Archivos para José Bono

En fechas pasadas, el Ministerio de Defensa anunció que a finales de 2009 se había alcanzado el objetivo legal de contar con 86.000 efectivos de tropa y marinería profesional en las Fuerzas Armadas. Ese objetivo, según interpretaciones de prensa no alejadas de la realidad, se consigue con la mezcla de una situación económica en crisis que lleva a los jóvenes a buscar trabajo en los ejércitos y con la mejora de las retribuciones y de las condiciones de vida en los cuarteles, iniciada por José Bono y continuada por sus sucesores José Antonio Alonso y Carme Chacón. La situación en la que el peor ministro que haya tenido nunca España (incluidos los de la Dictadura franquista) en materia militar, Federico Trillo, dejó a las FAS no podía ser más calamitosa.

El hecho de que ahora las FAS cuenten con los efectivos máximos de tropa marcados por el poder legislativo tiene algún efecto colateral que, en el caso de la ciudad de Cáceres, es necesario analizar.

Existe en esta ciudad un Centro de Formación de tropa del Ejército de Tierra, CIMOV nº 1, que a lo largo de 2010 sufrirá, negativamente, las consecuencias de haberse alcanzado el tope legal. No se sabe, a estas alturas del año, cuántos efectivos pasarán por sus instalaciones ni cuántos ciclos de incorporación se producirán durante el año, ni siquiera cuándo se incorporarán los primeros.

El Gobierno, en Consejo de Ministros, ha acordado, dentro de las medidas de austeridad necesarias para superar la crisis económica, la disminución de las tasas de reposición, sin excepciones, de empleados públicos. Los militares también lo son. Todavía el Gobierno no ha acordado la oferta de empleo público para 2010, en cuyo marco ha de incluirse la oferta de empleo para las FAS, y de la que se derivará el proceso de incorporación de nuevos soldados, para mantener la cifra de los 86.000. O lo que es lo mismo, si las bajas por cese de contratos son mínimas, la oferta será mínima.

En estas circunstancias, el futuro del Centro de Formación existente en Cáceres, y el de otros situados en otras ciudades, no se olvide, es complicado. La presencia militar en ciudades pequeñas, como es esta, es una fuente de ingresos para la economía local, y el acierto de la alcaldesa de Cáceres, Carmen Heras, al gestionar, durante 2008, un acuerdo con el Ministerio de Defensa, al que se sumó la Junta de Extremadura, garantiza que esa presencia militar tendrá continuidad, aunque el desarrollo del acuerdo de 2008 conllevará nuevas e intensas gestiones políticas.

La realidad actual, que lleva a que la necesidad de Centros de Formación sea menor que en los últimos 10 años, no debe, en modo alguno, plantearse como definitiva en cuanto a que el Ministerio de Defensa pudiera decidir el cierre del mismo, si bien sería deseable que el acuerdo de 2008 se desarrolle y se garantice que una fuente de ingresos para la economía local de tanta importancia, se mantenga.

En lo que se refiere al argumento, siempre manido, de la “histórica relación de la ciudad con el Ejército”, sencillamente no me lo creo. Y mi experiencia me lo dice. En todo caso, esa “histórica relación” lo ha sido (y, desgraciadamente, lo sigue siendo) en aspectos concretos y en intereses (muchas veces económicos) entre “destacados” miembros de la burguesía cateta local y los “altos mandos” (en realidad, no tan altos) del Ejército destinados a Cáceres.

Vale

Aunque los modos de hacer política en los EEUU y en España son distintos, a veces ocurre lo que va a producirse cuando Barack Obama sea Presidente de USA. Ocurrirá que el presidente americano reproducirá una situación, en su gobierno, en su administración, como se dice por allí, que ya llevó Zapatero a su primer gobierno. Obama ha propuesto a Hillary Rodham Clinton para que sea Secretaria de Estado.
Cuando en 2004 el PSOE ganó las elecciones, el primer nombramiento que hizo Zapatero fue el de Ministro de Defensa, ya que en esos momentos su prioridad política comprometida electoralmente era la de sacar las tropas españolas de Iraq, a donde el megalómano Aznar las había enviado a mayor gloria de su amigo Bush.
En ambos casos, en el de Obama y en el de Zapatero, el paralelismo se establece en que Bono fue contrincante del actual presidente del Gobierno para la Secretaría General del PSOE, al que ganó por un escaso margen, en tanto que Hillary Rodham Clinton fue la contrincante de Obama en las primarias demócratas, a la que ganó muy al final del proceso.
Obama, como Zapatero, recurren a quienes fueron sus contrincantes directos y, también, encarnizados, para cargos en sus respectivos gobiernos que responden a prioridades fundamentales que han sido objeto de debate en las elecciones que los han llevado a la victoria.
Para Zapatero, el compromiso de sacar a las tropas de la guerra ilegal de Iraq era una prioridad absoluta, y para poder llevarla a cabo eligió a político de su partido que más tirón populista tenía desde su presidencia autonómica de Castilla La Mancha. Para Obama, recuperar el prestigio internacional de EEUU, tirado a la basura por el más nefasto de los presidentes americanos, es una prioridad que no puede encargar sino a una persona curtida en la política, nacional e internacional, y con un amplio tirón mediático y popular fuera de las fronteras norteamericanas.
A Zapatero, la opción de Bono le salió bien, y el ministro de defensa llevó a cabo la operación del modo más adecuado, porque supo elegir a los mandos militares que la ejecutaron. Esperemos que la opción de Obama permita unas relaciones internacionales en las que el prestigio de los EEUU sea compatible, complementario con el prestigio y la eficacia de todos los países que forman parte de la ONU, y no que pretendan imponer un modelo único, un pensamiento único.
Vale.