madrid”. El escritor Víctor Chamorro tiene un libro publicado sobre el asunto, con el título “El muerto resucitado”. Se trataba de un dilema entre una posible apropiación de personalidad o un error en la identificación de un paciente muerto en el manicomio de San Baudilio de Llobregat.

Plasencia, en aquellas fechas, se convirtió en punto de referencia informativa gracias al muerto (o al resucitado). El asunto tuvo un largo recorrido judicial, lo que mantuvo el interés por conocer la verdad, si es que se llegó a conocer en algún momento.

El 10 de agosto de 1887, el diario republicano-progresista EL PAÍS publicaba la siguiente crónica.

El muerto resucitado.

Con el título Para rectificar, publica El Noticiero¸ de Plasencia, un artículo encaminado a demostrar la existencia verdadera del Sr. Campo Barrado.

Según el articulista, hay quien, deseando conocer ó investigar las probabilidades de si es ó no don Eustaquio Campo Barrado el hombre que vive en aquella ciudad, y que la generalidad reputa como tal, ha creído medio seguro para despejar la incógnita averiguar si el hombre en cuestión era instruido y revelaba conocimientos científicos y buena educación, iguales á los que tenía antes de su locura el rico heredero, á quien se dió por muerto en el manicomio de San Baudilio de Llobregat.

Imagen de Esteban Campo Barrado.

Pues bien: de las averiguaciones hechas en este sentido, resulta que el D. Eustaquio es instruido, que haba sin vaguedad ni vacilaciones de infinidad de materias, como no lo haría el que careciese de una esmerada educación. Quién ha discurrido con él sobre historia de España, quién sobre geografía, quién sobre derecho canónico, y en todos estos ramos reveló poseer grandes conocimientos.

«Pero aún hay más, añade el autor á que nos referimos; de ciencia propia nos consta, porque en la conversación tomamos parte, aunque pequeña, que no solo conoce la historia patria, sino la eclesiástica y aun la extranjera. Se habló de Francia, pero de la Francia de Rechelieu y de Mazzarino y de la política de los dos, de cuál de ellos parecía más hombre de Estado y tuvo mejor administración; y como era natural, tratándose de hombres de Estado y Cardenales, giró la conversación sobre nuestro inmortal Cisneros y el habilísimo Alberoni, pronunciándose en el cotejo, aunque no sin discusión, por aquello de: Españoles sobre todo. Conoce bien el período histórico de la estada del Pontificado en Aviñón y algo sobre la política de aquellos tiempos, en todo lo cual revela una instrucción que no se hermana bien con la pobre y descuidada educación que reciben generalmente nuestros artesanos.»

De todo esto, que es público en Plasencia, deduce el redactor de El Noticiero, que el individuo de que se trata no es Eugenio Santa Olalla Palomar, sino D. Eustaquio Campo Barrado. El artículo termina con esta interesante revelación:

«Ni una frase malsonante de le oye jamás acerca de los que le desconocen, ni un pensamiento mezquino sobre la situación que se le ha causado, ni una queja por su vida accidentada y azarosa; antes bien, le hemos oído deplorar que el dinero juegue papel tan principal en la vida humana, siendo el nivel de multitud de acciones punibles. Es más, nos decía una tarde con ingenuidad: no he venido á molestar á nadie, ni á pedir nada á nadie; creí que los años y los trabajos me habían desfigurado y podría pasar desconocido en mi propio pueblo; me han provocado sin necesidad, yo hubiera guardado un absoluto silencio. Todo esto revela grandeza de ánimo, desinterés y generosidad, bellos sentimientos que indican al caballero de buena educación.

Complétase esto por las buenas formas sociales en todo hombre fino y correcto en sus modales. Que todo ellos se encuentra en nuestro hombre puede verlo cualquiera que á él se acerque, pues no se niega á nadie ni tiene por qué esconderse, y se convencerá de que nada exageramos en lo que venimos diciendo, sino que es la verdad lisa y llana, que no es fácil oscurecer, aunque se haya intentado por varios caballeros particulares, que desearíamos abundaran en la misma delicadeza de sentimientos y buenos deseos que distinguen al caballero de que venimos ocupándonos.»

El interés que este proceso despierta es cada día mayor, y no se comprende ciertamente la tardanza que en resolverlos observan los tribunales.

El asunto del muerto resucitado de Plasencia tuvo su andadura judicial y ha sido motivo de trabajos diversos, como el ya citado de Víctor Chamorro, si bien la crónica de El Noticiero que reproducía El País, tuvo un pequeño añadido en la carta que, firmada por el propio Eustaquio Campo Barrado, publicaron tanto el periódico local como el madrileño, en la que se citaba la repercusión de su proceso y su interés en no ser molestado en las idas y venidas al juzgado. Esta carta la reprodujo El País el 30 de agosto de 1887.

Edición de “El muerto resucitado”, de Víctor Chamorro.

El muerto resucitado.

El que así llaman en Plasencia, el que para unos es el propio Sr. D. Eustaqui Campo Barrado, que figura como fallecido en el manicomio de San Baudilio de Llobregat, y para otros un impostor, publica en El Noticiero de aquella ciudad y en gruesos caracteres lo siguiente.

Protesta

«En vista de la actitud de algunas mujeres y chiquillos, al presentarme en el juzgado para declarar, protesto que rechazo todas reuniones en derredor mío que pueda significar apoyo é interés en un obsequio, porque entiendo que no es buena la intención de quien me sigue sin ser llamado, y creo que lo que pretende es perjudicarme ante la autoridad y opinión pública; por cuya razón no considero amigo, sino más bien contrario, á cualquiera que se acerque á las inmediaciones del palacio de justicia cuando acudo á declarar.

