El diccionario de la R.A.E. define el periodismo como la “actividad profesional que consiste en la obtención, tratamiento, interpretación y difusión de informaciones a través de cualquier medio escrito, oral, visual o gráfico”.
Bien es cierto que son muchos los escritores y/o periodistas que han sentenciado sobre el llamado, mal llamado, cuarto poder. Algunas como “Ser un empleado de un medio para contar la verdad del dueño en lugar de la tuya, es algo terrible”, que dijo Luis del Olmo, o la que pronunció un referente del periodismo, Kapucinsky, “Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante.”
A mí, particularmente, me gusta una frase atribuida a George Orwell: El periodismo publica lo que alguien no quiere impreso; todo lo demás son relaciones públicas. Y me gusta porque para llevar adelante esta máxima se crearon los gabinetes de prensa.
En la ciudad de Cáceres, desde hace unos años se viene dando una batalla desigual, que en los últimos meses ha incluso desnivelado los equilibrios entre partidarios y detractores de una mina de litio de grandes proporciones a colocar a poco más de un kilómetro de la ciudad.
En la práctica se está produciendo lo que en términos bélicos se denomina una guerra asimétrica, con un fuerte “ejército” de prensa favorable, muy favorable, a la instalación de la mina, y un cada vez más creciente número de cargos públicos, singularmente en la derecha del modelo social, ante el silencio de quienes en la izquierda deberían ser los más favorables a las protecciones social, medioambiental y cultural.
En este paisaje no pasan desapercibidas noticias como que ha sido elegido un nuevo presidente de los periodistas de Cáceres, en concreto un periodista que junto con otros dos, desalojados de gabinetes de prensa de la Junta de Extremadura, crearon una empresa dedicada a la “comunicación empresarial y política”. De los tres, en verano uno salió catapultado a la cuadra de redondo.
Ahora, la asociación de periodistas de Cáceres tiene en su directiva a dos de los creadores de ese gabinete, uno en la presidencia y otro como tesorero.
Además, la empresa australiana es cliente de ese “gabinete”, como lo es también el lobby de rasmusen global, que opera en Bruselas y al que la empresa australiana ha recurrido para apretar la pinza sobre el litio.
Ante un periodismo vendido al único postor, los ciudadanos de Cáceres se sienten indefensos, porque no tienen capacidad económica para ni siquiera equilibrar fuerzas, y solamente el tesón, y, sobre todo, la capacidad técnica y científica de profesores, profesionales y agentes libres (como en la NBA) plantan cara al dinero.
Pero como en todos los órdenes da la vida, y en el que rodea las decisiones políticas, engrasadas o no con papel moneda, terminará imponiéndose la razón ante la sinrazón de una aventura económica que puede llevar a la ruina a la ciudad, a los poco más de 96.000 habitantes, y a la riqueza a los dueños de la grasa, la mierda y el desperdicio.
Vale.



