El gobierno de la Junta de Extremadura no deja de sorprendernos, cuando no es un pito, es una flauta. Ahora presenta un infame pastelkitsch que hace pasar por un original diseño para celebrar el día de la región (en septiembre, no cuando toca, que es en marzo), y que utiliza para adornar un lema rotundo, que quiere hacer llegar a lo más rotundo, a la tierra madre, a lo más arcaico.

Con un diseño que mezcla lo cursi con lo presuntamente naïf, con un diseño que mezcla las deidades romanas con los excesos cromáticos de un artista taurino, con ello pretende hacernos creer que el día de la región, el 25 de marzo, llamaremos a la tierra madre y esta nos contestará con el eco de una deflagración el 8 de septiembre que nos romperá los tímpanos saliendo de la profundidad de la mina llamada María Guardiola.

Vale.

“En una Cáceres desierta de un Ferragosto cualquiera»… Como a mediados de este ferragosto creo que la Junta de Extremadura nos sorprenderá la canícula con algún anuncio en anuncio en pro del PREMIA de la promina de litio, conviene recordar algunas cuestiones, algunos antecedentes en los campos de la chapucería y/o de la chanchullería.

¿A qué clase de CHANchullo responde el hecho de que la Junta de Extremadura no haya ejecutado la Sentencia del Tribunal Constitucional STC 137/2023, de 27 de septiembre, que declaró inconstitucional prácticamente la totalidad del Decreto 5/2022, el llamado “Decreto del litio”?

¿Qué clase de CHApuza es el Decreto que otorgó la categoría PREMIA a unos papeles presentado por una sociedad pantalla de la minera australiana?

¿Qué clase de CHANchullo es que con la pantalla de Castilla Mining se haya pasado de un proyecto integral, completo, robusto, “cadena de valor”, de aprovechamiento del litio de Valdeflores a unos papeles que se refieren solamente a un primer aprovechamiento?

¿Qué clase de CHApuza es aprobar en Consejo de Gobierno un Decreto de declaración de PREMIA a los papeles presentados por la empresa pantalla y haber olvidado el trámite de audiencia del Ayuntamiento de Cáceres, a pesar de la consanguinidad entre ambos órganos de gobierno?

¿Qué clase de CHANchullo es que los presuntos mineros australianos soliciten de la Confederación Hidrográfica del Tajo la obtención de aguas superficiales de la zona y de pozos en El Calerizo para   consumo igual en cantidad a la que consumen los vecinos de Cáceres en un mes y medio, y que ni la Junta de Extremadura ni el Ayuntamiento de Cáceres, unidos por lazos de consanguinidad aún no hayan dicho ni pío?

¿Qué clase de CHApuza es que el Consejo de Gobierno de la Junta de Extremadura apruebe un Decreto para convalidar el Decreto PREMIA por, en principio, “resolver” el olvido en el proceso de trámite de consulta al Ayuntamiento?

¿Qué clase de CHANchullo se esconde detrás de la fantasmada de aprobar un Decreto con la única finalidad de resolver un trámite no realizado?

¿Qué clase de CHApuza es que ni los miembros del Consejo de Gobierno ni sus servicios jurídicos ignoren que corresponde al poder legislativo la convalidación de los actos del poder ejecutivo?

Las CHApuzas y CHANchullos mencionados, y otros de igual calibre o más sutiles, seguramente, nos ayuden a entender los pasos que seguramente escuchemos de María Guardiola y Rafael Mateos en los próximos días o meses.

Vale.

Ahora que, en 2024, han dado comienzo las obras de reforma y mejora del Museo Provincial de Bellas Artes de Cáceres (Casa de Las Veletas, Casa de Los Caballos) convendría recordar alguna curiosidad conocida por estudiosos de nuestra ciudad.

En el cuaderno de campo “Notas referentes a Cáceres”, de Juan Sanguino y Michel, primorosamente editado por Montaña Pulido Cordero y Abelardo Martín Cordero para Ediciones Norba 10004, aparece la siguiente entrada:

A las entradas 18 y 61 se ha añadido lo siguiente.

Fue acaso en principios de 1912 cuando un temporal de lluvias derribó la pared del jardín de la Casa de las Veletas en el ángulo de la plazuela que está a espaldas del Convento de San Pablo y quedó al descubierto el subterráneo, que cuentan es de alta bóveda de ladrillo y bastante amplio para poder andar de pie y de frente dos hombres.

Mucho sentí no haber estado por entonces en Cáceres para tomar fotografías, medidas y hacer una exploración conveniente.