Ruego á todos tengan muy presente que me perjudicar acudiendo donde voy, ó siguiéndome, y declaro que no llamo ni busco á nadie que acompañe cuando he de comparecer ante los tribunales.- E. Campo Barrado.»

El asunto del muerto resucitado de Plasencia, el devenir del juicio, las partes interesadas en la herencia en juego y todos los demás entresijos pueden ser ampliamente conocidos en la red.

Aquí he pretendido traer una muestra del interés sobre el asunto en la “prensa de Madrid”. Y, por cierto, esta fue lo único noticiable ocurrido en Cáceres y provincia para El País en todo el mes de agosto de 1887.

Vale.

En estos tiempos más recientes en nuestro país, asistimos a una degradación, a mi juicio, de lo que es el periodismo. Sí, aquello de se dice que decía Orwell de que “periodismo es contar lo que no quieren que se sepa, lo demás son relaciones públicas” (más o menos). Y también Orwell decía: “la libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír”.

Para mí, hace ya años que comenzó la deriva necia en la que estamos, y la libertad de expresión (de un periodista, de un medio) termina donde comienza la cuenta de resultados.

El 25 de junio de 1887, en el número 4, El País, Diario republicano progresista, incluía un artículo de Enrique Segovia Rocaberti, que en gran medida sigue teniendo vigencia.

¡Ser progresista!

¡Ser progresista! Apenas hay bachiller en Artes que no sueñe con su correspondiente plaza de redactor de fondo en el periódico de su predilección.

Enrique Segovia Rocaberti.

Los estudiantes de facultad mayor suelen tener más aspiraciones: no se contentan con menos que ser directores, al principio de un semanario, con ó sin monos (grabados), para convertirle, andando el tiempo, en diario de gran importancia.

Porque, ya se sabe, el periodismo es el escabel para subir á las más altas posiciones del Estado.

Esta errónea creencia, de la que menester curarse, está muy arraigada.

Es verdad que Sagasta ha ganado la cima de la presidencia del Consejo encaramándose por las columnas de La Iberia, y que el mismo Nido y Segalerva llegó hasta gobernador civil (superior) de Guadalajara é islas adyacentes en los zancos de El Siglo. ¿Pero cuántos Nidos, con mayúscula, hay por esos mundos de Dios?

Sin embargo, la carrera es tan fácil…

Como que todo se encuentra hecho.

Como las letras de fundición están en los cajetines de la imprenta, las frases hechas están ordenadas sobre la mesa de redacción.

Un periodista es un cajista de frases.

Todos los generales son bizarros; todos los banqueros, opulentos; todos los autores, aplaudidos; los diestros son arrojados; el público, numeroso y escogido; el lunch, espléndido; el jefe, ilustre, y si es viejo, respetable; los prelados, sabios y virtuosos; en fin, los timadores, conocidos.

¿Hay nada más fácil?

Pero es el caso que el periodismo no es esto. De aquí, las decepciones de mucho que se ahogan el primer día de noviciado.

Se aparece al director de un periódico un joven recién salido de las aulas, destetado con los Prolegómenos de Pisa Pajares, y dice:

– El Sr. Director…

El director (sin alzar la vista del recibo de Fabra que le acaban de presentar):

– Servidor de Ud. ¿Qué se le ofrece?

– Soy el recomendado de D. Bruno, su amigo.

– Ah, sí ¿Quería Ud. un bombo?

– No, señor; todavía

– Pues Ud. dirá.

– Quisiera compartir con ustedes las tareas del periodismo.

– Hombre, eso es más difícil, porque no hay hueco.

– Es que yo no aspiro á sueldo, por ahora.

– Eso es otra cosa.

– A lo sumo, si buenamente sobran, un par de billetitos para cualquier teatro.

– De eso no hay que hablar. ¡Pérez!

Entra Pérez en la dirección: es el verdadero director, el alma del periódico.

– ¿Hay algo? – dice desde la puerta sin reparar en el neófito.

– Tengo el gusto de presentar a Ud al señor… ¿Cómo es su gracia de Ud.?

– Fulanito de Tal.

– Bueno, este joven forma parte de la redacción desde este momento. Encárguese Ud. de él.

Pérez, mirando con desconfianza a Fulanito.

– Es Ud. del oficio?

– Sí, señor. He colaborado en El Grillo, en La Cigarra, y últimamente he dirigido El Saltamontes. Aquí traigo la colección. ¿Quiere Ud. verla?

– No es necesario; venga Ud. acá.

Cabecera El País. 25 de junio de 1887

Fulanito, muy cortado, entra en la redacción saludando embarazosamente á sus compañeros. Pérez le indica una silla, le pone delante una cartera, y le arroja un montón de cuartillas, diciéndole:

– Ahí tiene Ud. la prensa.

– Si quiere Ud. algo sobre las Pandectas…

– Eso no encaja en el periódico.

Fulanito toma asiente.

Delante tiene una veintena de diarios, llenos de ventanas; ya la tijera les ha sacado la sustancia á los de Madrid; parte están los de provincias, en número mucho mayor, y dos ó tres del extranjero.

Fulanito se siente anonadado. ¿Por dónde comenzar? Empieza á experimentar que el oficio no es tan fácil como á primera vista parece.

Alinea las cuartillas, y lée periódicos y más periódicos… y nada. ¡Qué admiración siente hacia Pérez! Este escribe con vertiginosa  rapidez, pega recortes, ordena y clasifica telegramas, divide el trabajo… ¡Qué hombre!

Llega el mozo de la imprenta pidiendo original; cada cual entrega lo que ha hecho. Fulanito no tiene nada. ¡Qué vergüenza!

Viéndose en ridículo, no se atreve á mirar á nadie y suda como en el tormento.

