La viruela (1903)

cercadelasretamas —  octubre 23, 2020 — Deja un comentario

El Diario de Cáceres, el 3 de noviembre de 1903 incluía un suelto bajo el título de La viruela, que tiene un carácter pedagógico, señalando las características de la infección y las mejores maneras de su eliminación, con especial referencia a la vacuna, con el pionero doctor Edward Jenner, de la Universidad de Berkley y cuyos éxitos llevaron a España a organizar una expedición dirigida por el doctor Balmis. Ahora, en 2020, con la dura pandemia de la COVID-19, la colaboración indispensable de las Fuerzas Armadas para vencerla ha recibido igual nombre.

Cabecera. Diario de Cáceres. 3 noviembre 1903.

LA VIRUELA

Ha sido una de las enfermedades infecto contagiosas que más han entretenido la atención de los profesionales.

La viruela produce lesiones superficiales ó erupciones y lesiones profundas, viscerales y sanguíneas.

Las lesiones de la piel recorren la escala que marcan los períodos: maculoso (mancha rojiza), papuloso (pápula redonda); vesículoso (dejeneración celular), pustuloso (vitalidad microbiana), desecación (cesa la supuración), cicatrización (formación de la costra).

Se llama viruela hemorrágica la caracterizada por derrames sangíneos en el tejido celular y mucosos. En la actualidad se desconoce el microbio causante de este proceso, habiendo sido inútiles cuantos trabajos se han hecho para capturarlo.

Los síntomas que mejor anuncian la invasión son: dolor de cabeza, escalofríos, vómitos, dolor de la raquis, angustia precordial y malestar general intenso. Estos síntomas que se observan en casi todos los tipos de viruela, se acentúan y agravan en la hemorrágica.

La vacua es una infección determinada por la inoculación en el hombre de una enfermedad especial en la vaca.

Jenner, médico de Berkley, demostró su acción profiláctica  practicando la primera vacuna oficial, inoculando en el brazo de un niño de ocho años el virus de una vaquera y legando á la humanidad un bien inmenso.

Jenner realizando su primera vacunación en James Phipps, un niño de 8 años. 14 de mayo de 1796

Para demostrar la excelencia de la vacuna bastará decir que antes de su descubrimiento mató en Trieste de 1877 á 1806 (1836) á 14.036 individuos por un millón de habitantes. De 1836 á 1850, ó sea después de su implantación, mató solamente á 182 por la misma proporción de habitantes.

De todo cuanto en esquema hemos dicho, de viruela y vacuna, podemos deducir los siguientes preceptos:

  • El varioloso debe estar aislado, igualmente el personal encargado de cuidarle y utensilio de que haga uso.

  • Deben desinfectarse todos los objetos que estén en relación directa ó indirecta con el enfermo (sábanas, ropa blanca, cortinas, vestidos y carruajes que hayan servido para su transporte).

  • Desinfección del enfermo antes de ponerse en contacto con el mundo exterior.

  • Práctica regular de la vacunación y revacunación, haciéndose ésta con todas las precauciones que reclama la asepsia moderna.

  • Practicar la revacunación cada cinco años, puesto que la inmunidad no es ni mucho menos indefinida, incluso los que hayan sufrido la viruela.

Del descuido de estas sencillas precauciones, nacen estas rachas variolosas que de vez en cuando aparecen por Madrid, causando infinitos trastornos y originando algunas víctimas.

Vale.

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