Dicen que el subterráneo se dividía en dos (en lo que concuerda con lo que alguno, según creo recordar, ha escrito), yendo un ramal hacia el huerto que en la muralla tiene Quirós, bajo el cual huerto y en el lienzo de la muralla vese un portillo cegado, y el otro ramal que pasa, añaden, bajo la casa que, en el extremo derecho de la plazuela que llaman de los Gitanos, tiene comunicación con un torreón que a ella pertenece, y enseñan en el corral de la casa un hueco tapiado, en la misma muralla, a ras del suelo, como boca de subterráneo, pero más parece de atarjea. Sin embargo, lo asevera un albañil dentro de la casa, y delante de ésta en la plazuela, junto a un pretil, señalan una gran losa que dicen tapa un registro del subterráneo.

Los autores de la edición facsímil de las “Notas…” añaden, a la descripción que hace Sanguino una nota que dice:

Ortí Belmonte, que sustituyó a Sanguino en la dirección del Museo, conocedor de la existencia de dicha galería tal vez por los manuscritos de Sanguino, al estar estos depositados en el Museo, buscó la entrada. En marzo de 1942 da con ella y la prensa local la bautizó con el nombra de “Galería de la Victoria”. Lo descubierto fue un tramo de 8 metros, abovedado, de ladrillo árabe, como ya indicó Sanguino.

Vale.

No sé si se han fijado en un pequeño detalle que sucede cuando se habla de la megamina que los especuladores australianos nos quieren encasquetar, solos y con la compañía de otros, a las puertas de la ciudad de Cáceres. Me refiero a que ahora suelen hablar de “la extracción del mineral del litio y su primera transformación”. Incluso el Decreto que los PREMIA se refiere al asunto con esas mismas palabras.

Si algo tiene el castellano es una riqueza semántica de primer orden. De hecho, si se comparan los discursos del jefe del sicariato minero de Cáceres sobre el “robusto” proyecto que quieren desarrollar en nuestra ciudad, estamos ahora en que a lo que la Junta de Extremadura ha obsequiado con un PREMIA es algo muy pequeñito, casi escuálido.

¿Qué ha sucedido para haber rebajado tanto las expectativas de la megamina y la “cadena de valor” hasta definirla como la primera transformación? Sin duda, hay gato encerrado. Aunque sin conocer el documento técnico presentado -bajo el manto protector del gobierno de la Junta de Extremadura- sí podemos avanzar alguna cuestión.

De hecho, la definición del proyecto integrado de extracción y primera transformación a que se refiere el Decreto PREMIA es una reducción que parece esconder un quiebro administrativo, un regate, a la STC 137/2023, de 27 de septiembre.

Decíamos hace unos días que desobedecer a un tribunal, desobedecer las sentencias de los tribunales, es un delito perseguible penalmente. En cambio, desobedecer una Sentencia del Tribunal Constitucional, la 137/2023, por ejemplo, no lo es.

Pero lo habitual que suele seguir a ello es que el desobediente le lleve a cometer algún delito. El de prevaricación, por ejemplo.

En este caso, parece incluso la connivencia entre la Administración -Gobierno de la Junta de Extremadura- y el administrado, sicariato minero, no solo para desobedecer al Constitucional, sino para llevar esa desobediencia a un nivel de escarnio y burla hacia el propio tribunal.

Vale.

Dice la señora Guardiola que ella no quiere ser presidenta de primeras piedras. Lo dijo colocando la primera piedra de la gigafactoría de Envision en Navalmoral de la Mata. Completó su lapidaria frase diciendo que le gustaría ser presidenta de las últimas piedras.

Esta segunda parte de su eslogan podría cumplirlo aprobando, como diría un latino, magnis itineribus, el proyecto de una megamina en la ciudad de Cáceres, a mayor gloria y beneficio de unos especuladores australianos. Porque si esa gigamina se hace realidad será el fin de las piedras de la ciudad Patrimonio de la Humanidad, que han sobrevivido durante más de dos mil años. También esa macromina sería la destrucción de las primeras piedras sobre las que se plasmaron hace más de 65.000 años las primeras representaciones artísticas conocidas.

Aunque el deseo de María Guardiola de las Últimas Piedras pudiera ser lejana en el tiempo, otorga la cualidad PREMIA al proyecto de megamina de los especuladores australianos, lo que hace es recortar los plazos, agilizar los trámites.

Para ello, para llegar al PREMIA, para satisfacer los deseos de los canguros, si hay que desobedecer al Tribunal Constitucional, se desobedece. Si se recibe una sentencia del alto tribunal y se decide ignorarla, no aplicarla, pues adelante con ello.