El periódico está hecho y él no ha contribuido con una sola línea.

Al día siguiente no aparece por la redacción. ¿A qué? Sus compañeros se reirían de él.

Pero no dando su brazo á torcer, él se cree superior á ellos, y se consuela de este modo:

– ¡Ignorantes! ¡No conocen las Pandectas!! 

E. SEGOVIA ROCABERTI

Vale.

El 12 de diciembre de 1903, LA ASAMBLEA, “periódico republicano y de intereses materiales”, que se publicaba en Cáceres, incluyó un artículo (sin firma y por tanto atribuible a quien fuera su director, cuya identidad desconozco cuando preparo esta entrada) que se refiere a José Hevia Campomanes, que en esas fechas era obispo de Badajoz. El autor, al hilo de una crónica que había publicado EL PAÍS el 6 de diciembre anterior, comentando las andanzas del obispo en la diócesis de Badajoz, cuenta algún hecho protagonizado por el obispo cuando era párroco en un Arrabal de Manila, y de la influencia de los dominicos en el Archipiélago.

Cabecera de LA ASAMBLEA. 12 de diciembre de 1903. Cáceres.

Hazañas de un fraile

Desde que tuvo lugar aquel triste suceso que estima el Jefe visible del partido liberal-democrático como un timbre de gloria en su historia política, por virtud del cual renunciaba España su soberanía en el Archipiélago filipino, habíase borrado de mi imaginación, merced al transcurso del tiempo, la triste memoria que dejaran los frailes en aquellas apartadas tierras.

Pero he aquí que, semejante á los personajes de la leyenda china que mueren, por ejemplo, en Manila y resucitan en Pekín, aparece en Badajoz ejerciendo de Obispo uno de aquellos que continúa su tradicional historia.

En efecto; cuando ni siquiera remotamente recordaba de Fr. José Hevia Campomanes, pues le suponía viajando por las regiones del conocido industrial Pepe Botero, leo en El País del 6 de los corrientes, un artículo bajo el epígrafe “Imprudencias de un obispo” y del cual es protagonista el mencionado fraile dominico. A medida que iba leyendo los hecho, motivo del artículo, insensiblemente evocaba en mi memoria el recuerdo de los sucesos desarrollados en el arrabal de Binando de Manila (Filipinas) el año 1887, siendo á la sazón Regente de aquella Parroquia Fr. José Hevia.

Cabecera de El País. 6 de diciembre de 1903. Madrid.

Por entonces se celebraba con esplendor la fiesta de la Virgen del Rosario, Patrona del Arrabal, y como era costumbre en aquella tierra, los gastos de la función corrían á cargo del Gobernadorcillo (Alcalde); mas, dábase el caso de que en dicho punto existían dos: uno de los naturales del país, y otro de los chinos naturalizados. Con este motivo se había suscitado un incidente sobre á quien le correspondía la preferencia, y á pesar de que lo lógico y lo más racional debía pertenecer á la representación de los hijos del país, no obstante se resolvía á favor del segundo de los Gobernadorcillos, pues así convenía á los intereses del Fraile que era el amo y señor de aquel Archipiélago y protector de los chinos á título de extranjeros; y así siguió practicándose hasta que en 1887 el Gobernador general de aquellas tierra, de grata memoria para los filipinos, quién, á fuer de liberal y hombre de espíritu imparcial y recto, resumidos en una exposición suscrita por el representante de la Autoridad local, D. Timoteo Lanuza, hubo de anula lo resuelto por sus antecesores, incluso lo que él acordara en días anteriores, es decir, antes de conocer la mencionada exposición, y disponer que la preferencia en los festejos recayese en los naturales del país bajo la representación de D. Timoteo Lanuza, el cual ostentaba el cargo de Autoridad local. Excusado es decir que la resolución superior produjo un inmenso júbilo y regocijo que, aunque agenas á la contienda, se hacían cargo de las injusticias cometidas por la Frailocracia con los habitantes de aquellas apartadas regiones, y asimismo los comentarios por todos los conceptos halagüeños al acierto y sentido justiciero que demostrara la primera Autoridad del Archipiélago. Mas cuando se disponín á cumplimentar la disposición superior, tropezaron con la oposición del Párroco, quien además ordenó se quitasen todos los preparativos hechos (toldajes, arcos y alumbrados) que había en las calles; y, como era de esperar, la rebelde  y despótica conducta del Párroco provocó las consiguientes protestas, las cuales, sin la oportuna intervención de la autoridad local y de otras personalidades influyentes calmando los ánimos que por momentos se pronunciaban con bastante excitación , bajo promesa de hacerse intérpretes de los justos deseos del vecindario ante la superior Autoridad en quien confiaban que sabría adoptar en justicia las consiguientes medidas, seguramente hubieran

Fr. José Hevia Campomanes. Obispo de Badajoz (1903-1904)

podido llegar á una alteración del orden público. Con efecto, así lo hicieron, y en su vista é informado conveniente de cuanto había ocurrido reiteró el Gobernador general el cumplimiento de su acuerdo, ordenando al Párroco que en el término de veinticuatro horas (pues era la antevíspera del Santo) estuvieran todos los preparativos y á la vez conminándole que en caso contrario, se le haría responsable de todo cuanto sucediera.

Vencido el fraile en su injustificado empeño, no pudo menos que rendirse ante la actitud enérgica de D. Emilio Terreros, limitándose á vengar su derrota no oficiar la misa ni asistir á la procesión.

Lo que ocurrió más tarde, lo ignoro, pues sólo sé que el poco tiempo era relevado Fr. José Hevia en la Parroquia y según se decía de público vino á España enviado por el Capitán general bajo partida de Registro, como se titulaba allá en Filipinas tal clase de medidas. Tres ó cuatro años más tarde regresó al Archipiélago de Obispo de Nueva Segovia por obra y gracia de los liberales sagastinos.

