Archivos para Cospedal

Hace unos días, la diputada pepera Celia Villabolos aludió en tono despectivo a la enfermedad del vicepresidente del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba. Esa alusión era una continuación natural del desparpajo mediático de los medios de comunicación al servicio, incluido el servicio previo pago, del Partido Gurtelar.
La exquisitez con la que la izquierda trató a Esperanza Aguirre contrasta con la desvergüenza de la extrema derecha mediática y de gente como Celia VillaBolos, pero la realidad es tozuda y esa desvergüenza tiene su precio.
El pasado viernes, a última hora de la tarde, las agendas de prensa para el sábado 12 de marzo recogían una convocatoria del Partido Gurtelar para un acto a celebrar en Talavera de la Reina, con la participación de la candidata a la presidencia de Castilla La Mancha y Secretaria General María Dolores de Cospedal, la presidenta de la comunidad de Madrid y de nuevo candidata, Esperanza Aguirre, y el candidato a la presidencia de Extremadura, José Antonio Monago. El tema era el AVE.
La señora Aguirre no asistió. Sencillamente, dio plantón a Cospedal y Monago.
En los discursos, según las referencias que he podido ver en los medios de comunicación, ninguno de los dos abandonados candidatos, Cospedal y Monago, aludió para nada a la ausencia de Esperanza Aguirre. La convocatoria no puede achacarse a los medios de comunicación. Esa convocatoria salió de la sede del Partido Gurtelar, de cualquiera de sus sedes. Y colocar a Esperanza en los carteles era un señuelo. Si la presidenta de la comunidad de Madrid no estaba en condiciones de asistir, Cospedal y Monago deberían haber consultado a la doctora Villabolos, que les podría haber explicado, por ejemplo, que a doña Esperanza le traía al pairo las chorradas que se montan dirigentes de medio pelo como Cospedal y Monago.
Quizás, también, la presidenta de la Comunidad de Madrid estará indignada con el Partido Gurtelar extremeño por la actuación de la candidata a la alcaldía de Cáceres en la contrata del servicio de agua, que ha puesto en entredicho la capacidad técnica y jurídica del Canal de Isabel II, y su solvencia empresarial.
Solamente el boletín oficial de Esperanza Aguirre, el ABC, por supuesto, se refería a que no habría podido asistir al encuentro debido a su reciente enfermedad. En Extremadura, el órgano oficial del comité central del Partido Gurtelar, el diario HOY, se refería a que la señora Cospedal había comido queso en Valdefuentes.
Lo que le sucedió el sábado al candidato Monago en Talavera de la Reina fue un plantón en toda regla por parte de Esperanza Aguirre. El que la presidenta de la Comunidad de Madrid no asistiera debido a su salud no puede tomarse en serio si aplicamos la doctrina Villabolos.
Vale.

Cuando el dedazo “demócrata” de Aznar designó a Rajoy como su sucesor, las encuestas de urgencia señalaban que Rajoy era más moderado y dialogante que su padrino. Solamente la voz discrepante de Rodríguez Ibarra, a preguntas de Iñaki Gabilondo, descubría que no era así, que no sabía perder.
Ahora, en estos tiempos de crisis económica, agravada en España por la política de especulación inmobiliaria patrocinada por la derecha, se está viendo la cara real, el careto de falso moderado, cuando no de falso demócrata de Mariano Rajoy.
En la crisis del Alakrana, la esperanza de Mariano la verbalizó su pretor Trillo, que comparó el secuestro del atunero vasco con el Yak-42. O lo que es lo mismo: Mariano Rajoy, a través de su vocinglero, deseaba que los marineros del Alakrana hubieran vuelto en un traje de pino. Esa es la realidad, les guste o no que se diga. La resolución del secuestro salvando las vidas de los marineros fue un revés para el falso demócrata. A Rajoy no le gusta perder, porque no sabe perder. Como el de todos los herederos políticos del franquismo, su único horizonte es ganar para mandar, que no para gobernar. Solamente creen en la democracia si son ellos los que mandan.
La huelga de hambre de la activista saharaui Aminnetou Haidar ha propiciado de nuevo una situación similar: el deseo de Mariano Rajoy, le guste o no que se diga, era que la huelguista hubiera llevado su huelga hasta la muerte. Con ello, podría acusar al gobierno socialista de haberla provocado, de no haberla impedido, o, directamente, de haberla asesinado. Le ha salido mal, el asunto se ha resuelto (no así la situación del pueblo saharaui, que es otra cuestión). Por ello, ahora tira de tomates, como un Jorge Javier Vázquez cualquiera, para decir que el gobierno socialista ha cambiado la vida de Haidar por un puñado de tomates marroquíes. A Rajoy no le gusta perder, porque no sabe perder. Como todos los herederos políticos del franquismo, su único horizonte es ganar para mandar, que no para gobernar. Solamente creen en la democracia si son ellos los que mandan.
Ayer, el mismo grupo de Al-Qaeda en el Magreb que secuestró a tres cooperantes españoles, y que mantienen secuestrado a otro ciudadano francés, hizo lo mismo con unos turistas italianos. ¿Deseará Rajoy que los tres cooperantes catalanes sean liberados sanos y salvos? Tengo serias dudas. Cuando el secuestro, la marquesa de Villaquisiera, digo la señora Cospedal, lo atribuyó al gobierno socialista, al que señaló como culpable. Lo que los terroristas de Al-Qaeda hicieron al secuestrar a los ciudadanos españoles, está bien porque Zapatero se lo merece, parece ser que es la doctrina (nunca mejor dicho) de la iglesia de Génova. No atribuyó la marquesa la misma culpa a Sarkozy respecto del ciudadano francés, y ya está tardando en mandar un videocomunicado acusando a Berlusconi del secuestro de los italianos. ¿Ah, no se trata de eso? Se trata, solamente, de acusar de todos los males a Zapatero. Como todos los herederos políticos del franquismo, su único horizonte es ganar para mandar, que no para gobernar. Solamente creen en la democracia si son ellos los que mandan.
A Mariano Rajoy, la vida de los marineros del Alakrana le daba igual, con tal de que Zapatero hubiera sido hallado culpable en caso de que no se hubiera resuelto bien el secuestro. A Mariano Rajoy, la vida de Aminnetou Haidar la da exactamente lo mismo, bueno, con una diferencia, le ha puesto precio: un puñado de tomates. A Mariano Rajoy, la vida de los tres cooperantes catalanes le da igual si con ello puede acusar a Zapatero. Como todos los herederos políticos del franquismo, su único horizonte es ganar para mandar, que no para gobernar. Solamente creen en la democracia si son ellos los que mandan.
Vale.