Si desobedecer al Constitucional puede resultar demasiado burdo, pues adelante con ello.

Si para ello se decide no tocar la legislación tributaria de la norma declarada inconstitucional, pues no se toca.

Si para ello se aprueba un decreto por el Consejo de Gobierno basado en una ley viciada de inconstitucionalidad, pues se aprueba.

Todo ello para contentar a unos especuladores australianos, cuya última referencia como mineros viene de cuando se llamaban Playmouth Minerals LTD, que tuvieron abierta una mina durante tres años al sur de Inglaterra, hasta que se hicieron con unas subvenciones y salieron de najas con la pasta y dejaran la zona sembrada de deudas.

Dicho de otra manera, como decía el autor anónimo M.Rajoy, que el decreto PREMIA es nulo de toda nulidad. Y que alguien me diga que sí y me explique por qué María Guardiola y su gobierno decidieron desobedecer al Tribunal Constitucional.

Vale.

Mientras la Junta de Extremadura se instalaba en aquello de que adecuaría la norma a lo determinado en la sentencia del TC, a la empresa le beneficiaría fijo su postura de inmediato, y por los sucedidos posteriores, marcó el paso al Gobierno de María Guardiola.

La posición de la empresa australiana, que impulsa el proyecto de una mina de litio en Cáceres ciudad, queda muy clara: la sentencia  no afecta para nada a su negocio.

Objetivamente, el negocio que en Cáceres defiende con todas las artes (buenas, y, sobre todo, mala) el sicariato minero un ejemplo de lo que la STC 137/2023 detalla como inconstitucional, por invadir las competencias del Estado.

Cuando se hizo pública la STC, la empresa respondió que no les afectaba, puesto que su proyecto ya era conocido con anterioridad, como si ello fuera suficiente para sortear el fallo del alto tribunal.

Los mineros australianos (los mismos que salieron huyendo del condado de Dover, cuando la empresa se llamaba Plymouth Minerals) hacen gala de su estrategia de confusión para obtener alguna ventaja.

Su reacción a la STC 137/2023 se plasmó en su página web, en la versión australiana, al afirmar, por ejemplo:

The federal Constitutional Court (‘the Court’) has required amendments be made to Lithium Decree Law to remove Articles 2 to 4 annulling expropriation provisions and the requirement for all lithium exploited within the region be further processed to battery grade lithium chemicals in Extremadura. The Junta de Extremadura announced the stimulus measures in response to the modifications of the Court.

Y no, el Tribunal Constitucional no requirió modificaciones  en el “Decreto del Litio”, sino que anuló, por inconstitucionales, los artículos 2, 3 y 4, y por tanto no pueden ser tenidos en cuenta para obtener alguna ventaja legal.

También, los mineros de la bolsa colman de elogios la postura del gobierno de María Guardiola (PP) de modificar el “Decreto del Litio” para adecuarlo al contenido de la STC, lo que no puede ser de otra manera, por cuanto de su servilismo público (en realidad, lo que buscan en llevar al gobierno regional a ser serviles con ellos) dependerá ser capaces de convencer a unos políticos que cada día se hunden un poco más en actuar en contra de la ciudadanía de Cáceres, de sus 96.000 habitantes, en contra de la historia de la ciudad, de la riqueza cultural, arqueológica y paleontológica que suponen la ciudad Patrimonio de la Humanidad, de la Cueva de Maltravieso y de la reserva de agua del Calerizo.

Vale.

Cuando se conoció la STC 137/2023, el gobierno de Extremadura, presidido por María Guardiola, afirmó en un comunicado publicado el 3 de octubre de 2023 que adaptaría el llamado “decreto del litio” al mandato del TC. Sin embargo, esa adecuación no se ha producido y el gobierno de Guardiola ha seguido actuando como si tal cosa.

O lo que es lo mismo, tras la desobediencia no manifestada al TC, es probable que se hayan adoptado resoluciones que pueden contravenir lo mandatado por el Tribunal Constitucional.

Si esto hubiera sucedido, estaríamos ante acciones prevaricadoras. No hay que olvidad que mientras Puigdemont y los suyos desobedecían al TC, no estaban cometiendo ningún ilícito penal, pero cuando de esa desobediencia colgaban otras resoluciones, el camino era la prevaricación. Ya veremos.

Lo lógico que debiera haber sucedido es que desde las instancias política, comenzando por la presidencia del gobierno de la Comunidad Autónoma se hubiera recabado de los servicios jurídicos un informe, o varios, del alcance de las inconstitucionalidades recogidas en la sentencias, así como de la existencia o no de otras normas del ordenamiento autonómico afectadas, y, finalmente, de como restituir el ordenamiento infringido. De todo esto, nada se sabe.