Relacionado con este suceso, tuvieron lugar otros que motivaron las disposiciones de la Dirección civil encaminadas por medida higiénica, á evitar que los cadáveres permanecieran en las Iglesias más del tiempo necesario para verificar las ceremonias religiosas, á las que también se opusieron los Frailes de acuerdo con el entonces Arzobispo de Manila Fr. Pedro Payo, pues con la expresada disposición no podían realizar pingües negocios teniendo los cadáveres en las Iglesias, como solían hacer, veinticuatro horas ó treinta según las cantidades que por tal motivo se les ofrecían por los interesados.

Ahora bien: lo transcrito, sin contar otros muchísimos hecho, demuestra lo suficiente lo que es y lo que puede ser un Fraile, y mucho más si éste pertenece á la orden de Santo Domingo de Guzmán, cual Fr. Hevia, que ejercieron en Filipinas el verdadero feudalismo de la Edad Media y las funciones de la execrable Inquisición, y que fueron la verdadera causa de la pérdida de aquel hermoso florón de España en el extremo oriente.

Por eso, yo, que por desgracia, conozco á esa clase de gente, no me causa extrañeza de ningún género que el Fr. José Hevia haga en Badajoz lo que el periódico El País denuncia, lo que me extraña es que habiéndose evidenciado de una manera clara y terminante la culpabilidad de la Frailocracia en todo lo que había ocurrido en Filipinas, y su traidora y antipatriótica conducta durante la guerra entre Norteamérica y España, los hayan admitido en la Península, y por ende nombrado á algunos de ellos Obispo. Por supuesto, esta mi extrañeza, he de confesar, que no tiene razón de ser, pues se me olvida que aún seguimos gobernados por los mismos que perdieron las Colonias y los servidores de las órdenes religiosas.

¡Lástima grande que los filipinos, excediéndose en la nobleza y generosidad de sus humanos sentimientos, hayan dado libertad á los diablos de las cogullas que como Fr. José Hevia, estuvieron prisioneros, para continuar su obra destructora de la humanidad! ¡Menos mal que pronto llegará el día suspirado de justicia en que podremos reivindicarnos de tantos males que ha engendrado la maldita alianza del Trono con el altar!

Vale.

Como cada verano, parece que en Cáceres esta estación climatológica no comienza hasta que no arde el Cerro de los Pinos. Esta vez, en 2020, parece que el fuego ha sido mayor, pues ha afectado a la casi recuperada cantera de Balpia, no como en años anteriores, en los que los incendios comenzaban desde el camino que bordea la Estación de Renfe.

Rápidamente, aparecen las soluciones, siendo la más señalada la de convertir el enclave en un parque periurbano, en un parque ecológico. Por supuesto, sin decir cómo se paga (lo de quién lo paga, con ser algo que nos afectaría a cada uno de los vecinos, tampoco se dice). Pero ahí queda la idea.

Sin embargo, desde el año 2010 el Plan General Municipal de Cáceres tiene previsto cómo resolver la cuestión para destinar a Equipamientos Generales (zonas verdes) las más de 21 Has necesarias.

Es decir, que ya está previsto cómo obtener las superficies necesarias, cómo desarrollar los terrenos que lo harían posible, qué aportación económica correspondería al municipio como propietario de una parte de esos terrenos y qué aportación económica habrían de asumir los propietarios del resto de los terrenos a desarrollar.

El PGM incluye en la ficha del ámbito correspondiente, el 2.01, de la Prioridad II, uso Residencial, a desarrollar mediante el Plan Parcial correspondiente, con las siguientes superficies:

Cuadro de Superficies. Sector 2.01. PGM-2010. Cáceres

Sin embargo, la realidad es que el PGM de 2010 está sin desarrollar, y ya antes de la pandemia ocasionada por la COVID-19 era una utopía plantearse, por cuestiones económicas, tanto públicas como privadas, ahora, con el impacto brutal que ha tenido y tiene sobre las economías mundiales, nacionales y locales, esa utopía puede resultar mayor.

Por otra parte, esa falta de desarrollo del PGM – 2010, lastrado por la crisis económica y, especialmente por la crisis “del ladrillo” de 2008, debería ser una ventana de oportunidad (como se dice ahora) para acometer desde unas economías débiles y desde un liderazgo social y político fuerte, un nuevo modelo de desarrollo local en el que tendrían cabida soluciones para espacios que, como el Cerro de los Pinos, sufre la degradación del fuego cada año y que tras él (mirando desde el centro de la ciudad) una serie de problemas cuya resolución pasa también por un nuevo modelo urbanístico, un nuevo modelo ciudad.

Gráfica del Sector 2.91, PGM-2010 Cáceres

El Cerro de los Pinos no debe continuar siendo un asunto del comienzo de cada verano, debe convertirse en la oportunidad que la ciudad tiene de demostrar capacidad de liderazgo para resolver problemas.

Vale.

El periódico satírico independiente MALVAS Y ORTIGAS, que dirigía Enrique Montánchez, publicaba el 10 de diciembre de 1904 un texto, extraído de Noticiero Extremeño, que glosaba la carta de un reo condenado á muerte, sin que se citara al autor de la misma ni los hechos por los que hubiera sido condenado. Sin embargo, parece relevante saber que, mientras unos reos, o, especialmente, un reo condenado a muerte era para quien se movilizaban las fuerzas “vivas”, dejando de lado su interés por otros condenados a la misma pena.

Cabecera de MALVAS Y ORTIGAS. 10 de diciembre de 1904.

