Lisboa, Vinaroz, Cáceres, tres ciudades distintas, tres ciudades distantes, y, sin embargo, tienen algo en común, algo en lo que se acercan y que, sorprendentemente, ahora, en 2023, se vuelven actualidad.
En 1755 un terremoto y un tsunami arrasaron la ciudad de Lisboa, a 300 km de distancia de Cáceres, devastando cuanto encontraban a su paso las ondas expansivas del terremoto, como la cubierta de la Catedral de Coria o las vidrieras de la de Plasencia.
En la “Abreviatura histórica de la villa de Cáceres”, el Profesor Enrique Cerrillo recoge del manuscrito del licenciado Juan Rodríguez de Molina de la Biblioteca del Museo de Cáceres una amplia y variada información. El conocimiento que el profesor Cerrillo tiene de la historia de la ciudad se traslada a un párrafo, por ejemplo, en la página 91:
“Desde el siglo XVI es frecuente construir fuentes sobre manantiales en las proximidades de la Villa, algunas de las cuales siguen aún en funcionamiento, a la vez que resulta constante la pero, y cupación del Ayuntamiento por su mantenimiento. El comportamiento tan diferente de las fuentes situadas en los entornos del Calerizo llamó siempre la atención, de ahí que Marineo Sículo ya hiciera mención a ello y sucesivamente casi todos los que hablaron de Cáceres hicieron una referencia expresa. Por entonces no existían demasiadas explicaciones científicas y se recurría, como aparece en el texto, a Séneca. Así, la curiosidad ante esos procesos caprichosos de las aguas subterráneas de los terrenos kársticos siempre estuvo presente; a ello había que añadir la surgencia de nuevas fuentes observada después del terremoto de Lisboa de 1755 que alteró el comportamiento normal de algunas fuentes, y provocó la aparición de otra más junto a la del Rey, de la que nadie hasta ese momento tenía noticia de su existencia, reclamada por Álvaro de Ulloa por hallarse cerca de una huerta de su propiedad “donde antes no se había conocido tal fuente” y “por no hacer falta al canal principal, ya que hasta dicho año de 55 se pasó sin él”.
La onda expansiva del violento terremoto de Lisboa causó modificaciones en el Calerizo, en el acuífero que duerme, con pesadillas, bajo el suelo de la ciudad de Cáceres.
El Gobierno de la Nación impulsó un proyecto, denominado Castor, que consistía en inyectar gas en un antiguo yacimiento de petróleo, el Amposta. La inyección de gas proveniente de gasoductos a través de una conexión a la altura de Vinaroz, de 30 km de longitud producía seismos en la zona.
Como es fácil de adivinar, la empresa adjudicataria del proyecto negaba que las sucesivas inyecciones de gas fueran las causantes de los seísmos en la zona. Algo que, evidentemente, pudo demostrarse, tras muchas reclamaciones y manifestaciones de los vecinos de Vinaroz. La demostración resultó sencilla: el Servicio de Protección de la Naturaleza (SEPRONA) ajustó el momento de llevarse a cabo una inyección de gas y el momento en que se producía otro seísmo.
La empresa adjudicataria de dicho proyecto era la denominada ESCAL UGS, de origen canadiense. Esto ocurría sobre los años 2011 a 2013.
¿Qué relación podría haber entre el terremoto de Lisboa de 1755, los seísmos producidos en Vinaroz entre 2011 y 2013, y la ciudad de Cáceres?
En 2022, una pequeña empresa minera australiana, a la que no se le conoce ninguna actividad extractiva en los últimos años (incluso abandonado algún yacimiento de potasa en África), y tras varios intentos fallidos, entre ellos, la explotación a cielo abierto, convierte sus derechos mineros en el valle de Valdeflores en un nuevo intento, esta vez de minería subterránea.
En su primer documento técnico de minería subterránea, la minera australiana trata de alejar del casco urbano de la ciudad la explotación extractiva, situándola “a unos 3 km”. Pero la realidad es que la mina, la mina física en la que se produciría la extracción del litio, está situada a un km escaso del casco urbano.
Además, bajo el subsuelo cacereño, como ya se sabía desde hace siglos, se encuentra El Calerizo, con lo que la mina y su actividad, tanto ondas expansivas del empleo de explosivos, se vería afectada tanto por la contaminación que los explosivos vierten por el subsuelo, además de al aire, contaminándolo.
Si el terremoto de Lisboa de 1755 repercutió en el Calerizo cacereño y su orogenia kárstica, la explotación de la mina de litio que pretende la minera australiana tendría, sin duda, los mismos efectos, ya que los propios técnicos redactores de los documentos presentados señalan que existen dos modelos hidrogeológicos que pueden entrar funcionamiento conjunto por el uso de explosivos.
Además de que tanto en Lisboa como en Vinaroz aparecieran ondas expansivas, resulta que las existentes en su día en la ciudad castellonense pueden transmitirse por vía de superficie.
El 23 de noviembre de 2015, ya cesada su condición de consejero de ESCAL UGS, Ramón Jiménez Serrano fue llamado a declarar ante el juzgado de Vinaroz, junto con otros seis directivos de la empresa, como imputados, mientras que el juzgado trataba de dilucidad por qué no se había realizado una evaluación ambiental del proyecto. Aquella imputación, por otra parte, hay que decir que quedó en nada, archivándose las diligencias practicadas. Hay que decir, además, que la empresa ESCAL UGS era, es, propiedad de ACS, de Florentino Pérez.
Vale.