Nada se sabe si en las instancias políticas se tomaron decisiones para, sencillamente, no hacer caso del contenido y fallo de la STC 137/2023, que sin duda es lo que parece haber sucedido.

La Junta de Extremadura recibió la sentencia, afirmó en un comunicado público que adecuaría la norma a lo dictaminado por el Constitucional, y, como diría Cervantes, fuese y no hubo nada.  

El gobierno de María Guardiola debe dar todas las explicaciones del mundo. Debe explicar por qué ha desobedecido el mandato del TC, al no modificar el Decreto-Ley 5/2022, de 31 de agosto, cuyos artículos 2, 3 y 4 son inconstitucionales.

Deberá dar todas las explicaciones sobre a qué o a quién beneficia su inacción normativa. Su silencio es atronador.

En esas explicaciones que María Guardiola debe dar no sólo han de aparecer sus palabras, sino, sobre todo, los documentos internos de su gobierno que den cuenta de las acciones administrativas y jurídicas subsiguientes al conocimiento de la STC 137/2023.

Vale.

Vaya, vaya

cercadelasretamas —  julio 12, 2024 — Deja un comentario

Si algo caracterizó el llamado procès fue, sin duda, el pulso entre sus gestores y la justicia. En ese pulso tuvo importancia, mucha importancia, la insumisión, la desobediencia de los dirigentes catalanes a las decisiones del Tribunal Constitucional. Y ya hemos visto en los posts inmediatamente anteriores a este, que esa desobediencia no conlleva reproche social.

Eso no quiere decir que no haya consecuencias.

Cuando se desobedece, ignora, desoye las precisiones o conclusiones de una resolución del TC, lo que sucede a continuación, si quienes ignoran o desobedecen al tribunal, continúan desarrollando normas o legislación sobre el objeto de la pendencia judicial, es incurrir en nuevos desafueros o tratar de afirmar los que dieron lugar a aquellos que llevaron a la sentencia del Tribunal.

En todo caso, la desobediencia al Tribunal Constitucional suele tener consecuencias en otras derivas que sí caen de lleno en el Código Penal.

El 27 de septiembre de 2023, el Tribunal Constitucional dictó una sentencia (STC 137/2023) por la que declaraba inconstitucionales los artículos 2, 3 y 4 del Decreto-Ley 5/2022, de 31 de agosto, “por el que se establecen medidas urgentes necesarias en la regulación del aprovechamiento de recursos minerales de litio en Extremadura”.

El día 3 de octubre de 2023, a las 16:03 horas, la Junta de Extremadura hizo pública su reacción a la STC 137/2023, mediante un comunicado oficial que hizo público a través de su página web:

El gobierno de la Junta de Extremadura ha anunciado este martes que modificará el Decreto-Ley 5/2022 por el que se establecen medidas urgentes necesarias en la regulación del aprovechamiento de recursos minerales de litio en Extremadura para ajustarlo al ordenamiento jurídico, y que lo hará para incentivar la transformación de dicho mineral dentro de la Comunidad Autónoma. Asimismo, teniendo en cuenta que el litio es un mineral estratégico y, de acuerdo con las conclusiones del Tribunal Constitucional, la Junta de Extremadura exigirá al Gobierno de España que, conforme a las competencias estatales, la transformación y tratamiento de este mineral se realice dentro de nuestras fronteras. El gobierno regional ha recordado que, en la tramitación de este decreto ley, ya se advirtió de la posible inconstitucionalidad de la norma. La Junta apuesta por que los beneficios económicos, fiscales y sociales repercutan en Extremadura, pero advierte de que la vía para conseguirlo no puede ser la limitación o la imposición, y aún menos al margen del ordenamiento jurídico. En este sentido, el gobierno regional aboga por impulsar medidas de estímulo que supongan ventajas competitivas para las empresas que quieran procesar los recursos minerales del litio en la región, y para ello también son precisas todas las garantías jurídicas que aporten mayor seguridad a las empresas.

Sin embargo, no existe rastro de la modificación anunciada, ni en las decisiones públicas del Consejo de Gobierno, ni en la Asamblea de Extremadura. Nada.

En la práctica, el gobierno de la Junta de Extremadura desobedeció lo resuelto en la STC 137/2023, de 27 de septiembre, de manera que el llamado “decreto del litio” de 2022 sigue estando publicado en el Diario Oficial de Extremadura (como corresponde), sin que exista en dicho Diario rastro de la norma que lo sustituyera o que, al menos, recoja los aspectos del mismo que sobrevivieron al Constitucional.