“Ante el cadalso

Acabamos de leer la carta que dirige uno de esos desgraciados que esperan la hora suprema en la cárcel de Cáceres, dirigida á unos caballeros oficiales, antiguos superiores suyos y queridos amigos nuestros.

Siempre impresionan hondamente estos documentos en que se estampan las ideas de aquellos hombres que sienten escapar la vida de sus cuerpos sanos y robustos.

Pero confesamos que la impresión que nos ha causado esta carta ha sido excepcionalmente dolorosa.

No se trata de uno de esos lacrimeos desalentados que retratan el terror y el ansia con que un alma culpable, pero cobarde y débil, se quiere así á los girones de la vida para conservarla, aun mutilada por la ley y la opinión pública, en la libertad y en la honra.

Más bien parece la queja honda y amarga del que sin pena desaparecer una vida huérfana de honra y libertad, pero que sólo siente perderla, porque con ella desaparece la última esperanza de que algún día la muerte hiciera desaparecer las brumad que, condensadas hoy por la crueldad de conjuradas coincidencias, han cubierto de oprobio su nombre, atrayendo sobre su frente una sentencia tremenda.

No hay en ella acusaciones airadas contra los jueces que condenaros, sino contra la suerte adversa que hubiera deparado la ocasión de comparecer ante sus ojos en uno de esos tristes momentos en que la justicia humana no fuera infalible.

No conocemos las circunstancias del delito y desde nos inspira gran confianza la rectitud de conciencia de los jueces que fallaron en el juicio.

Pero hay tal autoridad en las frases que se formulan en las proximidades de la muerte, y es tal el terror que inspira el alma lo irrectificable de esta pena, que no puede evitarse, ante estos acontecimientos, la tendencia torturadora á pensar en las limitaciones de los hombres y la fabilidad de sus juicios.

Pero eso, sin duda, han puesto las leyes en las manos soberanas del primer magistrado de la Nación, la facultad de detener la espada de la ley aun en el momento mismo de levantarse para asestar el golpe.”

La campaña realizada a favor de los reos Agustín de la Calle y Deogracias Martín dio sus frutos, sin duda porque los peticionarios volcaron sus esfuerzos especialmente en uno de ellos, de manera que su aparente indefensión (considerar que solamente fue condenado por pruebas indiciarias), llevaría al Ministerio de Gracia y Justicia a valorar su situación, y ello constituía su mayor fuerza a la hora de proponer al rey el indulto. De hecho, en el propio Real Decreto se cita que en el caso de Agustín de la Calle no se dieron, en el juicio y se volcaron en la sentencia, las agravantes que sí se apreciaron en Deogracias. Pero, dado que el ejerció del derecho de gracia tiene que tener la apariencia de igualdad, la firma del rey reconoció que ambos reos actuaron siguiendo sus bajas pasiones políticas.

Así, el día 13 de enero de 1905, la Gaceta de Madrid (el actual Boletín del Estado) incluía en su primera página el Real Decreto por el que se concedía la conmutación de la condena a muerte por la pena de cadena perpetua para ambos reos.

Gaceta de Madrid. Real Decreto de Indulto. 13 de enero de 1905.

Vale.

El mismo periódico, El Noticiero, continuaba informando en su edición del 5 de diciembre de 1904, las gestiones que el abogado de la acusación particular, José Ibarrola, realizaba tras recibir el escrito de la viuda del asesinado maestro de Casas del Castañar, en la que se mostraba partidaria de acceder al indulto.

Inmediatamente el Sr. Ibarrola redactó y remitió con carácter urgente estos dos telegramas.

Presidente Consejo Ministros

Madrid

Debidamente autorizado por Doña Encarnación Guillén, esposa del maestro asesinado en Casas del Castañar, imploro en su nombre clemencia y pido indulto de Deogracias Martín y Agustín de la Calle.

El Abogado de la Acusación,

JOSÉ IBARROLA MUÑOZ

Excmo. Sr. D. Miguel Muñoz.

Senador.

He conseguido de la viuda del asesinado que pida indulto telegrafío ahora mismo al Presidente del Consejo de Ministros.

IBARROLA

¿Comentarios?

Hecho de esta índole no los pueden tener sin que los empequeñezcan.

Una viuda perdonando á los asesinos de su esposo, bien merece que para coronar tan hermosa obra un Gobierno aconseja queda, indulte á esos dos desgraciados.

Y así no será para Doña encarnación solo el día feliz, disfrutaremos de él los perdonados, los que perdonan y los que por el perdón nos interesamos.

En la misma primera página del ejemplar del lunes 5 de diciembre de 1904 insertaba el mismo medio la siguiente información.

GESTIONANDO UN INDULTO

Continúa activamente las gestiones a favor de los desgraciados reos del crimen de Casas del Castaña, complaciéndonos hoy en insertar la carta dirigida por Hilario Calle á su representante en la vista del juicio, D. José Ibarrola Muñoz que telegráficamente le pidió su autorización y el telegrama que el último dirige al Presidente del Consejo.

He aquí uno y otro documento.

Casas del Castañar 4 Diciembre

Sr. D. José Ibarrola

Mi distinguido amigo: Me entero de su telegrama y le autorizo para que en mi nombre pida el indulto, deseando además haga cuanto pueda por conseguirlo.

Sebe V. es suyo afmo.

HILARRIO CALLE

Presidente del Consejo de Ministros.

Mi defendido Hilario Calle, á quien se intentó asesinar y resultó gravemente herido en Casas del Castañar, implora por mi conducto perdón reos.

JOSÉ IBARROLA MUÑOZ

Sigue a continuación El Noticiero informando de las gestiones que se realizan para la consecución del indulto.

Ayer se recibió un telegrama de la Comisión, que hoy corroboran los periódicos de Madrid, en el que se da cuenta de la entrevista habida con el Sr. Maura y la promesa hecha por éste de que el Consejo de Ministros examinaría nuevamente la causa, encargado de su estudio á otro compañero, que probablemente será el Sr. Rodríguez Sampedro.

El crimen de Casas del Castañar y el recorrido judicial que tuvo el sumario, con el procesamiento, recursos y sentencia a la pena de muerte, concitó el interés de “la prensa de Madrid”. También las gestiones para la petición del indulto, que se intensificaron en los primeros días de diciembre de 1904, aunque fuera n referencias breves de la gestión de la Comisión creada al efecto, incluida la noticia de que fuera recibida por el rey. Periódicos como El Día y El Imparcial, entre otros, fueron esos “periódicos de Madrid” que dedicaron algún espacio al asunto.

Cabeceras de EL DIA y EL IMPARCIAL. Madrid. 1904.

Así, El Imparcial incluyó en su edición del 6 de diciembre, una crónica de su corresponsal.

REOS DE MUERTE

POR TELÉGRAFO
(DE NUESTRO CORRESPONSAL)

Petición de indulto

Plasencia 4 (9 de la mañana).

Todo el país del Valle y Vera de Plasencia, y hasta la provincia entera de Cáceres, espera con ansiedad el indulto de los sentenciados á muerte Agustín de la Calle y Deogracias Martín, del pueblo de Casas del Castañar.

La tristeza se ha apoderado de todos los espíritus al considerar que puede ser ejecutada la sentencia, especialmente en la persona de Agustín de la Calle que fue condenado como inductor y solo por prueba indiciaria.

Toda esta comarca conoce el proceso y por esta circunstancia pide á voces que el gobierno fije su atención en este caso concreto de Agustín de la Calle, porque no se habrá dado un casi ni se volverá á dar, en que por indicios se lleva al patíbulo á un hombre de honrosos antecedentes.

Esta región se halla alarmada con las noticias comunicadas hace días, pero no duda que el atenderá la justicia de la petición del indulto siquiera sea solamente para Agustín.

Así lo pide el pueblo de Casas del Castañar, víctima del caciquismo, y así lo pide toda la región, pues bien pudiera haberse cometido un error, que después de cumplida la sentencia, sería imposible reparar.

La ciudad de Plasencia ha enviado á Madrid una importante comisión á impetrar la gracia de indulto.- Corresponsal.

[No hay que olvidar que en el juicio solamente se conocieron intereses políticos de Agustín de la Calle, que deseaba ser Secretario del Ayuntamiento y que su padrastro fuera nombrado médico titular del pueblo, por lo que debería pertenecer a una familia con ascendencia en la política local, en tanto que de Deogracias Martín, ejecutor del disparo, no se apreció inclinación política alguna en todo el proceso, si nos guiamos por las crónicas de prensa.]

Vale.

En anteriores entradas, tres en concreto, trasladé a esta web la publicación en El Diario de Cáceres del año 1903 las crónicas de las sesiones celebradas en la Audiencia Provincial que vio, con jurado popular, el llamado “Crimen de Casas del Castañar”. Dichas vistas terminaron con el veredicto del jurado popular que apreció culpabilidad en los dos acusados y con la sentencia final del tribunal de derecho condenándolos a la pena de muerte.

Un año después, cuando la ejecución de la sentencia se había determinado, y la horca esperaba a los condenados, se iniciaron los trámites para que por el Rey se les otorgara el derecho de gracia, y la pena de muerte les fuera conmutada, mediante decreto de indulto, por la cadena perpetua.

En El Noticiero, diario de Cáceres, de 5 de diciembre de 1904, encontramos las informaciones que sobre la petición de indulto se iban conociendo. Y ello, según el mismo periódico, por tratarse de un asunto en el que existía pleno consenso social. Así lo contaba El Noticiero.

Cabecera de El Noticiero. 5 de diciembre de 1904.

Siempre fué motivo de satisfacción para las almas nobles perdonar á los que ofendieron, pero hay momento en que la ofensa toca ciertos límites que hasta el alma más templada vacila, aunque de su perdón pudiera depender la suerte de sus semejantes.

Al pié del cadalso infamante hemos visto todos que están dos desgraciados, reos de un asesinato que la sociedad no podrá perdonar jamás. La más terrible pena impuso la Justicia humana á los autores y su ejecutor se dispone á cumplir la horrible sentencia.

Ante circunstancias en las que se ventilaba la vida de dos hombres, todos temblamos y sin darnos cuenta de ello un grito expontáneo se escapaba de los labios pronunciando la hermosa palabra ¡Perdón!

Todos en ello hemos estado de acuerdo; para pedir el indulto de esos desgraciados no ha habido banderías, partidos, ideas políticas, etc., nada de eso que separaría y separa del camino de progreso por donde debemos enderezar nuestros pasos, no ha habido más que corazones que han sentido uno de los más innatos sentimientos, el de la humanidad.

Ante el terrible drama que se avecinaba, en el que á sangre fría, una mano ni amiga ni enemiga de los malhechores, había por ministerio de la Ley de arrancarles la vida, todos nos pusimos en movimiento y en él continuamos por todos los medios que estén á nuestro alcance, que la regia prerrogativa se ejerza una vez más arrancando dos vidas al verdugo.

Esto es honroso, esto es grande, esto es también lo natural. Al fin y al cabo cumplimos con un deber perdonando en nombre de la sociedad á quienes personalmente no nos han ofendido, solicitando el indulto para aquellos que á nosotros no nos han causado ningún perjuicio positivo.

Pero hoy registramos un hecho más grande, más sublime y en el que realmente el comentario, la alabanza empañaría su grandeza, solo expresada con la elocuencia con la relación escrita del hecho.