La propia nota de prensa del 3 de octubre incide en la necesidad de que los beneficios de la explotación de litio han de repercutir en la región, si bien que no ha de recurrirse “al margen del ordenamiento jurídico”.

Y ahí quedó todo: el gobierno del Partido Popular sostenido por Vox, se desentendió del asunto de la constitucionalidad o no del asunto del litio, de su obtención, su tratamiento, sus beneficios…

Nada.

A alguien se le está poniendo cara de Puigdemont.

Vale.

Decíamos ayer en “Serendipia” que el Código Penal tipifica como delito la desobediencia a las resoluciones judiciales. Pero no a todas. Porque no todas las resoluciones judiciales son iguales.

En España hay unas resoluciones judiciales cuya desobediencia no genera reproche penal, que no conlleva para el díscolo, para el desobediente, ninguna consecuencia. Gratis.

¡Qué cosas!

Seguro que el lector de estas modestas letras no conoce ningún caso de desobediencia al Tribunal Constitucional, no conoce a nadie que lo haya hecho, ni le suena que alguien haya tenido la osadía de desafiar al alto tribunal desobedeciendo sus autos y sentencias.

¡Ah! Claro que sí: los políticos catalanes que perpetraron el procès. Aquellas desobediencias eran de contenido político. Desobediencia por seguir un mandato político.

Pero fuera del ámbito catalán, seguro que no se conoce ningún caso, ninguno.

De todas formas, en el asunto catalán, el beneficiario o el infractor era el procès, algo que sin estar en absoluto de acuerdo con la deriva catalana, podría decirse que respondían a un fin cuando menos idealista.

Pero parece claro que no es ni medio normal que se produzcan casos de desobediencia en el conjunto de las resoluciones o sentencias del Tribunal Constitucional.

ø;

Resulta extraño que al no existir penalización derivada de la desobediencia que no existan más casos de esa desobediencia, porque la impunidad que se deriva de ella es un vacío punitivo.

Y sin embargo, se mueve.

La desobediencia, expresa o soterrada, ha de verse desde otra perspectiva. Porque puede darse el supuesto de que sea como un ancla para otros intereses.

Y es aquí donde tiene valor la locución latina que da título a este post. ¿A quién o a qué beneficia desobedecer al Tribunal Constitucional?

Habrá que resucitar al inspector de Scotland Yard que desenmascaró a Jack el Destripador, Miguel Gila, y decir aquello de “alguien ha desobedecido a alguien”.

Vale.

Serendipia

cercadelasretamas —  julio 10, 2024 — Deja un comentario

Dice el diccionario de la RAE que es un hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual. Por ejemplo, el descubrimiento de la penicilina fue una serendipia.

Algo así me ha sucedido cuando hacía una incursión por el proceloso mar del código penal y otras zarandajas del mismo jaez. Buscaba algo relacionado con eso que a algunos sujetos se les da muy bien, que es lo de desobedecer las sentencias judiciales, pero no encajaban los resultados con lo que realmente buscaba.

Eso sí, llegué al artículo 410 del código penal, que se refiere a la desobediencia de las resoluciones judiciales, algo así en el art.410.1:

1. Las autoridades o funcionarios públicos que se negaren abiertamente a dar el debido cumplimiento a resoluciones judiciales, decisiones u órdenes de la autoridad superior, dictadas dentro del ámbito de su respectiva competencia y revestidas de las formalidades legales, incurrirán en la pena de multa de tres a doce meses e inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de seis meses a dos años.

Pero no era lo que yo buscaba. Además, este artículo contiene un adverbio que modifica el alcance de la desobediencia: abiertamente.

Claro que la semántica castellana es muy rica en sinónimos y antónimos. Dado que si la desobediencia no se produjera abiertamente, no excluye que pudiera producirse, sin variar el contenido del artículo, aunque pudiera modular su alcance. Así, donde dice “abiertamente”, bien tendrían encaje “subrepticiamente”, “ocultamente” o “reservadamente”.

Explorando esta vía, la de cambiar el adverbio por alguno de sus antónimos, las cosas empezaban a esclarecerse un poco, hasta dar con otro muro infranqueable. Porque la resolución judicial por la que buscaba que se habría producido la desobediencia no tenía cabida en el art. 410 CP.

Dicen que los caminos del señor o son inescrutables o los planos para encontrar las calles, plazas y bares están mal hechos, y, claro, así no hay manera de encontrar ni la oficina de objetos perdidos.

Pero ya, cuando la búsqueda se estaba volviendo un laberinto que ni el del Minotauro, apareció.

Llegó la serendipia.

Vale.