Para todos es sabido que la acusación en la vista de la causa en que ambos reos figuraban como protagonistas, la sostuvo nuestro particular amigo el elocuente criminalista D. José Ibarrola.

Fundamentadas razones debió alegar el joven abogado, corroboradas por el sumario, cuando los tribunales apreciaron que los acusados eran merecedores de la terrible pena á que están condenados.

Pero tras el cumplimiento concienzudo del deber profesional, había de venir forzosamente el de hombre humanitario y caballero perfecto, y los hechos han venido á denunciarlo de una manera elocuente.

En la mañana de ayer, el Sr. Ibarrola mandó a doña Encarnación Guillén, viuda del pobre maestro D. Fernando Ramos, asesinado en Casas del Castañar, la siguiente carta.

Sra. Dª Encarnación Guillén Guerra

Muy señora mía: Como usted sabrá, están próximos a ser ejecutados los matadores de su difunto esposo D. Fernando Ramos (q.e.p.d.) Agustín de la Calle y Deogracias Martín Garrido. Creo realizará usted un acto hermoso de caridad cristiana pidiendo el indulto de esos infelices, que cometieron horrendo crimen, están ya arrepentidos de lo que hicieron, y sin necesidad de que los ahorquen, sufrirán en prisión perpetua el castigo de sus culpas.

Yo, que fui su abogado defensor [acusación particular], le ruego encarecidamente que lo haga, sirviéndose usted de ponerme cuatro letras á continuación para que en su nombre implore sin pérdida de momento su indulto y su perdón.

Contésteme con el dador y queda á sus órdenes su abogado y afectísimo servidor q.b.s.p.

JOSÉ IBARROLA MUÑOZ

Á tal misiva, la viuda del infortuna D. Fernando Ramos, contestó lo siguiente

Arroyo del Puerco 4 de Diciembre

Sr. D. José Ibarrola

Muy señor mío: Veo con gusto el gran interés que se tenía por los reos que dieron muerto á mi querido esposo (que en paz descanse).

Yo con el mismo gusto que Vd. deseo perdonarlos, alegrándome estemos en perfecto acuerdo sin haber tenido conversación ninguna respecto á este asunto. Por tanto hoy es un día feliz para mí, en perdonar la vida á esos dos hombre que tanto daño me hicieron.

Sin otro particular sabe me tiene á sus órdenes y es su segura servidora que b.s.m.

ENCARNACIÓN GUILLÉN GUERRA.

Vale.

En varias entradas anteriores de esta misma serie, me ha referido en algunas a la Cárcel Vieja, a la prisión provincial construida en los años treinta e “inaugurada” en 1936 por el alcalde socialista Antonio Canales.

En esas entradas he defendido la necesidad de que el inmueble, además de contar con la protección que otorga el vigente Plan General Municipal, sea declarado, conforme a la vigente legislación, en Bien de Interés Cultural.

Sobre esta declaración de BIC, no parece fácil, puesto que la propiedad actual (Ministerio del Interior, a través de Gerencia de Infraestructuras y Equipamientos) puede oponerse por cuanto la declaración de BIC conlleva para la titularidad obligaciones económicas, como son las de mantenimiento y conservación. Es cierto que el mal estado actual, cada vez más notorio, debería llevar la obligación de ese mantenimiento, si bien la obligatoriedad no puede ser exigida por la vía de la normativa urbanística, que solamente sería exigible en caso de declaración de ruina. También está claro que el Ministerio del Interior debería evitar el aumento de ese deterioro, y que el Ayuntamiento debería conseguir una adecuada atención al inmueble.

Cáceres. Carcel Vieja. Imagen proveniente del PNOA_IGN

Por ello, para evitar que el deterioro continúe adueñándose de techumbres, huevos y cerramientos, sería muy conveniente plantear, con el liderazgo municipal un proceso que tendría que combinar decisiones políticas y administrativas en varios ámbitos:

1º.- Agilizar, en el ámbito de la Consejería de Cultura, Turismo y Deportes de la Junta de Extremadura, la declaración de Bien de Interés Cultural de la antigua Prisión Provincial.

2º.- Iniciar, por parte del Ayuntamiento de Cáceres, los trámites para la cesión gratuita del inmueble, conforme a las previsiones de la Ley de Patrimonio de las Administraciones Públicas, la cesión, por parte del Ministerio del Interior, de la antigua Prisión Provincial.

Dado que la LPAA requiere que la administración cesionaria demuestre un plan de usos adecuados y necesarios, así como solvencia económica para el sostenimiento del bien cedido, el Ayuntamiento de Cáceres, junto con la Diputación Provincial (bajo cuyo amparo y dotación económica se construyó), presentará un plan de usos detallado, tanto en contenidos como en cronograma de ejecución, que sea aceptado por el Ministerio del Interior.

3º.- El Ministerio del Interior, mediante convenio interadministrativo con el Ayuntamiento de Cáceres, con la participación tutelar de la Diputación Provincial y la Junta de Extremadura, cederá al municipio el inmueble, con la dotación económica de 500.000 euros, para la realización de los trabajos iniciales de mantenimiento y conservación.

Esta fórmula es similar a la utilizada cuando el Ministerio de Fomento cede a un municipio un tramo urbano de una carretera.

3º.- Creación de una Escuela Taller en el ámbito de la Universidad Popular de Cáceres, con la participación de la Consejería de Educación y Empleo de la Junta de Extremadura, por un plazo de dos años, de manera que durante el primero de ellos sea dedicado a las obras de más imperiosa necesidad de conservación, a las que se destinará la dotación de 500.000 € señalados en el punto tercero.

Durante el segundo año, la dotación sería de una cantidad igual, a aportar por el Ayuntamiento de Cáceres y la Consejería de Educación y Empleo de la Junta de Extremadura, a partes iguales. Durante el segundo año se irán acometiendo las obras necesarias referidas a la sustitución de servicios y acometidas de las dos alas situadas a los lados de la entrada principal, eliminando tabiquerías y cerramientos interiores que no afecten a las estructura de las mismas, para dejar expeditas las plantas para su uso y adecuación posterior conforme a los planes de uso presentados por el Ayuntamiento de Cáceres al Ministerio del Interior para obtener la cesión del inmueble.

4º.- A medida que se vayan ejecutando las acciones señaladas en los apartados anteriores, especialmente la firmeza administrativa de la declaración de Bien de Interés Cultural del inmueble, se gestionará por el Ayuntamiento de Cáceres la dotación por el Ministerio de Fomento, de una cantidad mínima anual de 500.000 €, durante dos años, con cargo al 1,5% cultural, para su utilización en las mejoras del inmueble que se vayan programando.

Conseguir un programa a cuatro años, con la fórmula de Escuelas Taller (o similar), permitiría conservar, mantener y mejorar el inmueble, una vez declarado Bien de Interés Cultural, y mantener un interesante número de puestos de trabajo.

Vale.

Cáceres alcanzó en 1950 los 45.500 habitantes. Dos años antes, para paliar las deficiencias y escasez del suministro de aguas a la ciudad, se aprobó el proyecto para la obtención de aguas desde los pozos del Calerizo, en la zona de El Marco.

Plano de Emplazamiento (fuente SigPac-Ayto. Cáceres)

Las infraestructuras necesarias se establecieron en la denominada Cerca de Don Jorge, entre la Cerca de las Retamas y el Molino de Aceite del Marco, con una tubería de impulsión hasta el depósito que se situó en la carretera al Santuario de la Montaña, en el llano pasada la Ermita del Calvario.

Actualmente, aquel proyecto que dio servicio a la ciudad hasta la inauguración de la presa del Guadiloba, se encuentra sin uso.

Sin embargo, en su momento, tuvo gran importancia. Y como en múltiples hitos de la ciudad, la barriada del Espíritu Santo fue un punto de indudable interés.

Alzados y Sección. Distancia entre pozos (fuente SiPac – Ayto. Cáceres)

La captación de aguas se hacía desde cuatro pozos, conectados entre sí por una galería de 1 metro de anchura y una altura hasta el centro de la curva superior de 1,70 metros. Esa galería conectaba los pozos del uno al cuatro. Los dos primeros situados fuera de la Cerca de Don Jorge o cerca de los pozos, como la conocíamos los muchachos del barrio.

Detalles. En cuadrante inferior izquierdo, alzado de la galería (fuente SigPac – Ayto. Cáceres)

El pozo número 1 estaba situado en la margen izquierda del camino que desde la Ronda de San Francisco llegaba hasta la carretera de Medellín. Un camino de tierra que es hoy la calle de La Roche Sur Yon. Su ubicación coincidiría actualmente con la intersección de la calle que delimita el colegio DOWN, desde La Roche Sur Yon hasta el grupo de viviendas construidas por el Ayuntamiento a finales de los años 50, y que a continuación tenía el llamado campo de fútbol del Espiri, anterior en su origen al de Cabezarrubia.

Ubicación pozos. Ortofo 1966. (Repetida leyenda Pozo 2)

En la cobertura de dicho pozo estaban un transformador de energía eléctrica (es nos parecía) y una fuente de agua potable de 5 grifos, que fue cayendo en desuso a medida que las viviendas del entorno (actuales calles Turia, Darro, Miño) fueron dotándose de conexiones a la red.

El segundo pozo estaba, y sigue estando, en la curva que forma la calle de La Roche Sur Yon con la Ronda de San Francisco. A comienzos de los años 60 del pasado siglo, el pozo estaba cercado con un poyete circular de mampostería, de más o menos 1 metro de altura y el resto, hasta casi los 2 m, con bloques de hormigón que iban cayendo por días. Casi derruido el cerramiento el pozo aparecía tapado con maderas, separadas entre sí, por donde tirábamos piedras para escuchar su ruido al caer. Así permaneció el pozo hasta que finalmente se cubrió con una losa de forjado de hormigón, dejando ver una pequeña parte del murete de mampostería, casi a ras del suelo.

Los pozos uno y dos estaban separados entre sí unos 70 metros, y a las mismas distancias los números 3 y cuatro, dentro ya de la Cerca. El número 3, antes del cauce del Arroyo de la Plata, y el 4, al comienzo de la pendiente hacia el lugar donde se construyeron los edificios para alojamiento de maquinaria.

Ubicación pozos sobre ortofoto 2012.

En la barriada del Espíritu Santo, además de una ermita inexistente para el turismo, se encuentra la charca del Marco, nacimiento de la Ribera que bordea la ciudad, y también se encontraban muchos hornos caleros, porque muchos de los primeros habitantes de la zona eran de oficio caleros. Hasta llegar a los desprotegidos Hornos del Sapillo, donde se encontraba uno de los naturales efluentes de aguas del Calerizo (actualmente tapado por la nave de UDACO), o la Charca Musia, que en la cartografía antigua recibía el topónimo del Espíritu Santo, o la cueva de Maltravieso, sin olvidar que su descubridor fue el picapedrero Telesforo Pérez, conocido como El Francés, que vivía en una casa de la calle Miño.

Pozo nº 2. Restos del cerramiento de mampostería en la actualidad

Gran parte de la historia de Cáceres, incluida la romana Vía de la Plata sobre la que discurre la Ronda de San Francisco, tiene su origen en esta barriada que, por otra parte, no tiene el merecido reconocimiento de la ciudad.

Vale.